Neolítico

El Desierto Occidental fue abandonado hacia el final del Paleolítico Medio y la
gente sólo regresó allí en torno a 9300 a.C., como resultado de la fase húmeda del
Holoceno. Debido a la ausencia de poblamiento justo antes del comienzo del
Neolítico y a la ausencia de presencia humana después del mismo, las condiciones de
conservación arqueológica son muy buenas. Como la precipitación anual era sólo de
entre 100-200 mm (y caía probablemente durante una breve temporada estival), sólo
animales adaptados al desierto como la liebre y la gacela podían vivir en él. Sin
embargo, en comparación con las condiciones del Paleolítico Superior y Final,
supuso una enorme mejora en las condiciones de vida. La cantidad de lluvia no fue
constante y los intervalos áridos son de la mayor importancia para la diferenciación
cronológica. La lluvia era resultado del traslado hacia el norte de la zona del monzón;
por lo tanto, la ocupación humana del Desierto Occidental comenzó a partir del sur.
Es más que probable que los grupos humanos que allí se asentaron procedieran del
valle del Nilo, una idea que se basa sobre todo en la ausencia de otras posibilidades
para explicarla, pero que parece confirmarse gracias a las similitudes de la técnica
lítica con la de los yacimientos del valle del Nilo nubio.
En Egipto, las más antiguas culturas «neolíticas» surgieron en el Desierto
Occidental. No obstante, hay que dejar claro desde el principio que todavía no se ha
documentado agricultura del Sahara en el Neolítico. Esta cultura ha sido identificada
como neolítica basándose únicamente en las pruebas de la existencia de cría de
ganado. Por lo tanto, el Neolítico del Sahara es por completo diferente de la cultura
neolítica que apareció aproximadamente por esas mismas fechas en Israel, donde el
término «economía neolítica» es sinónimo de un proceso durante el cual surgió la
agricultura, a la cual se unió posteriormente la cría de ganado. Lo más probable es
que el proceso de neolitización acontecido en Egipto sea por completo independiente
del de Israel. Debido a la ausencia de agricultura y a la presencia de algunas
cerámicas se ha sugerido que a esta cultura del Sahara se le aplique el término
«cerámico», opuesto a «neolítico».
Se pueden distinguir dos períodos principales: el Neolítico Temprano (8800-6800
a.C.) y un período más reciente que comprende el Neolítico Medio (6500-5100 a.C.)
y Neolítico Final (5100-4700 a.C.). La información más completa del Neolítico
Temprano procede de los yacimientos cercanos a Nabta Playa y Bir Kiseiba. La
mayoría de ellos son pequeños yacimientos temporales de cazadores-recolectores.
Los yacimientos de mayor tamaño siempre se encuentran localizados en las partes
bajas de las cuencas de playa. Si bien aparentemente estos yacimientos se utilizaban
durante períodos más largos, también eran abandonados de forma periódica, puesto
que las cuencas de playa se inundaban de forma estacional. El sedentarismo todavía
no se conocía.
La industria lítica se caracteriza por numerosas hojitas de dorso (a menudo
puntiagudas) y algunas geométricas, muy escasas, así como herramientas con la
técnica del microburil. Cualquier muestreo faunístico, no importa el tamaño que
tenga, cuenta con unos pocos huesos de reses que, según sus excavadores, estaban
domesticadas (si bien no se trata de una interpretación generalmente aceptada),
puesto que parece poco probable que las reses pudieran sobrevivir sin ayuda humana
en entornos áridos, en los cuales sólo pueden vivir sin ese apoyo los animales
adaptados al desierto. Destaca que la fauna no incluya restos de alcélafo del cabo, un
animal que a menudo comparte el mismo nicho ecológico que las reses salvajes. Por
lo tanto, lo más probable es que los pastores criaran ganado salvaje, pues se trata de
un entorno en el cual las reses domésticas no hubieran sido capaces de sobrevivir por
sí mismas. Es posible que antes de 7500 a.C. los humanos y el ganado sólo acudieran
al desierto durante y después de las lluvias estivales, que coincidían con el período de
crecida del valle de Nilo, durante el cual hubiera sido difícil encontrar zonas de pasto.
