Dair al-Bahari

Se encuentra en la orilla occidental del Nilo, recordada por la diosa¬†Hatshepsut frente a Karnak. En ese lugar, el sol pone una rara intensidad. Su estructura era especialmente interesante: un patio con √°rboles del que part√≠a una rampa que desembocaba en un vasto z√≥calo en el que una tumba de Osiris, en forma de cerro, se hallaba oculta por la vegetaci√≥n. Tras esta sepultura, un sepulcro excavado en la roca. ¬ęPrimera de los nobles¬Ľ, ¬ęLa que besa a Am√≥n¬Ľ, ¬ęPoderosa en fuerzas de vida¬Ľ, ¬ęVerdeante de a√Īos¬Ľ, ¬ęDivina de apariciones¬Ľ, Hatsepsut era la esposa del rey Tutmosis II.

Destinado al trono, aguardará la muerte de Hatsepsut para sucedería. Se vinculará entonces directamente al reinado de Tutmosis I, ocultando el período de gobierno de Tutmosis II y Hatshepsut y haciendo grabar algunos cartuchos con el nombre de la reina faraón. Tuvo la precaución de dejar varios de ellos intactos o muy legibles.

No hubo ni guerra civil ni enfrentamiento de facciones; se estableci√≥ una √©poca apacible y pr√≥spera, durante la cual Hatshepsut y su genial maestro de obras, Senen- Mut, emprendieron la construcci√≥n de un templo con terrazas unidas por una rampa que sub√≠a hacia el acantilado. Recibi√≥ el nombre de djeser-djeseru, ¬ęel sagrado entre los sagrados¬Ľ. Y Hatsepsut lo coloc√≥ en el eje de su tumba del Valle de los Reyes. Hoy, el jard√≠n con √°rboles de incienso y adornado con albercas ha desaparecido. Para recibirnos, un le√≥n se√Īala el inicio de la gran rampa. Junto con su pareja, destruida, simbolizan el ayer y el ma√Īana y con los ojos perpetuamente abiertos velan por el santuario.

Hathor

Admirables relieves, como todos los de Dair al-Bahari, adornan el muro del fondo del p√≥rtico con columnas que algunos consideran como inspiradoras del orden d√≥rico. A la derecha, hacia el norte, las escenas llamadas del ¬ęp√≥rtico de la caza¬Ľ muestran a Hatshepsut como esfinge que pisotea la masa desordenada de sus enemigos. Asistimos tambi√©n a una procesi√≥n de estatuas reales y al rito de los cuatro temeros (negro, blanco, rojo, manchado), vinculado a los misterios osir√≠acos.

Cuando Hatshepsut se aventura por las marismas para recoger papiros y cazar p√°jaros, solicita los favores de Hator y ¬ęcaptura¬Ľ las m√ļltiples manifestaciones del alma. Al otro lado del p√≥rtico, hacia el sur, se magnifica la actividad de Hatsepsut maestro de obras. Como todos los faraones del Imperio Nuevo, embelleci√≥ Karnak, y el ¬ęp√≥rtico de los obeliscos¬Ľ narra el viaje de los artesanos que partieron hacia Asu√°n para extraer monolitos de granito rosa destinados a convertirse en obeliscos.

Fueron transportados en una chalana de 50 m de largo y recibieron en Karnak una acogida triunfal, al son de trompetas y tambores.
Al efectuar una carrera ritual que delimitó mágicamente el espacio, Hatshepsut consagró el terreno donde se erigieron las agujas de piedra encargadas de dispersar las energías nocivas y atraer la luz.

Anubis

Sigamos subiendo por la rampa axial del templo hasta desembocar en una terraza de grandes dimensiones. En el lado norte, a nuestra derecha, un p√≥rtico de quince columnas. Frente a nosotros, el p√≥rtico del oeste, con dos hileras de veintid√≥s pilares; a la derecha, hacia el norte, las escenas referentes a la realeza de Hatshepsut ; m√°s a la derecha a√ļn, en el extremo norte, est√° la capilla de Anubis.

Al otro lado, hacia el sur y a nuestra izquierda, descubriremos los relieves que relatan la expedici√≥n al pa√≠s de Punt; en el extremo sur, la capilla de la diosa Hator. En el ¬ęp√≥rtico del nacimiento¬Ľ, Hatshepsut subraya el car√°cter sagrado de la funci√≥n fara√≥nica (escenas comparables en Luxor). Doce diosas celebran consejo ante Am√≥n-Ra. Se evoca a la hermosa soberana Ahm√©s a la que conviene dar
descendencia. El dios Amón se encarna en el cuerpo del rey, su esposo.

