Nubia, tierra desaparecida

Elefantina (Asuán) fue considerada siempre como la frontera entre Egipto y Nubia,
«la tierra del arco». Desde el Imperio Antiguo, los faraones organizaron expediciones
para explorar el Gran Sur, someter a tribus a menudo levantiscas y conseguir
productos valiosos, comenzando por el oro. Fue Tutmosis III, en el Imperio Nuevo,
quien pacificó Nubia e inició la construcción de santuarios, antes de que Ramsés II se
afirmara como el mayor constructor de la región.
Un nubio, Piankhy, saldrá de su reino para conquistar Egipto restableciendo las
antiguas tradiciones. La XXV dinastía, llamada «etíope», verá cómo suben al
trono faraones negros y preservan los valores ancestrales. Y fue en Nubia, durante la
agonía de la civilización faraónica, donde sus últimos partidarios buscaron refugio.
En marzo de 1960, el mundo se conmovió al descubrir el peligro que acechaba a
Nubia. Nasser y su aliado Jruschev, primer secretario del Comité Central del Partido
Comunista de la Unión Soviética, decidieron construir en Asuán una nueva presa que
implicaba sumergir toda Nubia, es decir, expulsar a las poblaciones y con ello destruir
una cultura y gran número de notables monumentos.
Imposible salvar Nubia. Sin embargo, gracias a la Unesco y a la ayuda financiera
aportada por varios países, no todos los edificios quedarían sumergidos. Algunos
serían desmontados y montados de nuevo a orillas de la nueva extensión de agua, el
lago Nasser, mientras otros serían trasladados al extranjero. Así, el templo de Dendur
se encuentra actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York, Debod en
Madrid, Taffa en Leyden (Países Bajos) y al-Lesiya en el museo de Turto.
Para descubrir algunos monumentos de la antigua Nubia, la mejor solución
consiste en tomar un barco que recorra el lago Nasser, desde Asuán a Abu Simbel. El
viaje resulta fascinante y al mismo tiempo desgarrador. Fascinante por la belleza de
los paisajes y de los templos, desgarrador porque el viajero siente muy bien que
recorre una naturaleza artificial y el Nilo ha sido sustituido por un lago destructor de
más de 500 km de longitud.

Primera etapa: Kalabcha, Beit el-Uali y Kertassi

Cerca de la presa de Asuán, al sur, tres edificios han sido montados de nuevo y
reunidos. El templo de Kalabcha, el mayor de Nubia después de Abu Simbel, está
consagrado a una tríada formada por Mandulis (Horus), Uadjet (la diosa cobra de
Buto) y un joven dios halcón. La arquitectura es poderosa y puede admirarse el
«bautismo» del faraón, purificado por Horus y Thot, así como algunas escenas de
ofrenda. Imhotep era venerado en aquel lugar, adonde los enfermos acudían para
procurar su curación. En el santuario están presentes Isis y Osiris.
El pequeño templo de Beit el-Uali fue edificado por Ramsés II y algunos de sus
relieves han conservado sus colores. En el patio se evocan las batallas del faraón
contra los nubios, los sirios y los libios. Victorioso, Ramsés recibe como tributos de
Nubia anillos de oro, arcos, huevos de avestruz, pieles de leopardo y marfil. También
se le ofrecen animales salvajes, como el león, la jirafa, el avestruz y la gacela.
Seguido por Anukis, la soberana de la «Tierra del arco» que le concede millones de
años, el rey ofrece vasijas a Khnum que magnetiza a Satis, soberana del cielo. Y dos
diosas, Isis y Anukis, amamantan al joven Ramsés para infundirle una energía
sobrenatural.
Por lo que se refiere al elegante quiosco de Kertassi, que recuerda el de Trajano
en Filae, se encontraba a la entrada de las canteras de calcáreo. Las dos columnas de
la entrada tienen capiteles con cuatro rostros de Hator, las otras cuatro columnas,
capiteles florales. El quiosco sin duda era una etapa en la ruta del viaje de Isis por
Nubia.

