Religión del Antiguo Egipto

Las novedades más importantes de la religión del Religión del Antiguo Egipto tienen que ver con
el culto a Osiris, que para entonces se había convertido en el gran dios de todas las
necrópolis. Una de las razones del crecimiento de este culto fue el generoso
patronazgo de los soberanos del Reino Medio, sobre todo en Abydos durante la XII
Dinastía. El climax se alcanzó durante el reinado de Senusret III, cuyo «cenotafio» en
Abydos fue el primer monumento real en ser erigido allí durante el Reino Medio. Un
decreto de la época de Wegaf soberano de la XIII Dinastía, (usurpado después por
Neferhotep I), prohíbe que se construyan tumbas en el camino procesional de
Abydos. Sobekhotep III también erigió aquí estelas para varios miembros de su
familia y Neferhotep I fue a Abydos para tomar parte en los misterios de Osiris en el
segundo año de su reinado, erigiendo una estela para conmemorar el acontecimiento.
Dado el poder de Osiris y Abydos en términos de legitimización del poder real, el
interés de los soberanos de la XIII Dinastía por la ciudad puede haberse debido en
especial a que sus orígenes eran sobre todo ajenos a la familia real, pero no se puede
decir lo mismo de los monarcas de la XII Dinastía. La creciente influencia de Osiris en la Religión del Antiguo Egipto
parece derivar hasta cierto punto de la promoción activa de Abydos y de los llamados
misterios de Osiris. En una estela de la XII Dinastía (actualmente en el Museo de
Berlín) erigida en Abydos por Ikhernofret, organizador de la fiesta anual durante el
reinado de Senusret III, se mencionan algunos detalles de estos ritos.

El crecimiento del culto osiriano vino acompañado de un fenómeno cultural que
en ocasiones se describe como la «democratización de la otra vida»: el acceso de la
gente del común a privilegios funerarios que antaño lo fueron reales. Las numerosas
estelas de Abydos demuestran concretamente que se estaba volviendo algo habitual
para los particulares tomar parte en los ritos de Osiris, recibiendo con ello
bendiciones antes restringidas a los dioses. Como resultado de esta situación, las
creencias y ritos funerarios de toda la población egipcia comenzaron a cambiar. Uno
de estos primeros cambios fue la práctica de decorar los ataúdes no regios con Textos
de los sarcófagos, una combinación de extractos de los Textos de las pirámides con
nuevas composiciones funerarias aparecidas durante el Primer Período Intermedio
(véase el capítulo 6). No obstante, durante la XII Dinastía el uso de estos textos se
interrumpió de repente, sobre todo como resultado de nuevos cambios funerarios,
como la introducción del ataúd momifornie, que debido a su forma más irregular no
era tan adecuado para una larga inscripción con un texto religioso.

Otro cambio del Religión del Antiguo Egipto y del Reino Medio fue la idea de que todas las personas (no
sólo el rey) poseían ba, o fuerza espiritual. La prueba más evocadora de esto es el
texto literario titulado Diálogo entre un hombre cansado de la vida y su «ba», que
quizá sea el más antiguo debate sobre la cuestión del suicidio, un poderoso tratado
filosófico. También hubo un énfasis notable en la «piedad personal» (es decir, el
acceso directo y personal a las deidades en vez de por intermediación del rey o los
sacerdotes; un concepto religioso que se haría aún más popular durante el Reino
Nuevo). Las estelas del Reino Medio hacen hincapié en la piedad del difunto y de ahí
nació el concepto de la «confesión negativa» (una lista ritual de faltas que el difunto
afirmaba no haber cometido). Las propias estelas se convirtieron en monumentos
populares, sobre todo las decoradas con ojos wedjat, el símbolo máximo de
protección; pero durante este período también aparecieron otros símbolos (como por
ejemplo el anillo shen y el disco solar alado), iguales a los encontrados en las estelas
reales.