Con posterioridad a 7500 a.C. está atestiguada la excavación de pozos de agua en Bir
Kiseiba y otros yacimientos. Algunos de ellos poseen un pequeño pilón lateral poco
profundo para abrevar animales. La escasez de huesos de res indica que los animales
no se utilizaban como fuente de carne, sino principalmente como fuente de proteínas
en forma de leche y sangre. Así, del mismo modo que los humanos ayudaban a las
reses a sobrevivir en el Desierto Occidental, los animales permitían a los humanos
vivir en este difícil entorno. Al mismo tiempo que criaban ganado, cazaban animales
salvajes locales, principalmente liebres y gacelas.
Se supone que las piedras de moler encontradas en casi todos los yacimientos
desde comienzos del Neolítico Temprano se utilizaban para procesar las plantas
silvestres recolectadas, pero las plantas en sí mismas sólo se han encontrado en el
yacimiento E-75-6 de Nabta Playa. Entre ellas figuran hierbas silvestres, frutos de
Ziziphus y sorgo silvestre.
Todos los yacimientos del Neolítico Temprano han producido fragmentos de
cerámica, si bien en cantidades muy pequeñas. Los recipientes son de formas muy
sencillas, pero están cuidadosamente elaborados y cocidos, así como decorados. Por
lo general toda la superficie del recipiente está repleta de líneas y puntos incisos, a
menudo creados con peines o cuerdas, probablemente con la intención de imitar
cestas. Los huevos de avestruz, utilizados como recipientes para agua, son mucho
más habituales que los recipientes de cerámica. La escasez de fragmentos de
cerámica sugiere que ésta no se utilizaba de forma regular en la vida diaria. No es
posible determinar la función exacta de la cerámica; pero resulta evidente que poseyó
un gran significado social y —debido a su decoración— es probable que también
simbólico. Parece incuestionable que esta cerámica es un invento africano
independiente.
El yacimiento E-75-6 (en torno a 7000 a.C.) es uno de los más interesantes del
Neolítico Temprano de Nabta Playa. Esta cuenca de desagüe recibía suficiente agua
como para almacenar grandes cantidades de agua superficial, a la cual podía
accederse mediante pozos durante la temporada seca. El yacimiento consiste en tres o
cuatro filas de chozas, cada una de las cuales probablemente represente una variación
en la orilla del lago, acompañadas de excavaciones acampanadas en forma de fosos
de almacenamiento y pozos para la extracción de agua. No resulta posible calcular el
número de chozas que se estaban utilizando al mismo tiempo. A pesar de su tamaño,
no se trata de un asentamiento permanente.
Fue durante el Neolítico Medio y el Neolítico Tardío (6600-5100 y 5100-4700
a.C. respectivamente) cuando la ocupación humana del Desierto Occidental alcanzó
su apogeo. Los yacimientos de esta época son muy numerosos y, si bien la mayoría
son de escaso tamaño, también hay algunos muy grandes. Las estructuras artificiales
son más habituales que anteriormente, incluidos pozos, casas revestidas con losas y
restos de construcciones de adobe y cañas. Es probable que los grandes yacimientos
cercanos a los lagos con playa fueran asentamientos permanentes, mientras que los
más pequeños serían resultado de la presencia de pastores, que se alejaban de los
asentamientos principales para apacentar al ganado en las praderas formadas tras las
lluvias estivales. La presencia de conchas demuestra la existencia de contactos tanto
con el valle del Nilo como con el mar Rojo; pero es probable que estos grupos
humanos permanecieran en el desierto durante todo el año. Al igual que en el
Neolítico Temprano, las reses domésticas eran criadas como fuentes vivientes de
proteínas. A pesar de que la cabra y la oveja también aparecen ahora por primera vez
(en torno a 5600 a.C.), la mayor parte de la carne se obtenía de los animales salvajes.