Segunda etapa: Uadi es-Sebua, Dakka y Maharraqa


A 140 km al sur de la presa se encuentra un conjunto de tres templos trasladados
desde su lugar de origen y vueltos a montar.
El templo de Uadi es-Sebua, construido por Ramsés II, se caracteriza por su
avenida de esfinges. Las seis primeras tienen cabeza de faraón coronado, las cuatro
que siguen, cabeza de halcón. El faraón, representado como Osiris en el patio al aire
libre, recibe la vida de Horus, de Khnum, de Re-Horakhty y de Isis. Besado por Mut
y por Hator, hace ofrenda a las barcas de Amón y de Re-Horakhty.
Dakka es un templo impresionante, dedicado a «Thot del sicomoro», asociado a
Tefnut, que toma la forma de una leona. Trasladado 40 km arriba de su paraje
original, Dakka se compone de un gran pilono, un patio al aire libre, un pronaos, un
vestíbulo, una capilla construida por el rey nubio Arkamani, contemporáneo de
Ptolomeo VI, y de un santuario de la época romana.
Al viajero le es dado contemplar allí a una reina ofreciendo Maat a Thot y el
maestro de obras por excelencia, Imhotep. La escena más significativa muestra a
Thot, en forma de simio, intentando apaciguar a la furiosa leona que ha ido a Nubia
para examinar toda forma de vida. Con su prudencia, el dios del conocimiento
conseguirá devolverla a Egipto donde el poderío de la lejana diosa es indispensable.
El pequeño templo de Maharraqa data de la época romana. Se ven en él
divinidades como Osiris, Isis, Horus y, de nuevo, Thot y Tefnut.

Tercera etapa: Amada, Derry la tumba de Penmut

A 180 km al sur de la presa hay dos templos desplazados y una tumba. El templo de
Amada es de la XVIII dinastía y fue restaurado en la XIX, presenta una apariencia
poco espectacular. Se halla bajo la protección de Re-Horakhty y de Amón y destaca
por sus soberbios bajorrelieves. Además de las escenas de ofrenda, el viajero puede
admirar escenas de fundación del templo, de coronación, la carrera ritual del faraón,
su purificación por Thot y Horus. Hator toca el sistro y maneja el collar menat, el
símbolo de la fecundidad espiritual, en favor del faraón. Isis-escorpión besa al
monarca para transmitirle su potencia mágica.
Derr es uno de los templos construidos por Ramsés II y el único que se
encontraba originalmente en la orilla este. Cuenta con dos salas con columnas y un
santuario flanqueado por dos capillas. Allí se veneraba y exaltaba el ka de Ramsés, al
que vemos acompañado por su león doméstico. Procesiones de «hijos reales» e «hijas
reales» rinden homenaje al soberano que, vestido con una piel de pantera, lleva a
cabo ritos en honor de las barcas divinas.
En el santuario, Ramsés vive en compañía de Amón y de Mut, y consuma su
carrera de regeneración para la eternidad. Sin duda, en una hornacina excavada en la
roca se encontraban cuatro estatuas, la del ka real y tres divinidades más, parecidas a
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las de Abu Simbel.
Penmut era gobernador de la Baja Nubia y responsable de las canteras durante el
reinado de Ramsés VI. En 1937, las escenas pintadas estaban intactas. Hoy apenas se
conservan menos de la mitad. Se veía en ellas a Penmut y su esposa en presencia de
Thot, sufriendo la prueba del pesaje del corazón, presentándose ante Osiris y
venerando a Hator, regente de la montaña de Occidente.

Cuarta etapa: Qasr Ibrim

A 60 km al norte de Abu Simbel emerge una isla que alberga las ruinas de una
catedral cristiana (siglos VII-VIII). El resto de la colina está sumergido. El lugar
desempeñaba dos funciones en la Antigüedad: una de carácter sagrado, con varios
templos egipcios; la otra de carácter profano, con una fortaleza. En 536, cuando
Justiniano impuso un cristianismo radical, el templo de Isis fue destruido y el del
faraón Taharqa transformado en iglesia.
Ibrim desempeñó durante mucho tiempo un papel de paraje refugio, puesto que
sólo fue alcanzado en 1172 por una expedición árabe y hubo que esperar al siglo XV
para ver cómo sus habitantes se convertían por la fuerza al islam.
Este paraje melancólico es la última etapa antes del descubrimiento de una de las
maravillas del arte egipcio: los dos templos de Abu Simbel.

