Mentuhotep II

Mentuhotep II gobernó desde Tebas, que hasta entonces no había sido una ciudad
especialmente importante del Alto Egipto. Se encontraba bien situada para poder
controlar a los restantes nomarcas (gobernadores regionales) y la mayoría de los
funcionarios de Mentuhotep eran de la zona. El alcance de sus funciones era amplio:
el visir Khety dirigió campañas en Nubia en nombre de su señor, mientras que el
canciller Mera controlaba el Desierto Oriental y los oasis. Este último cargo poseía
entonces mucha más relevancia de la que tuvo durante el Reino Antiguo. Para
acompañar al cargo ya existente de «gobernador del Alto Egipto», se creó el de
«gobernador del Bajo Egipto», que disfrutaba del mismo poder que el primero. El
fortalecimiento del poder central aumentó el control del rey sobre sus funcionarios, al
mismo tiempo que restringía el poder de los nomarcas, quienes durante el Primer
Período Intermedio habían gozado de completa independencia.
Es probable que Mentuhotep redujera el número de nomarcas. No cabe duda, por
ejemplo, de que el gobernador de Asyut perdió el poder debido a su apoyo a la causa
heracleopolitana. En cambio, los nomarcas de Beni Hasan y Hermópolis mantuvieron
el mismo control que hasta entonces, quizá como recompensa por ayudar a los
ejércitos de los nomarcas tebanos. Los gobernadores de Nag el Deir, Akhmin y Deir
el Gebrawi también mantuvieron sus cargos. No obstante, la conducta de los
nomarcas era vigilada por los funcionarios de la corte real, que recorrían el territorio
con regularidad.
Otro indicio del regreso a un gobierno egipcio centralizado y fuerte lo
encontramos en las expediciones realizadas fuera de las fronteras del país. Uno de los
más famosos jefes de expedición de la época fue Khety (el funcionario representado
en el relieve de Shatt el Rigal descrito párrafos atrás), que patrulló la zona del Sinaí y
también llevó a cabo misiones en Asuán. Henenu, el «supervisor del cuerno, pezuña,
cuero y peso», era el mayordomo del rey; entre sus numerosas obligaciones estuvo la
de viajar tan lejos como el Líbano en busca de cedro para su señor. Estos viajes
sugieren que Egipto estaba comenzando a restaurar su influencia en el mundo
exterior.

