Unificación de Egipto

la fase Nagada III, c.
3200-3000 a.C., es la última del Período Predinástico. Fue durante esta época cuando
Egipto se unificó por primera vez en un gran Estado territorial y también cuando se
produjo la consolidación política que sentó las bases del Estado del Dinástico
Temprano de la I y la II Dinastías. En la parte final de esta fase hay pruebas de la
existencia de reyes que precedieron a los de la i Dinastía, lo que se conoce como
Dinastía 0. Fueron enterrados en Abydos, cerca del cementerio real de la I Dinastía.
La parte superior de la Piedra de Palermo, una lista real de finales de la V Dinastía
(véase el capítulo 1), está rota, pero en ella se puede ver una lista de nombres e
imágenes de reyes sentados dispuestos en registros, lo cual sugiere que los egipcios
creían que hubo gobernantes que precedieron a los de la I Dinastía. No obstante,
existe un considerable debate respecto a factores como la naturaleza exacta del
proceso de unificación, la fecha en que ésta tuvo lugar y la cuestión de los orígenes
de la Dinastía 0.

Formación y unificación del Estado

A partir de la fase Nagada II, en los cementerios del Alto Egipto se encuentran
enterramientos muy diferenciados (pero no así en el Bajo Egipto). En estos
cementerios, las inhumaciones de la élite albergan grandes cantidades de bienes
funerarios, en ocasiones de materiales exóticos como el oro y el lapislázuli. Estas
tumbas son el símbolo de una sociedad cada vez más jerarquizada, que
probablemente represente los primeros procesos de competencia y engrandecimiento
de las entidades políticas del Alto Egipto, según fueron desarrollándose la interacción
económica y el comercio a larga distancia. Como el control de la distribución de las
materias primas exóticas y la producción de bienes de prestigio reforzaría el poder de
los jefes de los centros predinásticos, estos bienes eran importantes símbolos de
posición social. A pesar de la falta de restos arqueológicos, parece probable que las
más grandes ciudades predinásticas del Alto Egipto se fueran convirtiendo en centros
de producción artesanal, como la ciudad sur de Nagada documentada por Petrie.
La zona central de la cultura Nagada se encuentra en el Alto Egipto, pero en la
fase Nagada II comenzaron a aparecer asentamientos nagadienses en el norte de
Egipto. El término gerzense (Nagada II) para esta fase de mediados del Predinástico
deriva de un cementerio Nagada II excavado por Petrie en El Gerza, en la región de
Fayum. Algo después encontramos enterramientos de la cultura Nagada mucho más
hacia el norte, en el yacimiento de Minshat Abu Ornar, en el delta. Estas pruebas
sugieren que durante la época Nagada II se produjo un movimiento gradual hacia el
norte de gentes del Alto Egipto.
Los principales yacimientos del Alto Egipto se encuentran situados cerca del
Desierto Oriental, del cual se obtenían oro y diversos tipos de piedras para fabricar
cuentas, recipientes y otros bienes manufacturados, por lo cual eran mucho más ricos
en recursos naturales que los del Bajo Egipto: el nombre antiguo de Nagada es Nubt,
«ciudad de oro», y no es casualidad que el mayor de los cementerios predinásticos se
encuentre situado allí. Según fue incrementándose el éxito con el que se practicaba la
agricultura del cereal en la llanura inundable del Alto Egipto, los excedentes
aumentaron y pudieron ser intercambiados por bienes manufacturados, cuya
producción se fue haciendo cada vez más especializada. Es posible que los primeros
meridionales en dirigirse al norte fueran mercaderes y, al ir aumentado la interacción
económica, les siguieran después colonos. No hay pruebas arqueológicas que
demuestren el traslado de personas hacia el norte (al contrario de lo que sucede para
los objetos); pero si semejante migración tuvo lugar, parece más probable que fuera
una expansión pacífica y no una invasión militar, al menos en sus primeras etapas.