Expansión del primer Estado por Nubia

Existen pruebas de que durante la Dinastía 0 y el comienzo de la I Dinastía Egipto
se expandió por Nubia y mantuvo una presencia constante en el norte del Sinaí y el
sur de Palestina. La presencia egipcia en el sur de Palestina no duró hasta finales del
Dinástico Temprano, pero con la penetración egipcia en Nubia la cultura autóctona
del Grupo A terminó desapareciendo avanzada la I Dinastía.
La fuente de la riqueza del Grupo A era el comercio con las materias primas
exóticas procedentes de las regiones meridionales, que a través de Nubia llegaban
hasta el Alto Egipto. Con la unificación de Egipto en un gran Estado territorial, es
muy probable que la Corona deseara controlar este comercio de forma más directa, lo
que supuso el comienzo de las incursiones egipcias en la Baja Nubia. Una escena
grabada en una roca en Gebel Sheikh Suliman, cercana a Wadi Halfa y fechada al
comienzo de la I Dinastía (posiblemente durante el reinado de Djer), sugiere algún
tipo de victoria militar egipcia, mientras que en una tabula de ébano de Abydos puede
que aparezca representada una campaña nubia. Debido a las demostraciones de fuerza
egipcia, es posible que las gentes del Grupo A sencillamente abandonaran Nubia y se
instalaran en otro lugar (en las regiones meridionales o desérticas); en cualquier caso,
en la Baja Nubia no vuelve a haber restos de habitantes indígenas hasta la cultura del
Grupo C, que comenzó a finales del Reino Antiguo. En Buhen Norte se han
encontrado restos de una instalación egipcia, con estratos que posiblemente daten de
comienzos de la II Dinastía. No obstante, una datación más segura en Buhen nos la
proporcionan los sellos de los reyes de la IV y la V Dinastías, pero no se sabe a
ciencia cierta si durante el Dinástico Temprano hubo en Nubia fuertes o centros
administrativos/comerciales egipcios.
Las ciudades fortificadas encontradas en el norte y el sur de Palestina han sido
fechadas en el Período EBA II, que se corresponde con la I Dinastía, una relación que
depende de las pruebas encontradas por Petrie en dos tumbas reales de Abydos (las
de Den y Semerkhet). Petrie encontró una cerámica extranjera con dibujos pintados
que interpretó como egea. Conocida como «cerámica tipo Abydos», actualmente se
sabe que deriva de la cultura EBA II del sur de Palestina. En el estrato III de Ain
Besor, en la Palestina meridional, se han encontrado noventa fragmentos de
impresiones de sellos de reyes egipcios asociados a un pequeño edificio de ladrillo,
así como a cerámicas principalmente egipcias, entre ellas muchos fragmentos de
moldes de pan. Los sellos están hechos con arcilla local y evidentemente
pertenecieron a funcionarios reales de la I Dinastía. Los cuatro nombres reales que se
han leído (Djer, Den, Anedjib y probablemente Semerkhet), amén de la cerámica y
los sellos, sugieren un comercio de organización estatal dirigido por funcionarios
egipcios, que vivieron en este asentamiento durante la mayor parte de la I Dinastía.
Adam Shulman, que identificó los sellos, piensa que el yacimiento operaba como
punto egipcio de control fronterizo; un prototipo primitivo de aquellos que luego se
describirán en dos papiros de Época Ramésida. No obstante, estos restos desaparecen
del sur de Palestina durante la II Dinastía, quizá al interrumpirse el contacto terrestre
activo como resultado de la intensificación del contacto marítimo con el Líbano. Al
ser cada vez mayor la cantidad que se importaba de materias primas de la región
(madera, aceites y resinas de conífera), es posible que sólo cupiera trasladarlas por
barco y por ello se abandonara poco a poco la ruta terrestre palestina. Probablemente
sea significativo que las primeras pruebas de un rey egipcio en Biblos (Líbano)
pertenezcan al reinado de Khasekhemuy, el último soberano de la II Dinastía.

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