De nuevo se asume que por estas fechas se consumía ya una gran variedad de plantas
silvestres.
En el Neolítico Medio hubo un cambio dramático en la técnica lítica. La
producción de hojas dejó de ser tan frecuente y como sustituto comenzaron a
introducirse de forma gradual las bifaciales para foliáceas y puntas de flechas de base
cóncava. Las geométricas, excepto las lunáceas, eran raras. En los yacimientos del
Neolítico Final son habituales las piedras de moler de forma cóncava. En los ajuares
de esta época también son habituales las piedras celtas pulidas y sin pulir, las paletas
y los adornos; junto a hojas de golpe lateral, están considerados característicos de este
período. Las cerámicas anteriores a 5100 a.C. entran dentro de la tradición «saharosudanesa
» o «Jartún», similar a la de la cerámica del Neolítico Temprano, si bien la
decoración tiende a consistir en diseños más complejos. Este tipo de cerámica
desapareció de un modo algo abrupto poco antes de 4900 a.C., siendo reemplazada en
Nabta Playa y Bir Kiseiba por cerámica bruñida y pulida (ocasionalmente con bordes
negros). Los motivos para este repentino cambio en modo alguno son evidentes, pero
su presencia en el Desierto Occidental es de gran importancia para nuestra
comprensión de los orígenes de las culturas predinásticas en el valle del Nilo.
En Nabta Playa se ha descubierto un notable complejo megalítico junto a un
yacimiento del Neolítico Final excepcionalmente grande. Consiste en tres partes: un
alineamiento de diez grandes piedras (de 2×3 metros), un círculo de pequeñas losas
erguidas (de casi 4 metros de diámetro) y dos túmulos cubiertos de losas, uno de los
cuales posee una cámara subterránea que contenía los restos de un toro de cuernos
largos. En otros lugares de la cuenca de Nabta se han encontrado otros alineamientos
de megalitos. Si bien su función no está del todo clara, estas construcciones
megalíticas son una expresión de «arquitectura pública» y, por lo tanto, hacen
referencia a una sociedad cada vez más compleja.
En el oasis de Dakhla se han diferenciado varias unidades arqueológicas cuyas
fases principales se conocen como Masara, Bashendi y Sheikh Muftah. La fase
Masara es contemporánea (y similar) al Neolítico Temprano de Nabta Playa y Bir
Kiseiba. Las culturas Bashendi y Sheikh Muftah son Neolítico Medio y Tardío y
continúan hasta la época dinástica. Estas dos culturas neolíticas se caracterizan por
dos tipos diferentes de asentamiento: los del tipo Sheikh Muftah están en estrecha
relación con sedimentos lacustres, mientras que los yacimientos Bashendi se
encuentran situados justo fuera del propio oasis. Se ha sugerido que puede tratarse de
dos tipos diferentes de ocupación. Los yacimientos Sheihk Muftah podrían ser el
resultado de una habitación a tiempo completo de los oasis, mientras que los
yacimientos Bashendi lo serían de la llegada de visitantes periódicos, probablemente
pastores nómadas. A partir de aproximadamente 5400 a.C., la gente comenzó a
depender más de sus rebaños de animales domésticos (importados desde el Levante,
principalmente cabras), al tiempo que seguían cazando de forma esporádica.
La técnica lítica de la cultura Bashendi es similar a la del Neolítico Medio y
Tardío, con el añadido de varios tipos de puntas de flecha, a menudo retocadas de
forma bifacial. Desde poco antes de 4900 a.C. se produce en los yacimientos
Bashendi cerámica bruñida y pulida, ligeramente similar a los fragmentos de
cerámica encontrados en Nabta Playa y Bir Kiseiba, mientras que en los yacimientos
del oasis de Dakhla se encuentran ocasionales fragmentos de cerámica de borde
superior negro. En la zona sureste de Dakhla existen varias estructuras de piedra. No
está claro hasta qué punto este oasis es representativo de los oasis del Desierto
Occidental; pero es evidente que cuenta con fortísimos paralelos culturales con el
valle del Nilo.
