Por fortuna, el templo bajo o «templo del valle» del conjunto arquitectónico de Kefrén se ha conservado. Este edificio de colosales bloques desprende una formidable impresión de potencia. Se trata de un cuadrado de 45 m de lado cuyos muros debían de alcanzar en su origen una altura de unos 15 m. Los materiales utilizados son granito y alabastro egipcio.

Templo de Kefrén

En la fachada, al este, se abren dos entradas custodiadas antaño por cuatro esfinges. Ambas dan acceso a un vestíbulo. Viene luego una gran sala dispuesta en T invertida con dieciséis pilares monolíticos. Contra las paredes se adosaban veintitrés estatuas de Kefrén. De este conjunto sobrevivió la admirable estatua del faraón sentado, que se conserva en el Museo de El Cairo.

A la izquierda, al sudoeste de la barra superior de la T invertida, hallamos tres profundas hornacinas. A la derecha, en el noroeste, el corredor que lleva hacia la pirámide. Antes de tomarlo, era preciso celebrar un culto en ese santuario de tres hornacinas donde se veneraba el principio creador en forma de tríada. El edificio estaba cubierto, reinaba en él una atmósfera de intenso recogimiento.
El arquitecto jugó con pequeñas aberturas para que la luz iluminara y animara con ello a las estatuas reales en función de los distintos momentos del día. De la calzada que llevaba hasta ese templo y del templo alto en el que desembocaba sólo subsisten escasos vestigios.

Altura pirámide de Kefrén

El templo alto, sin embargo, estaba aún parcialmente de pie en el siglo XVIII, antes de ser explotado como cantera. Queda un bloque de 400 toneladas, uno de los más grandes del paraje. El templo alto estaba basado en el n.º 5, pues en él se rendía culto a cinco estatuas reales, cinco aspectos de la personalidad simbólica del faraón. Con más de 143 m de altura en su origen (136,40 m hoy), la pirámide de Kefrén es fácilmente identificable gracias a la parte de revestimiento que ha conservado en su cima.

No menos impresionante que la de Keops, la pirámide de Kefrén presenta dos entradas: una a nivel del suelo, en el enlosado del contorno, utilizada por los visitantes, la otra a unos 12 m de altura, al nivel de la décima hilada. Ambas, según el proceso en vigor ya en la Gran Pirámide, desembocan en un corredor descendente. El corredor descendente que corresponde a la primera entrada llega a una cámara subterránea, «inconclusa» como es debido.

Al salir de este reino bajo tierra se asciende por un corredor y, en una parte horizontal, se encuentra con el otro corredor que parte de la segunda entrada. Así se realiza la reunión de ambos caminos. Los dos ya son uno solo, los aspectos distintos se han conciliado y la vía se hace recta, horizontal, casi fácil, hasta una vasta cámara de resurrección que contiene una cuba vacía y sin inscripciones. Cubierta de enormes bloques de calcáreo, esta sala mide 4,97 m por 14,13 m, alcanzando una altura de 6,84 m en su parte más elevada.

Sarcófago faraón Kefrén

Cerca del sarcófago, una cavidad destinada a los vasos canopes, que contenían las vísceras sacadas del cuerpo en el proceso de momificación. En el interior de esta pirámide reina una atmósfera muy distinta a la de Keops. No se hace hincapié en la verticalidad sino en la horizontalidad, y el recorrido interior parece más fácil, a condición de que se reúnan dos caminos que parecían separados,
como Faraón cuando iba tocado con la doble corona que reunía el Alto y el Bajo Egipto. Se realiza así el deseo formulado en el nombre egipcio de Kefrén: «Que la luz divina aparezca». Y no olvidemos que su pirámide se llamaba «la Grande», a causa de su importancia simbólica.