Saqqara se encuentra al sur de El Cairo, en la orilla oeste del Nilo. La aldea dio su nombre a una vasta necrópolis, de casi 8 km de largo. Aquí, en el linde de la altiplanicie líbica, nos encontramos en el reino del desierto, de una tierra sagrada que domina el Valle del Nilo. Todavía es posible encontrar silencio y soledad en Saqqara, menos agredida por el mundo moderno que la llanura de Guiza. Por algo está este lugar colocado bajo la protección de Sokaris, el dios de los espacios misteriosos donde se lleva a cabo la resurrección.
Aquí se excavaron las tumbas de los faraones de la I dinastía, con superestructura de ladrillo crudo y una austera decoración exterior en «fachada de palacio».

Egipto nace, Egipto se afirma. Si bien Saqqara se identifica habitualmente con el Imperio Antiguo, las tumbas del Imperio Medio, del Imperio Nuevo, así como de las épocas persa y ptolemaica indican que el paraje nunca quedó abandonado. Está lejos de haber sido excavado porcompleto, como demuestran los recientes descubrimientos de catacumbas de ibis, el pájaro sagrado del dios Thot, o de varias tumbas en los acantilados del Bubasteion. Y sigue buscándose la morada de eternidad de Imhotep, el creador de la arquitectura en piedra y de la pirámide escalonada. De la III a la XIII dinastías, los faraones edificaron pirámides en Saqqara, la mayoría de las cuales, por desgracia, están muy destruidas.

Mastabas

Saqqara es también un conjunto de mastabas, a saber, moradas de eternidad decoradas con sublimes escenas, las pirámides de textos, el Serapeum… Pero conviene comenzar por el centro espiritual de ese inmenso paraje, la pirámide escalonada del faraón Zoser. Esta escalinata de piedra permitía al alma del rey resucitado trepar por el espacio para entrar en el cielo donde comulgaría con las potencias creadoras.

El nombre de Zoser, faraón de la III dinastía, significa «sagrado». Se llamaba también «Más divino que el cuerpo de los dioses».
Por lo que se refiere a Imhotep, «El que viene en plenitud», un texto inscrito en el zócalo de una estatua nos informa sobre sus funciones: «El canciller del rey del Bajo Egipto, el primero tras el rey del Alto Egipto, administrador del gran palacio, noble
hereditario, sumo sacerdote de Heliópolis, Imhotep, maestro de obras, escultor, fabricante de vasijas de piedra.»

Imhotep

Es uno de esos genios característicos del Imperio Antiguo que no separan el espíritu de la mano, lo material de lo espiritual. Conoce el funcionamiento del Estado en sus menores detalles, organiza las obras y pone la economía al servicio de la arquitectura sagrada. Imhotep se convertirá en el sabio por excelencia, el arquitecto inmortal que creará todos los templos de Egipto. Los griegos le convirtieron en un dios, identificado con Asklepios. En la época tardía, se pedía a Imhotep que curara a los enfermos e hiciera
milagros. Hijo del dios Ptah de Menfis, Imhotep era «el conocido del faraón, encargado de los moldeadores de vasijas, de los escultores, el maestro de los maestros en toda clase de piedras venerables: colocó su recuerdo entre los hombres y su amor entre los dioses».

Imperio Nuevo

Durante el Imperio Nuevo, algunos peregrinos acudían a meditar a esos lugares. Se decía que el cielo se hallaba en esta pirámide, corazón de un vasto conjunto arquitectónico, en el interior de un recinto. De una altura de algo más de 60 m, está formada por seis enormes peldaños y se encuentra casi en el centro de un rectángulo (555 x 278 m). La arquitectura es aquí tan sorprendente que se ha hablado, erróneamente, de espejismos y de edificios «ficticios». Los monumentos del conjunto de Zoser, parcialmente restaurados por Jean-Philippe Lauer, no están destinados a los humanos sino al ka, la energía creadora que ignora la frontera de la muerte. No es la apariencia lo que aquí prevalece, sino la realidad de un universo espiritual.

Zoser

El área sagrada de Zoser —unas quince hectáreas— estaba protegida por un recinto que incluía bastiones, partes sobresalientes y entrantes. Esa muralla de calcáreo medía unos diez metros de altura. En los cuatro costados del recinto hallamos catorce accesos… cerrados. Existe una sola entrada, situada en el ángulo sudeste. Estaba constantemente abierta y sus hojas se inmovilizaron para siempre en piedra. Sólo el ka real podía cruzarla para introducirse por un estrecho pasadizo flanqueado por dos hileras de columnas.
Cubierta antaño por losas de piedra, la avenida desembocaba en una sala con ocho columnas y de techo mucho más bajo que el de la avenida.

