Heracleópolis

Considerando la ausencia de datos relativos a la historia dinástica de los
soberanos heracleopolitanos, resulta de la mayor importancia investigar si su reino
puede ser considerado como una unidad social y cultural en sí misma. Al estudiar las
pruebas arqueológicas debemos concentrar nuestra atención en las zonas centrales del
reino heracleopolitano: las regiones de Menfis y la del Fayum. Desde el punto de
vista arqueológico, el Egipto Medio meridional formaba parte de la región del Alto
Egipto.
En el norte nos enfrentamos a un doble problema. Las fuentes disponibles no
forman un marco rico y coherente, como sucede en el Alto Egipto, por lo que es
extremadamente difícil establecer una secuencia arqueológica firme. Además, no
existen fósiles arqueológicos que puedan ser datados con seguridad en términos
dinásticos. Por lo tanto, a menudo resulta dudoso qué monumentos han de ser
atribuidos al Período Heracleopolitano propiamente dicho y cuáles son del período
que siguió a la reunificación del país y el comienzo del Reino Medio.
En muchas aspectos, el desarrollo del material arqueológico en el norte sigue el
mismo camino que en el Alto Egipto. Por ejemplo, en ambas regiones encontramos
modelos en madera de sirvientes y talleres, máscaras de cartonaje y amplias tumbas
familiares, siendo las costumbres funerarias en gran parte las mismas. Por lo que
respecta a algunos tipos de artefacto, como los recipientes de piedra y los amuletos de
concha de molusco, es evidente que el norte y el sur bebieron de los mismos modelos.
A juzgar por el material arqueológico, las comunidades que formaban la sociedad
heracleopolitana parecen haber sufrido un patrón de desarrollo social y cultural
similar al del resto del país.
No obstante, no hay que pasar por alto importantes diferencias. En el norte la
evolución de las formas cerámicas, por ejemplo, sigue un camino completamente
diferente. Aquí la antigua forma ovoide no fue abandonada, como en el sur. De
hecho, incluso aparecieron una serie de jarras ovoides delgadas de un tipo muy
especial, a menudo con bases apuntadas y unos cuellos cilíndricos o en embudo
bastante peculiares. Los patrones morfológicos desarrollados en el norte durante el
Primer Período Intermedio siguieron de forma mucho más cercana la tradición del
Reino Antiguo.
No obstante, ni siquiera en el reino heracleopolitano sobrevivió la cultura de élite
al estilo de la aristocracia del Reino Antiguo. Por lo tanto, el perfil social de los
ocupantes de los antiguos cementerios cortesanos de la región menfita cambió de
forma radical. Para los primeros egiptólogos, que solían basar por completo sus
patrones de juicio en las comparaciones con la cultura cortesana del Reino Antiguo,
esto parecía ser la prueba de unos acontecimientos dramáticos. Sin embargo, desde
una perspectiva más amplia, es evidente que no estamos sino viendo la
transformación desde unas condiciones extraordinarias hasta otras de comparativa
normalidad, cuando las necrópolis menfitas se volvieron similares a los cementerios
de las ciudades de provincia. Ciertamente, la pérdida por parte de Menfis de su
categoría al final del Reino Antiguo debió de provocar una serie de importantes
cambios en las condiciones de vida de sus habitantes. No obstante, el registro
arqueológico de los cementerios menfitas no puede ser utilizado como prueba de una
revolución social o de una guerra civil tras la desaparición del Reino Antiguo.
En varios yacimientos importantes —Sakkara, Heliópolis y Heracleópolis Magna
— se encuentran pequeñas mastabas que incorporan falsas puertas y capillas
decoradas para ofrendas, lo que permite evaluar el estilo del arte heracleopolitano.
Predomina la tradición del Reino Antiguo. Las escenas rituales y de la vida cotidiana,
la disposición de la decoración y el estilo del relieve siguen de cerca los patrones del
Reino Antiguo, pero todo en miniatura. En la región menfita y sus alrededores, donde
los monumentos del glorioso pasado egipcio estaban a mano para ser investigados y
donde las tradiciones de los talleres llevaban asentadas siglos, el legado del Reino
Antiguo no sería olvidado.
Es probable que, debido al estado de la investigación arqueológica a finales del
siglo XX, no seamos capaces de ver todas las situaciones en las que estas tradiciones
se utilizaron durante el Primer Período Intermedio. Inmediatamente después de la
reunificación del país, el rey de la XI Dinastía Nebhepetra Mentuhotep II pudo
recurrir a los conocimientos de los artistas y canteros menfitas para construir y
embellecer su templo funerario en Deir el Bahari. Fue durante su reinado cuando
reapareció un nivel de pericia que no se había visto desde las pirámides del Reino
Antiguo.