Alto Egipto

Además de las numerosas campañas rnilitares organizadas durante los cincuenta y
un años de reinado, este soberano también fue responsable de la construcción de
numerosos edificios, si bien la mayor parte de ellos ya no existen. Muchos de los
templos y capillas que erigió se encuentran en el Alto Egipto: Dendera, Gebelein,
Abydos, Tod, Armant, Elkab, Karnak y Asuán. Cerca de Qantir, en el delta oriental,
un equipo holandés-ruso ha descubierto un templo del Reino Medio. Su arquitectura
es similar a la del complejo funerario de Mentuhotep en Deir el Bahari, pero todavía
no se han publicado fechas definitivas para el mismo.
Durante el Reino Medio, los cementerios reales siguieron evolucionando, no sólo
en cuanto a su arquitectura, sino también estructural y espacialmente. Este cambio
constante parece reflejar la búsqueda de una solución espiritual a la cuestión sobre
cuál es el tipo de tumba más efectivo, algo muy evidente en el monumento funerario
de Mentuhotep en Deir el Bahari, en la orilla occidental de Tebas. Se trata, con
mucho, del más impresionante de los edificios conservados de este soberano, si bien
no es gran cosa lo que queda de él. El diseño del templo es único, pues ninguno de
sus sucesores de la XI Dinastía (Sankhara Mentuhotep III y Nebtawyra Mentuhotep
IV) llegó a terminar sus tumbas y los reyes de la XII Dinastía se inspiraron para las
suyas en modelos del Reino Antiguo. El tipo de tumba utilizado por los anteriores
soberanos tebanos fue la tumba saff (véase el capítulo 6), que excavaron en la zona de
El Tarif, en la orilla occidental de Tebas; sin embargo, el monumento de Mentuhotep
terminó con esa tradición. Si bien da la impresión de que alguno de los arquitectos
del soberano estuvo implicado en la construcción de tumbas saff, el complejo
funerario de Mentuhotep revela una visión que anteriormente faltaba en los modelos
de tumbas tebanas y heracleopolitanas. No es de extrañar que el edificio sea
reconocido como el más importante del período que se extiende entre el final del
Reino Antiguo y el comienzo de la XII Dinastía.
Este inspirador símbolo de la reunificación de Egipto fue el epítome de un nuevo
comienzo. Se trata, por ejemplo, de la primera estructura regia que hizo hincapié en
las creencias osiriacas, en lo que es un reflejo de la «equiparación» habida entre los
cultos funerarios del rey y de la gente del común durante el Primer Período
Intermedio. Significativas innovaciones de este templo fueron los deambulatorios en
forma de galerías abiertas añadidos al edificio central y el uso de terrazas. El diseño
incorporaba una arboleda de sicómoros y tamariscos situada frente al templo; cada
árbol fue plantado dentro de un hoyo de diez metros de profundidad excavado en la
roca y rellenado luego con tierra fértil. Una calzada larga y descubierta llevaba desde
este patio con árboles hasta la terraza superior, sobre la cual se construyó el edificio
central. Este pudo haber tenido la forma de una mastaba cuadrada (coronada quizá
por una colina); detrás del mismo había una sala hipóstila y luego el centro de culto.
Las tumbas de las esposas del rey, las reinas Neferu y Tem, fueron incluidas en el
complejo: la segunda fue enterrada en una tumba dromos en la parte posterior del
templo y la primera en una tumba en la roca, excavada dentro del muro norte del
temenos del patio anterior. Detrás del edificio central, a lo largo del corredor
occidental, se encontraron capillas y tumbas para otras seis mujeres, cuatro de las
cuales poseían el título de «esposa real». Los enterramientos pertenecen a la primera
fase del templo de Mentuhotep. Cuando fueron excavadas, varias de estas tumbas
contenían aún los enterramientos originales y con ellos las primeras pruebas del uso
de maquetas funerarias, que representaban tanto el sarcófago como el cuerpo del
difunto (los precursores de las figuras shabti que tan populares se volvieron en fechas
posteriores). Las mujeres enterradas en el acceso occidental parecen haber sido de
categoría inferior a Neferu y Tem, y todas eran jóvenes: la mayor, Ashaiyet, tenía
veintidós años y la más joven, Mayt (cuya capilla, muy destruida, no contiene
indicios del título de «esposa»), era una niña de sólo cinco años de edad. El
significado de estas esposas de inferior categoría es incierto. Pueden haber sido hijas
de nobles a los cuales el rey deseaba tener controlados, pero la mayoría aparecen
mencionadas como sacerdotisas de Hathor; por lo tanto, se ha sugerido que sus
tumbas pueden haber formado parte de un culto hathórico del rey dentro de su
complejo mortuorio. Otro enigma es que los enterramientos parecen ser
contemporáneos entre sí. ¿Acaso estas mujeres murieron juntas en algún tipo de
desastre?
Es evidente que las capillas de las tumbas de las seis mujeres pertenecen a la
misma etapa constructiva que la tumba conocida como Bab el Hosan, que se
encuentra bajo el antepatio del templo. Dieter Arnold considera que esta tumba real
es un enterramiento anterior e incompleto destinado al rey. Fue aquí donde se
encontró una estatua de piel negra con ropajes de fiesta. El inusual color de la piel es
otra de las muchas referencias a Osiris, que simboliza la fertilidad y los poderes
regeneradores de Mentuhotep II.
Si bien el templo estaba totalmente decorado, no se han conservado suficientes
dibujos y relieves como para poder reconstruir de forma fiable el diseño y la
decoración generales del mismo, aunque existen varios temas definidos: se enfatizan
los aspectos sobrenaturales y osirianos del rey, pero también hay escenas de la vida
cortesana. La naturaleza regional del trabajo artístico es evidente en muchos de los
fragmentos de decoración pintada, donde elementos característicos muy visibles son
los labios gruesos, los ojos grandes y unos cuerpos exageradamente delgados y poco
elegantes. No obstante, también hay algunos relieves magistralmente tallados (sobre
todo en las capillas de las esposas jóvenes), más típicos de la escuela menfita. La
mezcla de técnicas refleja la situación política indicada por la biografía de alguno de
los artesanos, las cuales muestran que también ellos procedían de diversas regiones
de Egipto, de donde vinieron trayendo sus tradiciones locales. Con el tiempo, el estilo
menfita prevaleció, pero pasaron varias generaciones antes de que reemplazara a los
géneros artísticos regionales en todo Egipto.
Si bien no es posible señalar ningún monumento de Mentuhotep II en el templo
de Amón en Karnak, sí hay una referencia al dios en el templo del soberano, cuya
localización en la curva del acantilado en Deir el Bahari es en sí misma significativa,
pues se encuentra alineado directamente frente a Karnak, situado en la otra orilla del
río. Este emplazamiento puede haber sido elegido para permitir que el culto funerario
del rey se beneficiara de la visita anual del dios Amón a Deir el Bahari, durante la
celebración de un ritual conocido como la Bella Fiesta del Valle. A partir de este
momento, el culto de Amón comenzó a crecer en Tebas.