Representando tallos de caña elevándose hacia la luz, las columnas de esta sala estaban pintadas de rojo, símbolo de la potencia. Aquí debían de celebrarse los ritos de purificación. Se salía por una nueva puerta, siempre abierta, para descubrir el gran patio del sur, al fondo del cual se levanta la pirámide escalonada. En el muro de este patio, frente a la pirámide, se puede ver un friso de serpientes, los uraeus, que evocan la purificación por el fuego.

Uraeus

Estos reptiles, que con frecuencia vemos en la cabeza de los faraones y forman una especie de tercer ojo, destruyen a los enemigos del rey y disipan las tinieblas. En el eje central del gran patio podemos encontrar aún dos mojones, encarnación de los extremos norte y sur de Egipto. El faraón ejecutaba una carrera ritual del uno al otro y viceversa, representando así su toma de posesión de las Dos Tierras cuya prosperidad debía asegurar.

Antes del muro de las cobras, en el grosor de la muralla se abre un impresionante pozo que lleva a una tumba. Al fondo, un sepulcro y algunos aposentos donde el faraón Zoser aparece representado en actitudes rituales que buscan su regeneración. Sin duda, la tumba del sur permaneció aparentemente vacía, puesto que su función consistía en preservar el «cuerpo» invisible del rey, mientras que la tumba del norte albergaba su momia. Esta doble tumba era también la del faraón desdoblado como rey del Bajo Egipto al norte y rey del Alto Egipto al sur.

Menes

Bajo la pirámide escalonada descansan Zoser y su familia. Un complejo dispositivo se centra en torno a un gran pozo de más de 28 m de profundidad en cuyo fondo se dispuso un sepulcro, parecido al cubo de una rueda que tiene como radios las capillas. En esta sepultura de granito sólo se encontró un fragmento del pie de la momia.

Paneles de loza azul iluminaban este reino subterráneo. En ellos se veía a Zoser durante la carrera ritual de la fiesta de regeneración y demostrando así su eterno vigor y su capacidad para gobernar. Dos galerías contenían más de cuarenta mil recipientes, vasijas, copas, boles, platos de diorita, de esquisto y de alabastro. La vajilla estaba destinada al banquete del ka y a las fiestas del más allá, en las que participaban las almas de los justos. Entre estos objetos, algunos llevan los nombres de los faraones de las dos primeras
dinastías. En una jarra de porcelana descubrimos el nombre de Narmer, tal vez identificable con Menes, el unificador de Egipto.

A la derecha de la pirámide, cuando se está frente a día, se desarrolla un conjunto simbólico prolongando por la Casa del Sur y la Casa del Norte. Esta zona este comprende tres patios y una columnata colocada ante el primero de ellos, el patio llamado del heb-sed, la fiesta de regeneración. Para alcanzarlo era preciso superar una especie de laberinto. Hoy se pasa por delante de tres columnas acanaladas, vestigio de un santuario de forma rectangular, luego, dirigiéndonos hacia el sur, nos vemos obligados a girar en ángulo recto.

Pirámide escalonada

En este punto del paso, el muro describe un cuarto de círculo, perfectamente ejecutado. Llegamos al sur de un largo parió flanqueado por pequeñas capillas. Allí se reunían las divinidades del Norte y del Sur durante la gran fiesta de regeneración del
ka real. Al sur del patio hay un estrado provisto de dos pequeñas escaleras: en él se situaba Faraón, desdoblado en rey del Bajo Egipto, que llevaba la corona roja, y rey del Alto Egipto, que llevaba la corona blanca. A estos dos aspectos correspondían las
dos «Casas» del Sur y del Norte, situadas al norte del patio de la pirámide y en el flanco este de esta misma pirámide. Cuatro columnas en la fachada de la Casa del Sur, tres en la de la Casa del Norte.

En la cara norte de la pirámide y ante el templo funerario, encontramos una pequeña capilla provista de dos agujeros cilíndricos. En su interior descansa la estatua del ka de Zoser, que observa su dominio y contempla las ofrendas inmateriales que se le destinan. Zoser muestra un rostro severo, autoritario. El faraón lleva el vestido ritual de la fiesta de regeneración, su brazo derecho descansa sobre el pecho, con el puño cerrado, mientras la mano izquierda está posada, plana, en su muslo. Una falsa barba le adorna el mentón. Esta estatua es sólo una copia en yeso del original expuesto en el Museo de El Cairo, pero se ha mantenido el dispositivo simbólico. El ka de Zoser vela todavía por Saqqara…