Pese a sus dimensiones (150 m de largo por 48 m de ancho), la estructura de este colosal edificio es simple: un primer pilono, un primer gran patio, un segundo pilono, un segundo gran patio, luego el templo cubierto con numerosas capillas. El primer pilono está decorado con escenas de batallas en las que Faraón triunfa sobre sus enemigos, encarnación de las tinieblas. Ciertamente, Ramsés III
recuerda las duras realidades de su época: expediciones a Nubia, combates contra los sirios y los libios, batalla naval contra los temibles Pueblos del Mar.

Con una espada hecha de luz, Faraón «consagra» a los cautivos de Amón. Bajo la forma de una diosa, la ciudad de Tebas mantiene atados a los prisioneros. Así, las fuerzas negativas son mágicamente dominadas. Cruzado el pilono, se penetra en el vasto «patio del ejército» (34 m de largo, 32 m de ancho). A la izquierda, hacia el sur, el palacio de Ramsés II, cuyos muros interiores estaban decorados con azulejos. El rey disponía allí de una sala de audiencias, una habitación y un cuarto de baño. Desde su «ventana de aparición» contemplaba los ritos y distribuía recompensas y condecoraciones, especialmente collares de oro, a quienes habían servido bien a Egipto.

Templo de Ramsés III

La cara interior del pilono ofrece dos tipos de escenas. Alrededor de la puerta, el rey en presencia de las divinidades. En los dos macizos de las torres, nuevas escenas de combates, que corresponden a las del exterior. Faraón aplasta a las hordas indoeuropeas que forman los Pueblos del Mar. Idénticos enfrentamientos encontramos en los muros que bordean el patio, con un detalle macabro: los egipcios cuentan los cadáveres sumando las manos y los sexos cortados de sus víctimas.

Este patio se cierra con un segundo pilono, cuya decoración está también dedicada a las hazañas guerreras del rey. Da acceso al segundo gran patio (38 x 41 m) donde se levanta una estatua del monarca como Osiris. En los muros del fondo de los pórticos, encontramos algunos episodios guerreros, pero sobre todo se plasman dos grandes procesiones en honor de los dioses Sokaris y Min.

Sokaris

La de Sokaris empieza en el muro sur del patio y se prolonga por el muro oeste. Unos sacerdotes llevan el relicario del halcón momificado, con la cabeza coronada por dos plumas. A la proa de la barca de Sokaris vemos una cabeza de antílope, una especie de delantal de perlas y un cerro del que sale la rapaz. Sokaris, que conoce el secreto de los espacios subterráneos donde se prepara la resurrección, permite que el alma se introduzca sin temor en el pasillo de la tumba y penetre en el otro mundo.

El ritual del dios Min se revela en el muro norte del patio y continúa por el muro oeste. La procesión parte del palacio real. Varios sacerdotes llevan la estatua del dios, de pie sobre un gran escudo. A la cabeza va un toro blanco, símbolo de la potencia. Figuran igualmente portadores de mobiliario, de oriflamas y de estatuas de faraones. Los ancestros asisten a la ceremonia y la protegen. Faraón suelta cuatro pájaros que emprenden el vuelo hacia los puntos cardinales para anunciar al universo que Egipto es gobernado de acuerdo con Maat.

Rey Ramsés III

El rey siega con la hoz una gavilla que es ofrecida al toro blanco y de ese modo asegura la fecundidad del suelo por donde circula el fuego de Min. Para salir de este patio y llegar hasta el templo hay que subir por una rampa. Frente al umbral, una hilera de pilares, sigue luego otra de columnas papiriformes. Atum y Montu conducen al rey hacia el santuario. Allí es purificado, coronado y reconocido como Faraón.

El templo cerrado es, por desgracia, la parte peor conservada del edificio. Los techos han desaparecido y lo que debía permanecer en una semipenumbra está hoy abierto a los cuatro vientos. Existían tres salas con columnas, dispuestas en línea recta, que desembocaban en el sanctasanctórum: veinticuatro columnas para la primera, ocho para cada una de las dos siguientes y cuatro pilares sagrados para el santuario. Alrededor de este eje central, que constituye la espina dorsal del templo cubierto, hay cuarenta y una capillas.

Salas del templo

La primera sala de columnas, de la que subsiste únicamente la parte baja, está muy deteriorada. La parte inferior de los muros este y sur muestra de nuevo la purificación del faraón, su entrada en el templo inferior y su coronación. A la izquierda de esta sala, las cinco capillas de lo que se denomina el «Tesoro», que han conservado su techo. En ella Ramsés III ofrece a Amon los productos más refinados, que incluyen desde el oro y las piedras preciosas hasta obras maestras de orfebrería, arquillas con formas de animales, joyas e instrumentos de música. Aquí, según los relieves, se efectuaba la pesada del oro.

A la derecha de la sala de columnas encontramos unas capillas dedicadas a Ptah, Sokaris y al ka del rey. Tras estas capillas, el «matadero», que es en realidad el lugar de sacralización de los alimentos. Se depositaban en un altar las piezas elegidas, las que contenían el máximo de energía. A la izquierda de la segunda sala de columnas, el «aposento funerario» de Ramsés III, donde, como en una tumba, se describe la vida futura.

Faraón

Es coronado de nuevo, esta vez en el otro mundo. Una diosa inscribe su nombre en un gran árbol. El rey navega en barca por los canales y los lagos del más allá, recorre los campos paradisíacos donde cosecha el trigo maduro. Encuentra el fénix, descubre el
proceso de creación de la energía y habita ahora en los espacios celestiales, acompañado por los decanatos y las constelaciones.
A la derecha de la segunda sala de columnas, un templo solar, con un patio a cielo abierto y un altar. El alma del rey recibía allí los rayos bienhechores del astro del día.

A ambos lados de la última capilla, a la que se llega desde la tercera sala de columnas, hay varias capillas dedicadas a Mut y a Khonsu. En el centro descansaba la barca de Amón. Así quedaba reconstruida la tríada tebana. Aquí el rey se encontraba con Thot, el maestro de la ciencia sagrada, y con Maat, el regente de la armonía universal.