Reino Antiguo

El enorme volumen de los trabajos de construcción realizados en los dos siglos
durante los cuales los reyes de la III y la IV Dinastía de Manetón ejercieron su
dominio tuvieron un profundo efecto en la economía y la sociedad del país. Sería un
error subestimar el considerable esfuerzo y pericia necesarios para construir las
grandes mastabas de adobe del Dinástico Temprano; pero la edificación de pirámides
de piedra elevó estas empresas a un plano por completo diferente. El número de
constructores profesionales necesario tuvo que ser grande, sobre todo si se tiene en
cuenta a todos aquellos implicados en la extracción y transporte de los bloques de
piedra, la edificación de las rampas de acceso que necesitaban los constructores y
toda la logística implicada en el proceso, como el suministro de alimento, agua y
otros bienes necesarios, además del mantenimiento de las herramientas y otras
muchas tareas relacionadas.
La economía egipcia no estaba basada en el trabajo esclavo. Incluso si se admite
que la mayoría del trabajo se realizó en la época en la cual la inundación anual hacía
imposible el trabajo en los campos, una gran parte de la fuerza laboral necesaria para
construir pirámides hubo de ser sustraída de las tareas agrícolas y de la producción de
comida. Esto ejercería una considerable presión sobre los recursos existentes y
proporcionó un poderoso estímulo para realizar esfuerzos destinados a incrementar la
producción agrícola, mejorar la administración del país, desarrollar un medio eficaz
de recaudar impuestos y buscar nuevas fuentes de ingresos y mano de obra en el
extranjero.
Con el comienzo de la construcción de pirámides las exigencias sobre la
producción agrícola egipcia cambiaron drásticamente, puesto que había que mantener
a aquéllos que habían dejado de colaborar en la producción de alimentos. El consumo
y las expectativas de aquéllos que se unieron a la élite directiva se incrementaron en
consonancia con su nueva categoría. No obstante, las técnicas agrícolas siguieron
siendo iguales. La principal contribución del Estado fue organizativa, incluidos actos
como la prevención de hambrunas locales al hacer llegar recursos excedentes de otras
zonas, la reducción de los efectos de las grandes calamidades (como una inundación
baja), la eliminación de los dañinos conflictos locales al ofrecer arbitrajes y la mejora
de la seguridad. Los trabajos de irrigación eran responsabilidad de los
administradores locales y los intentos por incrementar la producción agrícola se
centraron en ampliar los terrenos cultivados, para lo cual el Estado podía
proporcionar fuerza laboral y otros recursos.
Todo lo anterior vino acompañado de la necesidad de una mejor organización
administrativa del país y de un modo más eficaz de recaudar los impuestos. Los
grandes centros de población existentes, a menudo heredades reales, se convirtieron
en las capitales de los distritos administrativos (nomos), mientras que la
estratégicamente situada capital del país, en el vértice del delta, proporcionaba el
equilibrio entre el Alto Egipto (ta shemau) en el sur y el Bajo Egipto (ta mehu) en el
norte. Desgraciadamente, las ciudades del Reino Antiguo están enterradas bajo los
asentamientos posteriores y, sobre todo, en el delta, a menudo bajo la capa freática
actual. Por lo tanto, estos primeros asentamientos son prácticamente desconocidos a
nivel arqueológico; ni siquiera la capital de Egipto ha sido excavada todavía y los
casos de ciudades como Elefantina o Ayn Asil en el oasis de Dakhla son
excepcionales. Las primitivas comunidades semiautónomas perdieron su
independencia y la posesión privada de la tierra prácticamente desapareció, siendo
reemplazadas todas por heredades reales. El antiguo y rudimentario censo se
convirtió en un sistema fiscal que lo abarcaba todo.
Durante gran parte del Reino Antiguo, Egipto fue un Estado planificado y
administrado de forma centralizada, encabezado por un rey que era el dueño teórico
de todos sus recursos y cuyos poderes eran prácticamente absolutos. Era capaz de
apropiarse de las personas, imponer trabajos obligatorios, recaudar impuestos y
reclamar a voluntad cualquier recurso de la tierra, si bien en la práctica se veía
refrenado por una serie de restricciones. Durante la III y la IV Dinastías, muchos de
los principales funcionarios del Estado fueron miembros de la familia real,
continuando de forma directa el sistema de gobierno del Dinástico Temprano. Su
autoridad derivaba de su estrecha relación con el soberano. El cargo más importante
era el de visir (la palabra que se utiliza de forma convencional para traducir la
expresión egipcia tjaty), que era el responsable de supervisar el funcionamiento de
todos los departamentos del Estado, excluidos los asuntos religiosos. Fue durante los
reinados de los soberanos de la IV Dinastía cuando una serie de príncipes reales
ejercieron el visirazgo con éxitos espectaculares.
Los títulos de los diferentes funcionarios son una de las grandes fuentes de
información sobre la administración egipcia. Los textos explícitos y detallados como
los de Metjen, funcionario de principios de la IV Dinastía, son algo excepcional. La
intensidad del control estatal sobre cada persona se incrementó de forma drástica, lo
que vino acompañado de un aumento similar en el número de funcionarios en todos
los niveles de la administración. La consecuencia fue que la carrera administrativa
quedó abierta a recién llegados competentemente alfabetizados no relacionados con
la familia real. Estos funcionarios eran remunerados por sus servicios de diversos
modos, pero el más importante era el usufructo ex officio de tierra estatal (real), por lo
general heredades habitadas por sus cultivadores. Este tipo de propiedades producían
prácticamente todo lo que su personal necesitaba —en este nivel económico, el
comercio interior se limitaba al trueque oportunista— y su remuneración ex officio
consistía en el excedente producido. Al menos en teoría, esta tierra revertía al rey
después de que el funcionario cesara en el cargo y así podía ser asignada a otro como
remuneración. En un sistema económico que no conocía la moneda, era un modo
muy efectivo de pagar el salario de los funcionarios, pero también representaba una
importante merma de los recursos del rey.