El universo de las tumbas tebanas llamadas «privadas», por oposición a las tumbas «reales», es inagotable. Como las mastabas del Imperio Antiguo, todas son diferentes entre sí. Cada una de ellas es una obra original, desde la más pequeña donde sólo
pueden entrar dos o tres visitantes, hasta la más extensa cuyas dimensiones hacen pensar en un templo.

Las escenas de las tumbas decoradas revelan los ritos de Egipto, la vida cotidiana, los días y las fiestas de la brillante sociedad tebana. Seres serenos, eternamente hermosos, viven para siempre en las paredes de sus moradas de eternidad. Los textos recomiendan «seguir el corazón durante el tiempo de su vida», hasta el día en que se aborden las riberas del más allá.

Momias

Los episodios del ritual de transformación en luz se evocan en distintas tumbas, como páginas dispersas de un libro que debemos reconstruir. La momia, el cuerpo osiríaco, tenía que atravesar el Nilo para pasar desde la orilla este a la orilla oeste, donde primero era juzgada por los vivos antes de serlo por las divinidades. El difunto afirma entonces no haber cometido crimen, ni robo, ni injusticia, ni acto de codicia. Solicita al «corazón de su madre», es decir al escarabeo de las metamorfosis, que no testifique contra él ante el señor de la balanza, Osiris.

Si la vida del difunto se considera acorde con la regla de Maat, es reconocido «justo de voz» y escapa al más terrible de los castigos, «la segunda muerte». En el cuerpo osiríaco, se practica la abertura de la boca y de los ojos. Así pues, es un ser vivo el que zarpa hacia el gran viaje. Su ba, su alma-pájaro, emprende el vuelo hacia el sol para alimentarse con su luz.

Un patio donde podían crecer algunos árboles; luego, una entrada bordeada de estelas, una larga sala (con pilares, a veces) y una capilla que termina en una hornacina que alberga la estatua del difunto y de su esposa: ése es el plano típico de una tumba tebana, que sin embargo conoce numerosas variantes.

Tumbas egipcias

El descubrimiento de las «tumbas de nobles» plantea serios problemas, pues un número muy pequeño, por desgracia, está abierto a los visitantes. Esperemos, sin demasiada convicción, que en un futuro el máximo de tumbas decoradas de la necrópolis tebana, que son otras tantas obras maestras, sean definitivamente accesibles.

La más grande de las necrópolis «privadas» es la de Cheikh Abd el-Gurna, situada en una colina, detrás del Ramesseum. Se divide en tres sectores: el «pequeño recinto», el «gran recinto» y la «aldea». En el pequeño recinto hay una tumba de dimensiones modestas aunque muy célebres, dado su estado de conservación y la frescura de sus pinturas, la de Nakht era escriba y astrónomo de Amón. Se le ve verificando la buena marcha de sus explotaciones agrícolas, comprobando que arados, siembras, cosechas, recolecciones
y recogida del lino se realicen correctamente.

Nakht

En la mayoría de sus actividades, Nakht está acompañado por su esposa. Nakht caza y pesca en una zona acuática donde las
matas de papiro albergan un número abundante de presas. El y sus íntimos participan en un alegre banquete varias de cuyas figuras son justamente célebres, como el arpista ciego cantando la felicidad del instante plenamente vivido, las tres jóvenes intérpretes desnudas o el gato que, bien oculto bajo la silla de su dueño, mordisquea un pescado. Estas escenas chispeantes de vida quedan sacralizadas por la presencia de la diosa del sicomoro, y muchas deben descifrarse en función del mito osiríaco.

Min ocupaba un alto rango dentro de la administración, como prefecto de This, y desempeñaba una elevada función religiosa, como vigilante de los sacerdotes del dios Onuris. Min era admitido en el palacio real y fue preceptor del faraón Amenhotep II, al que sostiene sobre sus rodillas. El rey aprende a tirar con arco, disciplina en la que se mostró sin par.

Tchay

En la tumba de Tchay asistimos a la distribución de collares de oro y penetramos en el despacho del Ministerio de Asuntos Exteriores, colocado bajo la dirección del dueño del lugar. La tumba de Djeserkareseneb, «Sagrada es la potencia de la luz en su integridad», el contable de los graneros de Amon ofrece una encantadora escena de banquete, que cuenta con la presencia de músicos y cantores,
así como una representación de Re-nenutet, la diosa-serpiente protectora de las cosechas. La tumba de Uah es un himno de colores que evoca las hermosas fiestas que organizó. En cuanto a Amenmosis, un militar de alto rango, nos recuerda que la paz que reinaba en Tebas se debía a los ejércitos de Faraón que supieron repeler a los enemigos del país. Con predominio del rojo, el color de la
potencia, asistimos a la toma de una fortaleza siria y a la entrega a Faraón de los tributos del país conquistado.

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