Periodo predinastico

Sólo un pequeño número de objetos de finales del Periodo predinastico se pueden
utilizar como fuentes históricas que documentan la transición hacia un Estado
plenamente unificado. Se trata de las estelas funerarias, las paletas votivas, las
cabezas de maza ceremoniales y las pequeñas etiquetas (de madera, marfil o hueso)
que en origen se ataron a objetos del ajuar funerario de la élite. En el caso de las
estelas, paletas y cabezas de maza, su intención evidente era conmemorar muchos
tipos distintos de actos de la realeza, ya fuera la propia muerte y enterramiento del
rey, ya un acto de devoción suyo hacia una deidad. Algunas de las etiquetas más
pequeñas y antiguas (en especial las recientemente encontradas en la «tumba real» Uj
en Abydos, de finales del Predinástico, son meros registros de la
naturaleza u origen del ajuar funerario al que estaban unidas; pero algunas de las
etiquetas posteriores, procedentes de las tumbas reales de Abidos, utilizan un
repertorio similar de representaciones de actos de la realeza para asignar a los objetos
en cuestión una fecha particular del reinado de un rey concreto.

En el Periodo predinastico si el propósito de este arte mueble de finales del cuarto milenio y comienzos del
tercero era etiquetar, conmemorar y fechar, entonces su decoración ha de ser
considerada en términos del deseo de comunicar el «contexto» del objeto atendiendo
al acontecimiento y al ritual. Nick Millet ha demostrado lo anterior en su análisis de
la Cabeza de Maza de Narmer, que formaba parte de un grupo de objetos votivos de
finales del Predinástico y comienzos de la época faraónica (entre los cuales se
encontraban la Paleta de Narmer y la Cabeza de Maza del rey Escorpión), excavados
por Quibell y Green en el recinto del templo de Hieracómpoüs. El análisis de las
escenas y textos de estos objetos se ve dificultado por nuestra moderna necesidad de
distinguir entre acontecimiento y ritual. Sin embargo, los antiguos egipcios mostraron
escasa inclinación por distinguir de forma consistente entre ambos y, de hecho, se
puede decir que la ideología egipcia durante el Período Faraónico —sobre todo por
cuanto está relacionada con la realeza— dependía del mantenimiento de un cierto
grado de confusión entre los acontecimientos reales y los actos puramente rituales o
mágicos.

Durante el Periodo predinastico en cuanto a las paletas y cabezas de maza, el egiptólogo canadiense Donald
Redford sugiere que tal vez existió la necesidad de recordar ese acontecimiento único
que fue la unificación a finales del tercer milenio a.C., pero que esos acontecimientos
se «conmemoran» más que se «narran». La distinción es crucial: no podemos esperar
desentrañar acontecimientos «históricos» a partir de unas escenas que son más
conmemorativas que descriptivas y, en caso de hacerlo, a menudo podemos vernos
inducidos al error.

Una de las fuentes históricas más importantes para el comienzo del Período
Dinástico Temprano (3000-2686 a.C.) y del Reino Antiguo (2686-2125 a.C.) es la
Piedra de Palermo, parte de una estela de basalto de la V Dinastía (c. 2400 a.C.)
inscrita por ambos lados con unos anales reales que se remontan hasta los míticos
gobernantes prehistóricos. El fragmento principal se conoce desde 1866 y en la
actualidad se conserva en la colección del Museo Arqueológico de Palermo (Sicilia),
si bien hay otros pedazos en el Museo Egipcio (El Cairo) y en el Museo Petrie
(Londres). La estela original debió de tener unos 2,1 metros de altura y 0,6 metros de
anchura, pero en la actualidad la mayor parte está perdida y no se conserva
información sobre su lugar de origen. Este objeto —junto a los «diarios», anales y
«listas reales» inscritas en las paredes de los templos y los papiros conservados en los
archivos templarios y palaciegos— fue sin duda el tipo de documento que consultó
Manetón cuando estaba compilando su historia o Aegyptiaca.
En el Periodo predinastico , el texto de la Piedra de Palermo enumera los anales de los reyes del Bajo Egipto,
comenzando con los muchos miles de años que se pensaba que habían reinado los
soberanos mitológicos, hasta llegar a la época del rey Horus, que se dice que entregó
el trono al rey humano Menes. Seguidamente se enumeran los soberanos humanos
hasta la V Dinastía. El texto está dividido en una serie de líneas verticales que se
curvan en su extremo superior, aparentemente para imitar el jeroglífico que significa
año de reinado (renpet), indicando de este modo los acontecimientos memorables de
cada uno de los años de reinado de cada rey. La situación en el Periodo predinastico se vuelve ligeramente
confusa por el hecho de que las fechas citadas en la Piedra de Palermo parecen
referirse a una serie de censos bianuales de ganado (hesbet) en vez de a los años que
el soberano reinó; por lo tanto, el número de «años» de las fechas puede muy bien
tener que multiplicarse por dos para encontrar el número real de años de reinado.

Los tipos de acontecimientos que se recogen en la Piedra de Palermo son las
ceremonias de culto, el pago de impuestos, la realización de esculturas, la
construcción de edificios y las guerras, precisamente el tipo de fenómenos que se
grababa en las etiquetas predinásticas de marfil y ébano procedentes de Abydos,
Sakkara y otros lugares de comienzos de la era histórica. La introducción del signo
renpet en las etiquetas, producida durante el reinado de Djet, facilita esta
comparación. No obstante, existen dos diferencias: la primera es que las etiquetas
incluyen información administrativa, cosa que no hace la Piedra de Palermo; y la
segunda que la Piedra de Palermo incluye la altura de la crecida del Nilo, cosa que no
hacen las etiquetas. Estos dos tipos de información parecen haber ocupado el mismo
espacio físico en los documentos, es decir, la parte inferior. Redford sugiere que los
genut del Reino Antiguo (los anales reales que se asume existieron, pero a excepción
de la Piedra de Palermo no han llegado hasta nosotros) se preocupaban por los
cambios hidráulicos/climáticos que, debido a sus cruciales consecuencias agrícolas y
económicas, eran en potencia el más importante aspecto de cambio por lo que
respecta a la reputación individual de cada rey. No obstante, este tipo de información
hidráulica puede haber sido considerada como irrelevante para la función
desempeñada por las etiquetas atadas al ajuar funerario.