Un factor que pudo haber motivado la expansión de la cultura Nagada hacia el
Egipto septentrional fue el deseo de conseguir un control directo sobre el lucrativo
comercio con otras regiones del Mediterráneo oriental, aparecidas durante el cuarto
milenio a.C. El desarrollo de la técnica de construcción de barcos de gran tamaño
también fue clave para controlar el Nilo y con él las comunicaciones y el intercambio
comercial a gran escala. La madera (cedro) para la construcción de este tipo de barcos
no crecía en Egipto, pero llegaba de la zona de Levante hoy conocida como Líbano.
Tal y como se vio en la descripción de la cultura Maadi en el capítulo 3, durante
el cuarto milenio a.C. el Bajo Egipto no fue un vacío cultural y es probable que la
expansión de Nagada terminara por tropezar con cierta resistencia. No obstante, los
restos arqueológicos del norte sólo nos hablan de que al final la cultura Maadi fue
sustituida. La ocupación de Maadi terminó en la fase Nagada II c/d, mientras que las
pruebas estratigráficas de yacimientos del norte del delta, como Buto, Tell Ibrahim
Awad, Tell el Ruba y Tell el Farkha, demuestran que los estratos más antiguos sólo
albergan cerámica Maadi y local, pero que sobre ellos los estratos sólo contienen
cerámica de la cultura Nagada III y las primeras formas de la I Dinastía. En Tell el
Farkha, una capa de transición de arena eóHca situada entre estos estratos sugiere el
abandono del asentamiento por parte de la población local debido a causas
desconocidas (¿intimidación?) y una posterior reocupación del mismo durante la
Dinastía 0 a manos de gentes de cultura Nagada, que para entonces se había
extendido por todo Egipto.
A finales de la fase Nagada II (c. 3200 a.C.) o principios de Nagada III, la cultura
material autóctona del Bajo Egipto ya había desaparecido, siendo reemplazada por
objetos (sobre todo cerámica) derivados del Alto Egipto y de la cultura Nagada. En
ocasiones estas pruebas arqueológicas se han interpretado como un indicio de que la
unificación política de Egipto tuvo lugar en esta época; pero las pruebas materiales no
necesariamente implican una organización política (unificada) y se pueden proponer
varios factores socioeconómicos alternativos para explicar el cambio. Dado que las
pruebas procedentes de los enterramientos de la élite de los tres principales centros
predinásticos del Alto Egipto (Nagada, Abydos y Hieracómpolis) sugieren la
existencia de centros o unidades políticas diferenciados (y posiblemente
competidores) durante la fase Nagada II, la primera unificación de las primeras
entidades políticas del Alto Egipto probablemente tuviera lugar a comienzos de
Nagada III, bien como resultado de una serie de alianzas o mediante la guerra (quizá
terciando una combinación de ambas), seguida por la unificación política tanto del
norte como del sur y la aparición de la Dinastía 0 hacia finales de Nagada III.
Los enterramientos de cronología Nagada III en el mayor de los cementerios
predinásticos, el de Nagada (incluida la necrópolis de la élite, el Cementerio T), son
más pobres que los enterramientos anteriores de cronología Nagada II de este mismo
yacimiento. A finales del siglo XIX, Jacques de Morgan excavó dos grandes tumbas
de ladrillo con nichos situadas a más de seis kilómetros al sur de estos cementerios.
El emplazamiento de esta nueva necrópolis y la repentina aparición a finales de
Nagada III de un nuevo tipo de enterramiento «real», unidos a la menor riqueza de
los enterramientos anteriores en los cementerios situados lejos hacia el norte, sugiere
una ruptura con el sistema de gobierno centrado en la ciudad sur (localizada sólo a
150 metros hacia el noreste del gran cementerio predinástico), probablemente
coincidiendo con la incorporación de la entidad política de Nagada a una más grande.