A partir de 4900 a.C. el desierto se va volviendo cada vez más inhabitable como
resultado de la llegada del clima árido que todavía encontramos en la actualidad. No
obstante, unas pocas zonas escogidas siguieron ocupadas durante la época histórica.

El Neolítico del valle del Nilo

En el valle del Nilo no se han encontrado restos de los habitantes de los Desiertos
Occidental y Oriental que no pertenezcan a las culturas elkabiense y qaruniense. No
hay pruebas de transición hacia la agricultura, que ya estaba bien asentada en el
Levante desde 8500 a.C. La población egipcia parece haber continuado con su modo
tradicional de vida, basado en la pesca, la caza y la recolección. Desafortunadamente,
no poseemos información sobre la población humana del valle del Nilo entre los años
7000 y 5400 a.C.
La cultura tarifiense se conoce gracias a un pequeño yacimiento en El Tarifi en la
necrópolis de Tebas, y a otro situado en las cercanías de Armant. Es una fase
cerámica de una cultura epipaleolítica local, la cual, pese a todo, sigue siendo
desconocida. No muestra ningún tipo de relación con la posterior cultura de Nagada y
su relación con la cultura badariense tampoco está clara, si bien aparentemente su
industria lítica no posee ninguna relación cercana. El tarifiense se caracteriza por una
industria de lascas que, por un lado, posee un pequeño componente microlítico
referido al Epipaleolítico y, por el otro, algunas piezas bifaciales que anuncian la
cultura neolítica. La cerámica, desgrasada principalmente con componentes
orgánicos, se limita a varios fragmentos pequeños. No se conocen restos de
agricultura o cría de animales. Tampoco se han encontrado restos de estructuras y se
piensa que el asentamiento de El Tarif era similar a los campamentos del Paleolítico
Final.
La cultura fayumiense, idéntica al Fayum A de Caton-Thompson, comienza en
torno a 5450 a.C. y desaparece en torno a 4000 a.C. Las diferencias tecnológicas y
tipológicas entre el qaruniense y el fayumiense son tan importantes que no es
imposible pensar que la segunda se desarrollara de forma independiente con respecto
a la primera. La tecnología lítica fayumiense está claramente relacionada con la del
Neolítico Final del Desierto Occidental. La gente vivía a lo largo de la antigua playa
del lago Fayum y los restos más importantes encontrados hasta el momento son
grupos de pozos para almacenamiento de grano, a menudo revestidos con esteras. Por
primera vez en Egipto, la agricultura, muy probablemente introducida desde el
Levante, es con claridad la base de la subsistencia. Se cultivaban el trigo y la cebada
de seis carreras y probablemente también el lino. Como los pozos-almacén están
agrupados, se supone que la agricultura se practicaba de forma comunitaria. Una zona
de almacén está compuesta por 109 silos, con diámetros que van desde los 30 hasta
los 150 centímetros y una profundidad que oscila entre los 30 y los 90 centímetros, lo
que supone una gran capacidad de almacenamiento. Además de la agricultura, la cría
de ganado también era importante, existiendo pruebas de la presencia de
ovejas/cabras, reses y cerdos. Los peces siguieron siendo básicos para la economía.
La cerámica fayumiense está fabricada de manera tosca y es de formas sencillas.
Un limitado número de piezas tienen engobe rojo y están bruñidas, pero no se ha
encontrado ninguna decorada. La industria lítica es de lascas, con un componente
menor bifacial. A partir de la presencia de conchas de especies tanto del Mediterráneo
como del mar Rojo, de paletas nubias para cosméticos y de cuentas de feldespato
verde, se ha inferido la existencia de relaciones a larga distancia, probablemente
indirectas; no se ha encontrado cobre.
