Pepi I fue sucedido por dos de sus hijos, primero Merenra (nombre completo:
Merenranemtyemsaf, Horus Ankhkhau, 2287-2278 a.C.) y luego Pepi II (Horus
Netjerkhau, 2278-2184 a.C.). Ambos subieron al trono muy jóvenes y ambos
construyeron sus pirámides en Sakkara Sur. El reinado de casi noventa y cuatro años
de Pepi II (heredó el trono a la edad de seis años) fue el más largo del Antiguo
Egipto; pero su segunda mitad fue seguramente bastante ineficaz, pues fue entonces
cuando las fuerzas que insidiosamente habían ido minando los fundamentos teóricos
del Estado egipcio se hicieron patentes. La subsiguiente crisis era inevitable, porque
era el propio sistema el que contenía las semillas de la misma. En primer lugar se
trató de una crisis ideológica, porque el rey, cuyo poder económico se había
debilitado mucho, ya no podía llevar a cabo el papel que le tenía asignado la doctrina
de la realeza egipcia. Las consecuencias para la sociedad egipcia fueron serias: el
sistema de remuneración ex officio dejó de funcionar de forma satisfactoria y el
sistema fiscal posiblemente estuviera al borde del colapso.

Tumbas egipcias

Algunos cargos se volvieron hereditarios y se mantuvieron en la misma familia
durante varias generaciones. En el Alto y el Medio Egipto, tumbas excavadas en la
roca en lugares como Sedment, Dishasha, Kom el Ahmar Sawaris, Sheihk Said, Meir
Deir el Gebrawi, Akhmin (El Hawawish), El Hagarsa, El Qasr wa el Saiyad, Elkab y
Asuán (Qubbet el Hawa) nos indican las aspiraciones de los administradores locales,
que en ese momento serían gobernantes locales semiindependientes. Sabemos menos
de los correspondientes cementerios en el delta, si bien yacimientos como los de
Heliópolis, Kom el Hish y Mendes demuestran que existieron. La cercanía de la
capital pudo haber dificultado los intentos de conseguir una mayor autonomía; pero la
principal razón para la carencia de documentación son la geografía y la geología. Los
niveles del Reino Antiguo se encuentran cercanos o por debajo de la capa freática
actual y esto hace que sea muy difícil excavar. Sabemos mucho más sobre los
administradores locales del oasis de Dakhla, que vivían en el asentamiento de Ayn
Asil y fueron enterrados en grandes mastabas en el cementerio local (Qilat el Dabba).
El gobierno centralizado prácticamente dejó de existir y desaparecieron las
ventajas de un Estado unificado. La situación se vio agravada además por factores
climáticos, sobre todo por una serie de crecidas escasas y una disminución en las
precipitaciones que afectó a las zonas adyacentes al valle del Nilo, lo cual incrementó
la presión de los nómadas sobre las zonas fronterizas de Egipto. El hecho de que, tras
el excepcionalmente largo reinado de Pepi II, hubiera muchos potenciales sucesores
reales esperando en la sombra es posible que contribuyera al caos subsiguiente.

Merenra II

Pepi II fue sucedido por Merenra II (Nemtyemsaf), la reina Nitiqret (2184-2181
a.C.) y unos diecisiete o más reyes efímeros, que forman la VII y la VIII Dinastías de
Manetón. Las divisiones dinásticas del historiador ptolemaico son difíciles de
explicar, a no ser como divisiones accidentales en las listas. La mayoría de estos
soberanos son poco más que nombres para nosotros, pero algunos de ellos se conocen
por los decretos protectores promulgados para el templo de Min en Koptos. Qakara
Iby es el único cuya pequeña pirámide (31,5 metros de lado) ha sido encontrada en
Sakkara Sur. De modo que sólo la residencia menfita y una teórica afirmación de
control sobre todo Egipto conectaban a estos reyezuelos con los grandiosos monarcas
del Reino Antiguo. Con los 955 años que según el Canon de Turín separan Menes, a
comienzos de la I Dinastía, del último de estos reyes efímeros, termina el linaje de los
reyes menfitas y el período que describimos como el Reino Antiguo.