Los complejos mortuorios reales de la XI y la XII Dinastías sufrieron cambios
considerables en su diseño, resultado de la búsqueda de los reyes de la forma
arquitectónica más adecuada para reflejar sus creencias religiosas. Ingenieros y
arquitectos alcanzaron gran maestría y los canteros superaron la notable habilidad de
sus homólogos del Reino Antiguo. Esta capacidad no sólo se puso al servicio de los
complejos reales, sino también de la creación de templos más grandes y construidos
con mayor maestría. En esta época nos encontramos con una compleja disposición
interna en las pirámides reales y experimentos estructurales en arquitectura, como los
caminos aterrazados de Mentuhotep II en Deir el Bahari, los pilonos y el santuario
triple de Mentuhotep III en la colina de Thoth en Tebas y las galerías de Senusret II
en su pirámide de Lahun. Los relieves, que en el Reino Antiguo sólo encontrábamos
en los complejos mortuorios, ahora los podemos ver en los muros de los templos del
Reino Medio, tanto los dedicados a los dioses como a los reyes. Fue también durante
este período cuando se inauguró el vasto complejo de templos de Karnak y se
construyeron los importantes templos y sistemas de irrigación de Fayum.

A partir del Religión del Antiguo Egipto ciertamente la XI Dinastía encontramos también innovaciones en las tumbas
regionales de los nomarcas que muestran la visión del mundo que tenían estos
funcionarios, con su interés en la caza, la pesca y los combates de lucha, así como su
fascinación por el exótico mundo de los asiáticos. Los grandes y espléndidamente
decorados hipogeos contaban por lo general con fachadas con pilares, estando las
tumbas situadas por encima de las de los miembros de sus «cortes», repartidos más
abajo por la ladera. Los ataúdes de los nomarcas —sobre todo los de Deir el Bersha
— albergan las mejores imágenes de todos los que se han conservado. En varios
casos están decorados con las copias más antiguas del Libro de los dos caminos, una
serie de instrucciones para llegar sano y salvo al más allá. No obstante, al ir
disminuyendo la importancia del cargo de nomarca, el carácter de las necrópolis
provinciales cambió: el tamaño y número de las tumbas menores aumentó, existiendo
una «graduación» menos evidente en la disposición espacial de las mismas. En
cambio, en la capital las cosas eran muy diferentes: las tumbas de los «funcionarios»
se encuentran situadas en las necrópolis reales más que en los cementerios familiares
locales, la mastaba se convirtió en el tipo preferido de tumba particular y se volvió
imperativo para todo el mundo contar con un monumento en Abidos.

En el Reino Medio la momificación se había extendido mucho, pero no era
efectiva. Si bien la evisceración se había vuelto más habitual, la momificación de los
cuerpos era de baja calidad, por lo que la carne residual apenas se ha conservado, a
pesar de que a menudo el vendado exterior era generoso. Se dotaba a las momias de
máscaras de cartonaje, por lo general bellamente pintadas, y los cuerpos se colocaban
de lado en ataúdes rectangulares orientados atendiendo tanto a los puntos cardinales
como a los textos escritos en las paredes de las tumbas.
Otro cambio significativo en las prácticas funerarias fue la introducción del
shabti, una palabra que en ocasiones se escribe ushabti o shawabti y que puede
significar «bastón», «respondedor» o quizá ambas cosas a la vez. Los shabtis eran
estatuillas de diversos materiales (cera, arcilla, cerámica, fayenza, madera o piedra)
destinadas a actuar como sustitutos mágicos del dueño de la tumba cuando a éste se le
pidiera realizar trabajos para Osiris.

Los primeros ejemplares, fechados en la época de Mentuhotep II, tienen a menudo forma de figurillas desnudas sin fórmulas funerarias escritas sobre ellas, mientras que otros son momiformes. Esta figurillas eran recordatorios tridimensionales de la fórmula 472 de los Textos de los sarcófagos, que aparecen en el interior de unos pocos ataúdes del Reino Medio.

No obstante, a finales de la XII Dinastía el texto había comenzado a escribirse en el propio shabti. Se piensa que el papel del shabti puede estar relacionado con el sistema de azofra,
según el cual todas las personas estaban obligadas a realizar trabajos para el rey, o
con el trabajo que las personas del común tenían que llevar a cabo para mantener los
canales locales. Al igual que los trabajadores humanos, los shabtis posteriores llevan
azadas y cestas para realizar sus tareas.