En cambio, en la zona de Umm el Qaab (Abydos) las tumbas de los Cementerios
U y B y del «cementerio real» pasaron de contar con enterramientos bastante
indiferenciados (a comienzos de Nagada) a convertirse primero en el cementerio de la
élite (a finales de Nagada II) y después en el lugar de enterramiento de los reyes de la
Dinastía 0 y de la I Dinastía. Una tumba de Nagada III, la U-j, fechada en c. 3200
a.C., consiste en doce habitaciones que cubren una superficie de 66,4 metros
cuadrados. Aunque saqueada, contenía muchos objetos de hueso y marfil, una gran
cantidad de cerámica egipcia y unas 400 jarras importadas desde Palestina, que
posiblemente contuvieran vino. Las 150 pequeñas etiquetas encontradas en la tumba
están inscritas con lo que parecen ser los primeros jeroglíficos conocidos. Según su
excavador, Günter Dreyer, los restos de un altar de madera en la cámara funeraria y el
modelo en marfil de un cetro demuestran que se trata de la tumba de un soberano,
posiblemente el rey Escorpión, cuyas heredades pueden aparecer mencionadas en
varias tablillas. Es probable que este soberano gobernara en el siglo XXXI a.C.
La excavaciones en la «Locality 6» de Hieracómpolis, a 2,5 kilómetros en el
interior del Gran Wadi, permitieron descubrir varias tumbas de gran tamaño, todas
con hasta 22,75 metros cuadrados de superficie y cerámica Nagada III. Si bien
saqueada, la Tumba 11 todavía conservaba cuentas de cornalina, granate, turquesa,
fayenza, oro y plata; fragmentos de objetos de lapislázuli y marfil; hojas de obsidiana
y cristal, y una cama de madera con patas en forma de patas de toro. Un
enterramiento de semejante riqueza sugiere que en Hieracómpolis se enterraron
individuos de la élite dotados de una capacidad económica considerable, pero que
todavía no alcanzaban la categoría que tenían los soberanos de Abydos.
Mientras que durante el Dinástico Temprano Nagada fue políticamente
insignificante, Abydos fue el principal centro del culto al rey difunto y Hieracómpolis
siguió siendo un importante centro de culto asociado al dios Horus, símbolo del rey
vivo. Es posible que la entidad política de Nagada resultara derrotada en una postrera
lucha predinástica por el poder acontecida en el Alto Egipto, al tiempo que los
soberanos cuya base de poder se encontraba originalmente en Abydos terminaron por
conseguir el control de todo el país, quizá aliados a grupos de élite menos poderosos
(los llamados Seguidores de Horus) de Hieracómpolis, que pese a todo se
encontraban en una posición estratégica favorable debido a las valiosas materias
primas venidas del sur.
La unificación final del Alto y el Bajo Egipto puede haberse conseguido mediante
una o varias conquistas militares del norte; pero no existen muchas pruebas de ello, a
excepción de las escenas de contenido militar simbólico grabadas en varias paletas
ceremoniales datadas estilísticamente a finales del Predinástico (Nagada III/Dinastía
0), como son las fragmentadas PaletaTjehenu (libia), la Paleta del Campo de Batalla y
la Paleta del Toro. La interpretación de semejantes escenas es problemática, porque
estos objetos son de procedencia desconocida y las fragmentadas escenas simbolizan
conflictos, pero sin especificar acontecimientos históricos reales.
Afortunadamente, en Hieracómpolis se encontraron tres importantes objetos con
escenas talladas que son relevantes para este período: la Cabeza de Maza del rey
Escopión y la Paleta y la Cabeza de Maza del rey Narmer. Estos tres objetos
ceremoniales fueron hallados por J. E. Quibell y F.W. Green cuando excavaron el
templo de Horus en Hieracómpolis, cerca o en una zona bautizada por ellos como
«depósito principal». Es posible que sean donaciones reales para el templo y sugieren
que a finales de la fase Nagada III la ciudad seguía siendo un centro importante. Si
bien considerar que las escenas de la Paleta de Narmer representan la unificación del
Alto y el Bajo Egipto es una interpretación demasiado determinante, en ellas vemos a
enemigos muertos y pueblos y/o asentamientos derrotados. Las escenas y signos de la
Cabeza de Maza de Narmer muestran cautivos y botín de guerra, mientras que la
Cabeza de Maza del rey Escorpión también contiene enemigos derrotados.
