Pirámide de Keops medidas

Éstas son las medidas de la mayor de las pirámides: 146 m de altura en su origen, una asa de piedras de más de 2,5 millones de m3, más de 230 m de anchura de los lados en la base, 6 millones de toneladas de piedras, algunas de las cuales pesan más de 15
toneladas, una superficie de más de 4 hectáreas, 4 caras inclinadas a 51° 52′ y orientadas con sorprendente precisión hacia los cuatro puntos cardinales.

Keops

Del reinado de Keops, colocado bajo la protección del dios Khnum, que modelaba el mundo en su torno de alfarero, nada sabemos… ¡salvo que construyó la Gran Pirámide! Extrañamente, de él sólo subsiste una minúscula estatuilla que se conserva en el Museo de El Cairo. Un texto nos dice que su estatua de oro fue «traída al mundo», por lo tanto, que el espíritu del rey fue ritualmente resucitado.
El recinto, el templo funerario, la calzada cubierta de bajorrelieves han desaparecido casi por completo.

Del conjunto arquitectónico sólo subsiste el sanctasanctórum, es decir, la propia pirámide, y tres pequeñas pirámides al este. Una de ellas se convirtió en santuario de Isis durante la XXI dinastía. Al este se encuentra también el conjunto de las mastabas pertenecientes a los grandes personajes de la corte de Keops, entre ellos su madre, Hotep-Heres. En su tumba, inviolada, se descubrió un magnífico mobiliario que se expone en el Museo de El Cairo.

Pirámide de Keops curiosidades

En 1954 se produjo un inesperado acontecimiento cerca de la cara sur de la Gran Pirámide: unas excavaciones fortuitas permitieron encontrar unas inmensas losas, de 15 a 20 toneladas cada una. Al levantarlas se descubrió que protegían una barca de cedro del Líbano. Reconstruida en 1968, esta maravilla se expone hoy en una especie de museo, de desgraciada estética, ante la cara sur de la pirámide. Existían cuatro barcas más, una en aquella misma cara, dos en la cara este y la cuarta el norte. Servían para el viaje del espíritu del faraón por los espacios celestiales, que atravesaba tanto de noche como de día. Formaba parte de la tripulación divina que sin cesar recorría el universo velando por su equilibrio.

La visita al interior de la pirámide queda desaconsejada a los claustrofóbicos. Y no debe olvidarse que esta exploración corresponde al recorrido iniciático que efectuaba el alma real, oculta a la vista de los humanos. La entrada se encuentra en la cara norte, a 25 m por encima del suelo, en el nivel de la decimotercera hilada.

Cámaras secretas

Se empieza bajando por un corredor que desemboca en una primera encrucijada. Antes de poder ascender, debe tomarse un corredor descendente, bastante estrecho, por el que sólo se puede avanzar inclinado. Se llega a una cámara subterránea que se califica de inconclusa, pero que simboliza más bien el «reino bajo tierra», según el apelativo egipcio. Es el dominio subterráneo de los
dioses, la matriz donde nacen las potencialidades.

3 Cámaras de la pirámide de Guiza

Subiendo de nuevo desde aquel centro de la tierra, es posible tomar el corredor ascendente para llegar a una nueva encrucijada en la que se nos ofrecen tres posibilidades. La primera es un «pozo de descenso», sinuoso camino que nos devolvería al lugar del que venimos. La segunda es un camino que lleva hacia arriba, que irá ampliándose hasta convertirse en la «gran galería». La tercera es un camino horizontal que nos permite explorar el rellano alcanzado y penetrar en la cámara media de la pirámide, bautizada sin justificación alguna como «cámara de la reina» y situada en el eje del monumento. De 6,70 m de altura, 5,70 m de largo y 5,20 m de ancho, presenta unos bloques admirablemente ajustados y, en la pared este, hay una hornacina que sin duda evoca el nacimiento de la luz en el corazón de la piedra.

Galería de la pirámide

Regresando al punto de confluencia de las tres vías, proseguimos nuestro ascenso tomando la gran galería . Es un prodigio arquitectónico de 47 m de largo y 8,50 m de alto, que produce un poderoso sentimiento de elevación y vastedad, después de atravesar los estrechos corredores que hemos seguido. A lo largo de las paredes veremos unas banquetas en las que se abren cavidades.

En lo alto de la gran galería, debemos atravesar un ancho rellano antes de entrar en el último santuario, compuesto por tres partes: un vestíbulo, una antecámara cerrada por gradas de granito y la cámara de resurrección, llamada «cámara del rey». Con 5,85 m de alto, 10,45 m de largo y 5,22 m de ancho, está construida con bloques de granito y sus proporciones se establecieron de acuerdo con el triángulo  «pitagórico» o triángulo sagrado 3/4/5. Nueve losas de granito de 400 toneladas de peso forman el techo, y cabe pensar en una evocación de la Enéada de Heliópolis, cofradía de las divinidades creadoras.

En aquel lugar donde reina la divina proporción tenemos de pronto la impresión de respirar mejor. Y es cierto que gozamos de la presencia de dos canales de ventilación abiertos en los costados norte y sur de la pirámide. Son en realidad canales de orden espiritual: el primero permite al alma real emprender el vuelo hacia las estrellas circumpolares donde comulgará con las potencias divinas; el segundo permite alcanzar Orión, la matriz de las estrellas.

Sarcófago

Al oeste de la cámara de resurrección, un sarcófago de granito (1,03 m de alto, 2,24 m de largo, 0,96 m de ancho) sin ornamentos ni inscripciones y cuya tapa ha desaparecido. El nombre egipcio del sarcófago es «el señor de la vida», pues no se trataba de un lugar de muerte sino de un crisol alquímico donde el cuerpo osiríaco del faraón se transformaba en cuerpo de luz.
Por encima de la «cámara del rey», cinco pequeñas estancias superpuestas, muy bajas, la más alta de las cuales tiene un tejado a dos aguas.

Este extraño dispositivo tuvo al parecer el papel arquitectónico de aliviar la presión de las piedras sobre la cámara de resurrección, además de un efecto antisísmico. En las dos pequeñas estancias más elevadas se trazó en rojo el nombre de Keops. Desde lo alto de la Gran Pirámide, plataforma cuadrada que en su origen tenía unos 3 m de lado y en la que debía de estar colocado un piramidión, se admira un paisaje prodigioso, el de esa planicie alisada por las manos del hombre, un lugar mágico donde la eternidad está inscrita en la piedra.

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