Senusret III

El reinado del sucesor de Amenemhat II, Khakheperra Senusret II (1877-1870
a.C.), fue una época de paz y prosperidad, durante la cual el comercio con Oriente
Próximo fue especialmente prolífico. No hay registros de campañas militares durante
este reinado; en cambio, su principal logro parece ser la inauguración del sistema de
irrigación de Fayum. Se erigió un dique y se construyeron canales para conectar
Fayum con la corriente de agua que hoy se conoce como Bahr Yussef. Estos canales
desviaron parte del agua que en circunstancias normales hubiera penetrado en el lago
Moeris, lo que produjo la evaporación gradual de las aguas de las orillas del lago y
supuso la aparición de tierras nuevas que luego fueron cultivadas. Se trató de un
programa a largo plazo que podría ser considerado algo único para la época si no
fuera porque por esas mismas fechas (Heládico Medio, c. 1900-1600 a.C.) en la
cuenca copaica de Beocia (Grecia central) se consiguieron nuevas tierras creando un
sistema similar de presas y canales de drenaje.

En realidad no sabemos cuántos de estos trabajos de irrigación se pueden
adscribir específicamente al reinado de Senusret II, pero su relación con el
renacimiento general de Fayum probablemente se manifieste por el hecho de que
erigió monumentos religiosos en los límites de la región. La cerámica encontrada en
el santuario para estatuas de Qasr es Sagha, en el desierto situado junto al extremo
noreste de Fayum, permite fecharlo en torno a esta época. Sin embargo, al igual que
otros edificios del reinado, éste quedó sin decorar y sin terminar, contribuyendo así a
la impresión de que Senusret II gobernó durante escaso tiempo. El uso a partir de esta
época de diversos lugares de Fayum para construir complejos reales con pirámide
quizá nos indique la importancia del programa de irrigación, puesto que en general se
asume que el palacio real de cada soberano se construyó cerca de su monumento
funerario.

Se conoce un pequeño grupo de estatuas de Senusret II y al menos dos de ellas
fueron usurpadas por Ramsés II (1279-1213 a.C.). Sus anchas y musculadas espaldas
recuerdan a las estatuas de Senusret I, si bien la influencia de la estatuaria regia del
Reino Antiguo también es evidente. Los rasgos faciales de Senusret II son más
vigorosos y plásticos, careciendo de la insipidez propia de la estatuaria de sus
predecesores de la XII Dinastía: sus amplios pómulos son muy característicos y
probablemente sean un indicio de que nos encontramos ante retratos que anuncian los
asombrosos estudios escultóricos de Senusret III (1870-1831 a.C.).

Posteriormente tuvo lugar la acostumbrada copia de una tendencia regia por parte de los miembros acomodados de la sociedad, con lo que a finales de la XII Dinastía contamos con
vividos ejemplos de individualidad entre la estatuaria privada. El reinado de Senusret
II quizá merezca ser considerado como una de las fases importantes del retrato
humano en la historia del arte egipcio.

Mejor conocidas incluso que las estatuas del rey son un par de estatuas de granito
negro muy pulidas pertenecientes a la reina (?) Nefret, conservadas en el Museo
Egipcio de El Cairo. De tamaño mayor que el natural, representan a una mujer de la
realeza cuya posición en la corte todavía no conocemos con seguridad. Si bien Nefret
no posee el título de «esposa real», sí posee otros ostentados por reinas. ¿Se trata de
la primera esposa de Senusret II, fallecida quizá antes del bastante tardío ascenso de
su esposo al trono, o nos encontramos ante su hermana? Como sucede con muchas
reinas egipcias, los datos relativos a Nefret son ambiguos e incompletos. Sin
embargo, una nueva mujer de la realeza apareció hace poco. En 1995 se descubrieron
los restos de su esposa principal, Khnumetneferhedjetweret, en la pirámide de su hijo
(Senusret III) en Dashur, junto a unas pocas joyas.

Senusret II construyó su complejo funerario en Lahun. La pirámide es una
gigantesca estructura de ladrillos de adobe con un núcleo de roca; grandes muros de
caliza entrecruzados proporcionan apoyo a los sectores de ladrillo, que finalmente
fueron revestidos con caliza. En el extremo meridional del complejo se plantaron
árboles; la entrada a la pirámide también estaba en el sur. La disposición de los
corredores y cámaras en el interior de la pirámide es única y quizá refleje creencias
relacionadas con Osiris y la otra vida.

Se sospecha que otra tumba, muy bien construida y situada en el lado norte del complejo (Tumba 621), puede ser un cenotafio, como los de los complejos funerarios reales del Reino Antiguo. Los miembros femeninos de la familia del rey estarían representados por ocho sólidas
mastabas y una pirámide satélite, todas ellas alineadas junto a la cara norte de la
tumba del rey; pero parece que más bien se trata de estructuras simbólicas que de
lugares de enterramiento. En una tumba pozo situada en el extremo sur del recinto de
la pirámide del rey, Petrie y Brunton encontraron en 1914 las joyas y otras posesiones
de la princesa Sathathoriunet; la factura de estas piezas figura entre lo mejor de todo
el repertorio de joyas egipcias.

