Tebas Egipto

Siguiendo la reconstrucción de Ryholt del Canon de Turín, podemos identificar
los nombres de quince reyes (XVI Dinastía de Manetón) como predecesores de los
reyes de la XVII Dinastía. Cinco de ellos aparecen en fuentes contemporáneas que
nos indican que el centro de su poder se encontraba en el Alto Egipto. No podemos
tener la certeza de si todos gobernaron desde Tebas y, de hecho, algunos pueden
haber sido soberanos locales en ciudades importantes como Abydos, Elkab y Edfu. El
rey Wepwawetemsaf, que no aparece en el Canon de Turín pero que nos dejó una
modesta estela en Abydos, puede haber sido uno de estos reyes locales; la estela nos
lo muestra haciendo una ofrenda a Wepwawet, la deidad local en honor de la cual
recibió su nombre. El estilo de la escritura, el diseño y los símbolos reales la sitúan
entre las estelas reales de la XIII a la XVII Dinastías.

El rey Iykhernefert Neferhotep, que sin duda gobernó desde Tebas, dejó una
estela mucho más impresionante, en la cual se describe a sí mismo como un rey
victorioso, amado por su ejército, uno que alimenta a su ciudad, derrota a los rebeldes
y reconcilia a las tierras extranjeras rebeladas. Neferhotep aparece protegido por los
dioses Amón y Montu y por una diosa que personifica a la propia ciudad de Tebas.
Está armado con una cimitarra, arco y flechas. El lenguaje del panegírico formal es
similar al de himnos reales más antiguos, pero también para los nomarcas, grandes
caudillos que, durante el Primer Período Intermedio, gobernaron como reyes. La
estela fue erigida, como las de Kamose, para celebrar un acontecimiento concreto,
que puede haber sido el final de un asedio a Tebas. No sabemos si Neferhotep luchó
contra los hyksos, contra sus vasallos egipcios o contra soberanos rivales locales;
pero en parte de la ciudad situada bajo la zona este de Karnak, el egiptólogo
canadiense Donald Redford ha detectado un estrato de destrucción tras el nivel de la
XIII Dinastía. El nombre de Neferhotep aparece también en monumentos
contemporáneos de Elkab y Gebelein. En una época tan incierta, el papel del rey
como comandante del ejército se va volviendo cada vez más importante y así se
consagra en las letanías reales.

Tanto la ideología como parte de la fraseología se
conservaron hasta la XVIII Dinastía.Los reyes pueden perderse, pero los funcionarios que los servían tienen sus propios monumentos y, a partir de las genealogías que aparecen en ellos, se ha construido una cronología relativa. A menudo los hijos seguían los pasos del padre al
servicio del rey y los soberanos se casaban con mujeres de las grandes familias, de
modo que gradualmente una red de interdependencia terminó por unir al rey con las
ciudades locales de sus funcionarios, tanto en Elkab y Edfu como en Tebas. Las
pruebas genealógicas sugieren que sólo tres generaciones separan el abandono de
Itjy-tawy del reinado del rey Nebererau I, sexto soberano de la XVI Dinastía, y que la
transición entre los reyes de la XIII a la XVI Dinastía pasó desapercibida para los
funcionarios que los sirvieron.

Sabemos mucho más sobre los nueve reyes asignados (según Ryholt) a la XVII
Dinastía; pero hasta el momento sólo se conocen dos que estuvieran relacionados: los
hermanos Nubkheperra Intef VII y Sekhemra Intef VI. Es posible, pero no es seguro,
que su padre fuera Sobekemsaf I. Sus nombres no aparecen en el Canon de Turín,
pues la sección correspondiente fue cortada en la Antigüedad, pero sí aparecen en
otras listas reales de Tebas; además de haberse encontrado estelas reales suyas
reutilizadas en edificios posteriores y de que la arqueología ha hallado ricos objetos
procedentes de sus tumbas.