Reino heracleopolitano

El Egipto meridional escapó al control regio a comienzos del Período
Heracleopolitano, pero ¿qué sucedió con esas partes del país que continuaron bajo
gobierno de la IX-X Dinastía hasta el final del mismo? Las fuentes relevantes
incluyen registros prosopográficos e inscripciones biográficas del Egipto Medio
meridional. Entre ellas ocupan un lugar especial las tumbas de los «supervisores de
sacerdotes» de Asyut. Durante la parte final del Período Heracleopolitano, Asyut se
convirtió en la principal fortaleza militar del Alto Egipto, que permaneció fiel a los
reyes septentrionales en su lucha contra los rebeldes tebanos. Las inscripciones
biográficas de tres personas que ocuparon el cargo de forma consecutiva nos
proporcionan una información crucial, tanto sobre el transcurso de los
acontecimientos políticos como sobre la ideología del gobierno vigente entonces.
Información complementaria puede obtenerse de un grupo de grafitos inscritos en
los muros de la cantera de travertino de Hatnub, dejados por los emisarios de un
nomarca del nomo de El Ashmunein llamado Neheri, cuyo hipogeo se encuentra en
El Bersha. La fecha más probable para estos textos es inmediatamente después del
final del Período Heracleopolitano (si bien no todos estarán de acuerdo). Es
indudable, no obstante, que su punto de vista intelectual se encuentra firmemente
enraizado en la tradición heracleopolitana.
Los temas mencionados en los textos de Asyut y Hatnub son similares, en
muchos aspectos, a los que encontramos en textos más meridionales. La afirmación
de los gobernantes locales de que se han ocupado de sus ciudades en situaciones
críticas ocupa un lugar destacado. La inscripción biográfica del más antiguo de los
«supervisores de sacerdotes» de Asyut nos proporciona incluso una descripción
detallada de las medidas que adoptó para mejorar el sistema de irrigación y asegurar
cosechas suficientes en los años malos. También se enfatizan los éxitos militares del
nomarca, destacándose su éxito en la lucha contra los enemigos extranjeros (el
soberano tebano) y el restablecimiento de la seguridad pública dentro de sus propios
nomos. Por último, tampoco se olvida la atención prestada por los magnates locales a
los templos de su ciudad: se mencionan tanto trabajos constructivos en los templos
como el suministro de bienes para el sostén de las necesidades de los cultos asociados
a ellos.
Sin embargo, justo al contrario de lo que sucede con el texto de Arikhtifi, en los
textos de los magnates de Asyut los estrechos lazos con el rey ocupan un lugar
destacado. Afirman descender de una venerable estirpe aristocrática y una serie de
estrechos lazos personales parece haberlos relacionado con la casa de soberanos
heracleopolitanos. Uno de ellos, por ejemplo, menciona que durante su infancia
recibió lecciones de natación junto a los hijos del rey. Se menciona, además, la
intervención del ejército heracleopolitano en el Alto Egipto. Por lo tanto, para los
gobernantes locales del Egipto Medio meridional, el gobierno heracleopolitano era
algo muy real.
Nuestras fuentes sobre la estructura interna del reino heracleopolitano siguen
siendo muy superficiales. A pesar de ello, el material disponible parece sugerir que
los monarcas septentrionales se apoyaban en una clase de aristócratas provinciales
que permanecieron fieles a la Corona, sobre todo en aquellos casos en los que
existían fuertes lazos personales (quizá por amistad, matrimonio o relaciones
familiares). No obstante, al mismo tiempo los aristócratas consideraban sus ciudades
como algo muy importante para ellos, convirtiéndolas quizá en el principal centro de
su lealtad. En este sentido, el reino heracleopolitano parece haber heredado de nuevo
una de las características del Reino Antiguo, lo que quizá conllevara compartir una de
sus debilidades estructurales.