El gran yacimiento de Merimda Beni Salama se encuentra situado en una terraza
baja en el límite del delta occidental del Nilo. Los escombros del yacimiento poseen
una potencia de 2,5 metros y consisten en cinco niveles, tres de los cuales
corresponden a tres fases culturales principales. Ocupan un largo período de tiempo,
entre los años 5000 y 4100 a.C. El Nivel I, llamado Urschicht, es claramente distinto
de las fases más recientes y se caracteriza por una cerámica sin desgrasar, tanto
pulida como sin pulir; la decoración en espiguilla es típica de esta fase cerámica (y
pese a todo no muy habitual). La industria lítica del Nivel I se caracteriza por una
tecnología de lascas y la presencia de numerosos raspadores y herramientas retocadas
bifaciales. Los restos del asentamiento de este nivel se limitan a los hogares y
vestigios de refugios poco sólidos. La economía probablemente fuera una mezcla de
agricultura, cría de ganado (ovejas, reses y cerdos) relacionada con el Levante, pero
también de caza y pesca. Los análisis de radiocarbono sugieren una fecha situada en
torno a 4800 a.C., si bien el excavador considera esta estimación demasiado moderna.
En las recientes excavaciones en la cueva Sodmein, cerca de Quseir, también se ha
encontrado cerámica con decoración de espiguilla.
Es probable que entre la ocupación de los Niveles I y II de Merimda se produjera
una interrupción. El Nivel II, conocido como Mittleren Merimdekultur y cuyo
excavador considera relacionado con las culturas saharo-sudanesas, se caracteriza por
una ocupación más densa del yacimiento, con sencillas viviendas ovaladas de madera
y cestería, hogares bien desarrollados, jarras de almacenamiento enterradas en suelos
de arcilla y grandes cestas forradas de arcilla situadas en pozos auxiliares y que
hacían las veces de granero. Entre las viviendas también se encontraron
enterramientos en posición fetal. La cerámica es por completo diferente a la del
período final, porque está desgrasada con paja, pero las formas siguen siendo muy
simples. Casi la mitad de la cerámica es pulida y ninguna parece haber estado
decorada. La industria lítica es predominantemente bifacial. En Merimda aparecen
por primera vez las puntas de flecha de base cóncava. Se han encontrado grandes
cantidades de objetos de hueso, marfil y concha; son típicos los arpones de tres
dientes. La agricultura continúa siendo la base de la actividad económica, pero a
juzgar por el número de huesos el ganado creció en importancia; la pesca y la caza
siguen estando bien atestiguadas. No se dispone de fechas de radiocarbono, si bien el
excavador del yacimiento ha propuesto una fecha entre los años 5500 y 4500 a.C.
Los Niveles III-V se llaman Jüngeren Merimdekutur y se corresponden con la
fase identificada a comienzos del siglo XX por el primer excavador del yacimiento
como cultura merimda «clásica». En esta etapa, Merimda consistía en un gran
poblado de chozas de barro y zonas de trabajo. A lo largo de calles estrechas se
alineaban, apretadas, casas ovaladas bien construidas. Los edificios tienen entre 1,5 y
3 metros de anchura, con los suelos excavados a una profundidad de 40 centímetros y
muros de barro desgrasado con paja; las cubiertas son de materiales ligeros, como
ramas y cañas. En el interior de las casas se descubrieron hogares, piedras de moler,
jarras de agua enterradas y agujeros que en tiempos contuvieron recipientes de
cerámica, lo que indica que en el interior se desarrollaban actividades domésticas
diversas. Los graneros están asociados a viviendas individuales, lo cual demuestra
que las unidades familiares se habían vuelto más o menos independientes
económicamente. En líneas generales se puede decir que, en lo que respecta a la vida
del poblado, en el asentamiento de Merimda la organización es formal. Entre las
casas se encontraron enterramientos en posición fetal situados en agujeros ovalados
de escasa profundidad. Es notable que en ellos apenas se incluyera ningún ajuar
funerario. Tanto la ausencia de éste como la localización de las tumbas en el interior
del asentamiento son aspectos del protocolo funerario que parecen contrastar
ampliamente con las costumbres funerarias del Alto Egipto. Sin embargo, dado el
limitado número de tumbas (menos de doscientas), la restringida presencia de adultos
varones y la presencia de cierta confusión estratigráfica, parece probable que dentro
del asentamiento sólo se enterraran niños y adolescentes, lo cual también sucedía en
el Alto Egipto, mientras los adultos eran inhumados en áreas que sólo con
posterioridad resultaban ocupadas por viviendas. Por lo tanto, hemos de suponer que
la mayoría de cementerios están todavía por descubrir.