La conquista de Nubia durante el reinado de Senusret III

Si bien el Canon de Turín le concede a Khakaura Senusret III (c. 1870-1831 a.C.)
un reinado de más de una treintena de años, el último año atestiguado por las fuentes
es el decimonoveno. Por otra parte, varios descubrimientos realizados durante la
década de 1990 pueden apoyar una duración mayor (véase la discusión cronológica al
comienzo del capítulo). No existen pruebas reales para una corregencia con Senusret
II, pero si ésta pudiera demostrarse, ayudaría a resolver varios problemas originados
por la inusual duración del reinado.

Senusret III quizá sea el monarca más «visible» del Reino Medio. Sus hazañas le
dieron renombre con el paso del tiempo y contribuyeron de manera sustancial al
carácter de Senusret (una figura ficticia que conjuga la imagen ideal del soberano
heroico del Reino Medio) descrito por Manetón y Heródoto. El rey guerreó en Nubia
en sus años de reinado sexto, octavo, décimo y decimosexto y por lo que parece se
trató de conflictos brutales: mataron a los varones nubios, esclavizaron a sus mujeres
y niños, quemaron sus campos y envenenaron sus pozos. Poco después, los egipcios
habían comenzado de nuevo a extraer piedras y a comerciar con los habitantes de la
zona, pero las condiciones habían cambiado. En el octavo y decimosexto año de
reinado se erigieron estelas en los fuertes de Semna y Uronarti, en lo que parece
haber sido la frontera meridional; en estas inscripciones se recuerda a todos la
conquista y castigos infligidos por Senusret.

Esta región fronteriza quedó sellada al
reforzarse el inmenso fuerte y mediante la presencia de guardias las veinticuatro
horas del día atentos a cualquier circunstancia. La estela del año octavo de Semna
afirma que no se permitía a ningún nubio llevar su ganado o sus barcos más al norte
Estas fortalezas enfatizan la naturaleza inestable del control egipcio en Nubia.

Los llamados «despachos de Semna» —un grupo de cartas e informes militares
enviados desde Semna a Tebas en la XIII Dinastía— revelan el rigor con que
vigilaban los egipcios a los nativos. También nos muestran el estrecho contacto que
mantenían estas fortalezas entre sí. Si bien los fuertes principales eran de tamaño
comparable, realizaban varias tareas distintas. Algunos, como Mirgissa, estaban más
implicados en el comercio (se intercambiaba pan y cerveza a cambio de productos
locales), mientras que otros (como Askut) parecen haber sido utilizados como
almacén de suministros para las campañas en la Alta Nubia. Entre el visir y los
fuertes se intercambiaban informes y de este modo el rey permanecía en contacto con
los límites de sus dominios. La campaña final de Senusret en Nubia, en el año
decimonoveno, fue larga y a la postre no especialmente exitosa: el rey tuvo que
retirarse cuando el nivel del río comenzó a decrecer de forma alarmante, haciendo
peligrosa la navegación.

Senusret III llevó a cabo al menos una campaña en Palestina, aparentemente
similar a la expedición enviada por Amenemhat II contra los aamu (asiáticos). En
estas fechas parece haber habido un importante número de asiáticos en Egipto;
algunos eran prisioneros capturados con anterioridad, pero la narración bíblica de los
hermanos de José vendiéndolo como esclavo a un amo egipcio (Gen. 37, 28-36)
puede estar describiendo otro modo de llegada de emigrantes. La intolerancia egipcia
hacia los «orientales» ya era visible durante el reinado de Senusret I, que se describe
a sí mismo como el «cortacuellos de Asia»; una percepción general que se ve
reforzada por los llamados «textos de execración». Se trata de listas de enemigos
escritas en objetos o figurillas de cerámica, muchos de los cuales son personajes
asiáticos concretos o de pueblos de Asia en general. La intención de este tipo de texto
parece haber sido asegurar la destrucción mágica de los enemigos de Egipto,
quemando o aplastando los recipientes o figuritas en cuestión.

Senusret también siguió una dirección diferente en cuanto a sus reformas
políticas. Aunque a menudo se le ha atribuido el desmantelamiento del sistema de
nomarcas, no existen pruebas reales que apoyen semejante afirmación (véase más
adelante la sección sobre el cambio político). No obstante, sus intentos por conseguir
que Egipto regresara a una forma de gobierno más centralizada supusieron un
importante reajuste político y social (sobre todo para las clases medias) y su reinado
se considera con toda razón un punto de inflexión crucial en la historia del Reino
Medio.

La tumba de Senusret III, una pirámide de adobe de sesenta metros de altura
revestida con bloques de caliza, se encuentra en Dashur, como la de Amenemhat II.
Dentro del recinto delimitado por el muro del temenos se construyeron mastabas para
su familia inmediata; pero los verdaderos enterramientos se encuentran en galerías
bajo tierra, un nivel para las reinas y otro para las princesas. Dieter Arnold ha
demostrado que este complejo toma algunas de sus ideas del de la Pirámide
Escalonada de Djoser en Sakkara (III Dinastía). La cámara funeraria posee un techo
abovedado y está construida con granito enlucido con yeso blanco. Ni la cámara del
rey ni su sarcófago parecen haber sido utilizados. Sin embargo, en el extremo sur de
Abydos se construyó para Senusret un segundo complejo funerario, consistente en
una tumba subterránea y un templo mortuorio, donde el culto al soberano continuó
durante dos siglos. Algunos estudiosos sospechan que el complejo de Abydos puede
haber sido el verdadero lugar de enterramiento, pero tampoco en él se han encontrado
los restos del soberano.