Historia egipcia

En la historia egipcia, durante el Período Faraónico, el arte y los textos continuaron manteniendo la
tensión ya presente durante el Predinástico y el Dinástico Temprano entre documentar
y conmemorar, que puede definirse como la diferencia existente entre, por un lado,
las utilitarias etiquetas atadas al ajuar funerario y, por el otro, los objetos votivos
ceremoniales como las paletas y cabezas de mazas, de las cuales ya hemos hablado.
Sabemos que el propósito de las primeras etiquetas funerarias era utilizar la historia
como sistema para fechar cosas concretas y que el propósito de objetos de arte
mobiliario como las paletas y las cabezas de maza —así como de las estelas y
relieves de los templos del Período Faraónico— no era documentar acontecimientos
históricos, sino sobre todo utilizarlos como medio para conmemorar actos universales
realizados por soberanos o funcionarios reales concretos.

Segun la historia egipcia, en el templo mortuorio de Ramsés III en Medinet Habu hay una escena en la cual
el jefe libio Meshesher es llevado ante la presencia del rey. Es evidente que pretende
ser un registro de la rendición de un extranjero de especial importancia, cuya
humillación personal contiene la derrota de su pueblo; pero al mismo tiempo, a la
izquierda, podemos ver cómo se amontona y se cuenta con cuidado una pila de manos
libias, uno de los detalles que nos permiten ver cómo la imagen se diferencia de un
cuadro histórico occidental moderno. Es parte de un relieve de un templo mortuorio
y, como tal, cumple con la obligación del rey de demostrar su devoción hacia los
dioses. Exactamente del mismo modo en que los particulares del Reino Nuevo
escribían textos «autobiográficos» en los muros de las capillas de sus tumbas para
recordarles a los dioses su devoción y beneficencia, los relieves de los templos
mortuorios reales simbolizaban una especie de procedimiento de recuento, una
cuantificación visual del éxito alcanzado por el rey, tanto para los dioses como
merced a ellos.
Según el sentido egipcio de la historia egipcia , los acontecimientos rituales y reales son
inseparables —el vocabulario del arte y los textos egipcios no suele realizar ninguna
distinción entre lo real y lo ideal—. De este modo, tanto los acontecimientos de la
historia como los mitos se consideran parte de un proceso de valoración mediante el
cual el rey demuestra que está conservando la maat, o armonía, en nombre de los
dioses. Incluso cuando un monumento parece no estar conmemorando sino un
acontecimiento concreto de la historia, a menudo lo hace considerándolo como un
acto que es a la vez mitológico, ritual y económico.