Los cuerpos de Seqenenra Taa (c. 1560 a.C.) y su esposa
Ahhotep (y posiblemente también el de su madre, la reina Tetisheri) fueron
encontrados en el caché de momias reales de Deir el Bahari y, lo que es más curioso
de todo, contamos con la descripción de la tumba del rey Sobekemsaf II y de su
esposa (todavía intacta más de seiscientos años después de su enterramiento, en la
XX Dinastía) realizada por unos ladrones de tumbas. Los nombres de los reyes
también aparecen en tumbas privadas y en diversos objetos. Se piensa que estos reyes
tebanos reinaron al mismo tiempo que la XV Dinastía hyksa, pero no existe un
momento concreto para fechar el comienzo de la XVII Dinastía sino sólo para su
final, fijado por la muerte de Kamose en un momento indeterminado de su tercer año
de reinado o al terminar éste. La suerte de los reyes parece haber fluctuado:
Nubkheperra Intef aparece mencionado en más de veinte monumentos
contemporáneos, mientras que Intef VI sólo se conoce gracias a su ataúd, en la
actualidad en el Museo del Louvre.
Los valores militares de la época quedan ilustrados por la popularidad de títulos
militares como «comandante de la tripulación del soberano» y «comandante del
regimiento de la ciudad». Estos demuestran la reunión defensiva en torno al rey de
una serie de recursos militares y confirman la importancia de las milicias locales de
las ciudades. Durante el resto del Segundo Período Intermedio, la inestabilidad fue
una característica del Alto Egipto.
Rahotep, el primer rey de la XVII Dinastía, alardea de haber restaurado los
templos de Abydos y Koptos, mientras que una inscripción de Sobekemsaf II nos
informa de que envió una expedición de 130 hombres a Wadi Hammamat. No
obstante, estas canteras estaban dentro del territorio tebano y la cantidad de hombres
que formaban la expedición no se puede comparar con los miles de expedicionarios
enviados al wadi durante la XII Dinastía. Pese a todo, la confianza iba creciendo y
tanto las actividades como el territorio del rey se iban ampliando. La expedición de
Sobekemsaf posee un característico aire ad hoc: sólo un hombre posee el título
adecuado de «supervisor de los trabajos», el resto tiene títulos honoríficos o cargos
relacionados con el aprovisionamiento. En la lista, el escriba no observa una jerarquía
estricta y usa una mezcla de signos jeroglíficos y hieráticos; parece como si tras una
interrupción importante hubiera habido que aprender de nuevo las habilidades y
protocolos tradicionales. En las minas de galena de Gebel Zeit, que dominan el mar
Rojo, se encontraron dos modestas estelas que recordaban expediciones realizadas
durante los reinados de Nubkheperra Intef VII y Eswaserenra Bebiankh, de la XVI
Dinastía, el segundo de los cuales apenas era conocido más alia de su mención en el
Canon de Turín. En las minas se encontraron grandes cantidades de cerámica «pangrave
», lo cual sugiere otro propósito para el cual los reyes tebanos pudieron haber
utilizado a los mercenarios nubios.
Tebas perdió contacto con el Bajo Egipto y se le negó el acceso a los centros de
enseñanza de escribas de Menfis. Estos centros y sus archivos no fueron destruidos y,
de hecho, puede incluso que florecieran durante el gobierno hykso; pero como los
tebanos no podían consultarlos, quizá se vieron en la necesidad de crear una nueva
compilación con los textos necesarios para los importantísimos rituales funerarios.
Una de las primeras colecciones de fórmulas, que conocemos como el Libro de los
muertos, data de la XVI Dinastía y procede del sarcófago de la reina Mentuhotep,
esposa del rey Djehuty. Como respuesta al empobrecimiento de los recursos
disponibles, la cultura funeraria de Tebas también evolucionó en otros aspectos. Los
grandes sarcófagos rectangulares fabricados con madera de cedro fueron
reemplazados por sarcófagos de forma aproximadamente antropoide, fabricados con
madera de sicómoro pintada con un diseño de plumas, pero con un estilo tan burdo e
idiosincrásico que ninguno es exactamente igual a otro. Este rasgo delata la falta de
formación en las rígidas convenciones del arte funerario de antaño, las cuales quizá
tuvieran también menos demanda. No obstante, existen unos cuantos ataúdes que
demuestran que en algunos talleres tebanos se conservó la tradición de la fabricación
de ataúdes del Reino Medio hasta bien entrada la XVIII Dinastía.
En el Papiro Abott, que contiene el resultado de una encuesta judicial sobre robos
de tumbas realizada por el alcalde de Tebas durante la XX Dinastía, se describe la
localización de cinco tumbas reales de la XVII Dinastía, las de Nubkheperra Intef
VII, Sekhemra Intef, Sobekemsaf II, Seqenenra Taa y Kamose. En 1923, Herbert
Winlock intentó localizar las tumbas utilizando el itinerario que según el papiro
siguieron los inspectores. También lo hizo impulsado por el hecho de que muchos
objetos de enterramientos reales de esa época habían aparecido a la venta en la
década de 1820 y en 1859-1860, procedentes de excavaciones ilegales. Los ladrones
de la XX Dinastía describen así cómo encontraron el enterramiento de Sobekemsaf
II:
Tenía una espada y tenía un […] grupo de amuletos y adornos de oro en la
garganta; su corona y diademas de oro estaban en la cabeza y la […] momia
del rey estaba cubierta de oro por todas partes. Sus ataúdes estaban labrados
con oro y plata por dentro y por fuera e incrustados con todo tipo de piedras
costosas […] robamos los objetos que encontramos allí, consistentes en vasos
de oro, plata y bronce.
Los reyes de finales de la dinastía y sus funcionarios gastaron su creciente riqueza
en los objetos con los que se enterraban, más que en las tumbas propiamente dichas.
Las tumbas decoradas son raras y a menudo se prefería apropiar y reutilizar tumbas
antiguas. Para comprender de dónde procedía la riqueza necesitamos dirigir nuestra
mirada a Elefantina, a los fuertes que guardaban la segunda catarata del Nilo y
finalmente a Kerma, la capital del reino de Kush, a más de ochocientos kilómetros al
sur de Tebas.