Semejantes escenas sugieren que la guerra tuvo algo que ver en algún momento de la
forja del primer Estado en Egipto. Incluso si no existen estratos de destrucción con
fecha Nagada III en los asentamientos del delta, la guerra sigue habiendo podido ser
el instrumento de consolidación de este primer Estado y de su expansión hacia la
Baja Nubia y el sur de Palestina, que tuvo lugar a comienzos de la I Dinastía.
Desde que Petrie lo sugiriera, se ha repetido con frecuencia que, pese a la prueba
de las culturas predinásticas, la civilización egipcia de la I Dinastía apareció de forma
repentina y, por lo tanto, fue introducida por una «raza» extranjera. No obstante,
desde la década de 1970 las excavaciones en Abydos y Hieracómpolis han
demostrado claramente las raíces indígenas que tiene en el Alto Egipto la primera
civilización egipcia. Si bien existen pruebas de un evidente contacto externo durante
el cuarto milenio a.C., éste no tuvo forma de invasión militar.
La cerámica de los estratos excavados en los yacimientos del norte de Egipto y el
sur de Palestina hacen posible coordinar períodos culturales específicos de ambas
regiones y demostrar así que el contacto no se interrumpió mientras la cultura Maadi
iba siendo reemplazada por la cultura Nagada. La fase Nagada Ilb corresponde a la
Edad del Bronce Temprano (EBA) la de Palestina, mientras que Nagada IIc-d y
Nagada III/Dinastía 0 son evidentemente contemporáneas de la cultura EBA Ib. En
esta época, el contacto entre el norte de Egipto y Palestina se realizaba por vía
terrestre, como demuestran las pruebas encontradas en el norte del Sinaí. Entre
Qantar y Rafia, la North Sinai Expedition de la Universidad Ben Gurion encontró
doscientos cincuenta asentamientos tempranos, en los cuales el 80 por ciento de las
cerámicas egipcias estaban fechadas en Nagada II—III y la Dinastía 0. El patrón de
asentamiento consistía en algunos centros de mayor tamaño intercalados con
campamentos estacionales y lugares de paso.
Los arqueólogos israelíes sugieren que estas pruebas son el resultado de una red
comercial establecida y controlada por los egipcios en fechas tan tempranas como la
EBA la y que esta red fue un factor principal en la aparición de los asentamientos
urbanos encontrados posteriormente en Palestina durante la EBA II. El estudio de las
técnicas cerámicas realizado por Naomi Porat en los yacimientos EBA de Palestina
demuestra que muchos de los recipientes de cerámica utilizados para la preparación
de comida encontrados en los estratos EBA Ib probablemente fueran fabricados por
ceramistas egipcios con tecnología egipcia, pero con arcillas palestinas locales. En los
estratos EBA Ib también hay muchas jarras de almacenamiento fabricadas con barro
del Nilo, además de cerámicas margosas, que podrían haber sido importadas desde
Egipto. Los egipcios no sólo crearon campamentos y estaciones de paso en el norte
del Sinaí, sino que las pruebas cerámicas sugieren que hicieron lo propio en el sur de
Palestina, con una red muy organizada de asentamientos donde residía población
egipcia.