La evolución de la cerámica muestra una tendencia hacia formas cerradas, con la
mitad del repertorio constituido por grandes recipientes de factura grosera. El pulido
se utiliza para decorar y durante este período la cerámica pulida se convierte en
roja/negra. Comparada con la de la fase previa de ocupación de Merimda, la
tecnología bifacial del sílex mejora. Siguen siendo frecuentes las herramientas hechas
de hueso, marfil y conchas. Con todo, lo más destacado es un pequeño número de
figurillas. Una de ellas es una cabeza aproximadamente cilíndrica de una figura
humana, cubierta de pequeños agujeros destinados evidentemente a la aplicación de
pelo y barba. La forma de los agujeros parece indicar que el pelo fue imitado con
plumas. En un principio la cabeza podría haber estado unida a un cuerpo de madera,
lo cual la convierte en la más antigua representación humana encontrada en Egipto.
Según su excavador, el período más reciente de Merimda sería equivalente al
fayumiense. Sin embargo, las fechas de radicarbono sólo confirman en parte esta
teoría, pues según ellas la Jüngeren Merimdekultur ha de asignarse al período entre
4600 y 4100 a.C. y, por lo tanto, sólo sería contemporánea con la segunda mitad del
fayumiense.
En el Bajo Egipto, varios yacimientos cercanos a Wadi Hof-Helwan consisten en
asentamientos y cementerios separados. Conforman una cultura neolítica que se
bautizó cultura El Omari, según el nombre de su descubridor, Amin el Omari. Data
de entre 4600-4350 a.C. y, por lo tanto, es contemporánea la Jüngeren
Merimdekultur. En los asentamientos se han encontrado sobre todo pozos, destinados
tanto a verter los desechos como a servir de almacén. No es posible describir con
exactitud las construcciones asociadas a ellos, pero no cabe duda de que eran ligeras.
Los cementerios se situaban en zonas del asentamiento que se habían dejado de
utilizar. Todas las tumbas están excavadas en el suelo y contienen cuerpos en
posición fetal, preferentemente orientados hacia el sur y depositados sobre el costado
izquierdo.
Las formas de la cerámica El Omari, que siempre posee desgrasantes orgánicos,
son muy simples y muchos recipientes están pulidos y a menudo tienen engobe rojo.
La industria lítica muestra la misma mejora en la técnica bifacial que en Merimda IIV.
La agricultura y la cría de ganado (ovejas/cabras, reses y cerdos) son la base de la
subsistencia en El Omari, pero la pesca era particularmente importante. La caza en el
desierto, por el contrario, apenas se practicaba.
La presencia de cabras domésticas desde aproximadamente 5900 a.C., tanto en el
Desierto Occidental como en el Oriental, resulta asombrosa cuando se compara con el
momento de su aparición en el valle del Nilo, que se produjo unos cinco siglos
después.

Sigue la historia de Egipto en la CULTURA BADARIENSE