La importancia del delta para el contacto egipcio con el suroeste de Asia también
la sugieren unas enigmáticas pruebas procedentes de Buto. En este yacimiento, en
estratos de cultura predinástica del Bajo Egipto, Thomas von der Way encontró a
finales de la década de 1980 dos insospechados tipos de cerámica: «clavos» de arcilla
y un Grubenkopfnagel (un cono con extremo cóncavo bruñido) que se asemejan a
objetos utilizados en la cultura mesopotámica de Uruk para decorar la fachada de los
templos. Von der Way sugiere que el contacto con la red de la cultura Uruk pudo
haber tenido lugar a través del norte de Siria, pues el más temprano estrato
predinástico de Buto contenía restos cerámicos decorados con las típicas franjas
blanquecinas de la cerámica siria Amuq E Los clavos de arcilla y el Grubenkopfnagel
no están asociados a ninguna arquitectura (de ladrillo) en los niveles predinásticos,
que es lo que sería de esperar si la interpretación de Von der Way es correcta; pero las
excavaciones en curso en Buto todavía pueden proporcionar más datos sobre las
relaciones entre el delta y el suroeste de Asia en el cuarto milenio a.C.
Han aparecido en algunas tumbas de élite de las fases Nagada II y III cilindrosellos
tanto importados como egipcios, un tipo de objeto indudablemente inventado
en Mesopotamia. Por primera vez se encuentran en tumbas predinásticas del Alto
Egipto cuentas y pequeños objetos de lapislázuli, que sólo pueden proceder de
Afganistán. Motivos mesopotámicos aparecen también en el Alto Egipto (y la Baja
Nubia), incluida la figura del héros dompteur (una figura humana victoriosa entre dos
leones/bestias), pintada en los muros de la Tumba 100 de Hieracómpolis, que data de
Nagada II. Otros motivos típicamente mesopotámicos, como la fachada de palacio
con nichos y barcos de proa elevada, aparecen también en objetos y en el arte de
Nagada II y III. El estilo de estos motivos, que es más característico del arte glíptico
de Susa (sureste de Irán) que de la cultura de Uruk, y el hecho de que este tipo de
objetos no aparezca en el Bajo Egipto, ha permitido considerar la existencia de una
ruta meridional de contacto entre Susa y el Alto Egipto cuya naturaleza se desconoce
hasta el momento.
En la Baja Nubia se conocen innumerables enterramientos de la cultura del Grupo
A (aproximadamente contemporánea de la cultura Nagada) que contienen muchos
bienes manufacturados nagadienses. La cerámica del Grupo A es muy diferente de la
de Nagada y es probable que los productos egipcios se obtuvieran mediante mercadeo
e intercambio. Bruce Williams ha sugerido que el cementerio de la élite del Grupo A
en Qustul, en la Baja Nubia, pertenecería a los soberanos nubios que conquistaron y
unificaron Egipto, fundando así el primer Estado faraónico, pero la mayoría de los
especialistas no está de acuerdo con su hipótesis. El modelo que quizá explique mejor
las pruebas arqueológicas es uno que incluye contactos acelerados entre las culturas
del Alto Egipto y la Baja Nubia a finales del Predinástico. Materias primas de lujo,
como el marfil, el ébano, el incienso y pieles de animales exóticos, todas ellas muy
deseadas en Egipto en la época dinástica, procedían en gran parte del sur de África y
llegaban tras atravesar Nubia. Esto hizo que algunos jefes del Grupo A se
beneficiaran económicamente del comercio con las materias primas, como
demuestran con claridad los ricos enterramientos excavados en Qustul y Sayala; pero
es poco probable que en Nubia se diera el tipo de complejidad sociopolítica
atestiguada en el Alto Egipto por estas fechas. La llanura inundable del Nilo es
mucho más estrecha en la Baja Nubia que en el Alto Egipto, por lo que aquélla
sencillamente no poseía el potencial agrícola necesario para mantener grandes
concentraciones de población y especialistas a tiempo completo, como artesanos y
administradores del gobierno. El hecho de que la cultura material de Nagada aparezca
después en el Bajo Egipto sin elementos nubios también parece ir en contra de un
origen nubio para el Estado egipcio unificado.