Cuando éste entra en la cámara nupcial, desprende un olor tan suave que la muchacha queda embriagada. El amor inunda su ser, la unión se consuma. La reina queda encinta, los dioses la ayudarán a parir y el alfarero divino modela en su torno a Hatsepsut, a la
que se le da el nombre de Maat-ka-Ra, ¬ęLa armon√≠a es la energ√≠a de la luz divina¬Ľ. Al mismo tiempo que a la reina predestinada, Khnum crea su ka. El dios Am√≥n toma a su hija en brazos. La reconoce como hija de su carne y expresa una intensa alegr√≠a. Siete genios varones y siete genios hembras colman a la ni√Īa de todos los dones para permitirle un feliz reinado.

Hatshepsut es asociada al trono por su padre, con el fin de ense√Īarle el arte de gobernar. Asistimos a su coronaci√≥n, luego a sus viajes rituales hacia el Norte y al Sur, durante los cuales se hace reconocer como soberana por las divinidades de las provincias.

Capilla de Anubis

En el extremo del p√≥rtico del nacimiento, hacia la derecha, al norte, era recibido Anubis. Anubis, que preside el pabell√≥n de embalsamamiento, el se√Īor de la necr√≥polis, el que est√° encaramado en su monta√Īa, se encarnaba en un hombre con cabeza de
chacal. En su condici√≥n de gu√≠a de los muertos, conoce el secreto de los vientos, del agua y de la piedra. Su peque√Īo templo se compone de un p√≥rtico, de una sala con columnas y de una capilla. Bajo la protecci√≥n del dios, Hatsepsut venera a Osiris y Sokaris, √≠ntimamente unidos en el proceso de resurrecci√≥n.

Para penetrar en la capilla del fondo, hay que girar en ángulo recto, a la derecha, pues esta parte del edificio está acodada en escuadra. En la hornacina terminal de la capilla abovedada se encuentran Amón y Anubis. Hatsepsut aparece arrodillada ante
el guía al que ha seguido y se encuentra con su padre Amón, el que la creó. Una piel de animal colgada de un mástil evoca el despojamiento y las purificaciones efectuadas durante los ritos de iniciación.

Punt

El ¬ęp√≥rtico de Punt¬Ľ ofrece el relato de una gran expedici√≥n organizada por la reina. Existe acuerdo en pensar que el maravilloso pa√≠s de Punt se encontraba en alguna parte de la costa de los Somal√≠es. Pero la localizaci√≥n geogr√°fica tiene menos importancia que la funci√≥n sagrada de esta regi√≥n. En efecto, produc√≠a el incienso indispensable para que los rituales se cumplieran adecuadamente.
La partida se lleva a cabo bajo los mejores auspicios. Consultado, el cielo es favorable. Cinco barcos, cargados de vituallas y regalos, pueden lanzarse a la ¬ęGran Verde¬Ľ.

La llegada de los egipcios a Punt provoca cierto asombro. ¬ŅHan recorrido los caminos del cielo? En cualquier caso, no suscitan el menor temor cuando penetran en una aldea africana caracterizada por sus chozas y sus palmeras. La familia reinante en Punt recibe a los enviados de Hatshepsut. La princesa local, que padece elefantiasis, peque√Īa y deforme, aparece representada sin complacencia.
Los egipcios cambian sus cargamentos por árboles de incienso cuyas raíces van cuidadosamente envueltas. Se indica con precisión que los árboles están vivos.

Los egipcios embarcan tambi√©n consigo oro, √©bano, marfil, pieles de pantera y diversos animales ex√≥ticos, entre ellos una soberbia jirafa. La llegada a Egipto brinda la ocasi√≥n para los festejos. Tutmosis III, presente, ofrece incienso; Hatshepsut en persona mide con un celem√≠n el precioso producto mientras Thot anota el resultado. La reina ha cumplido su misi√≥n: traer de Punt el incienso utilizado para el culto de Am√≥n y la ¬ęHermosa fiesta del Valle¬Ľ.

Terraza superior

La tercera y √ļltima terraza, recientemente restaurada, es el punto donde desemboca la larga rampa. Representada veintis√©is veces como Osiris adosados a los pilares de los que subsisten algunos rostros admirables, Hatsepsut pasa de la muerte a la vida. Por
encima del portal de granito rosa, que da acceso a otro mundo, hay una inscripci√≥n significativa: ¬ęHorus da la vida.¬Ľ Penetramos en un patio (26 m de profundidad, 40 de anchura), anta√Īo bordeado por dos hileras de columnas. Desde all√≠ podemos acceder a tres conjuntos de capillas:

A la izquierda, al sur, el santuario del ka de Hatshepsut; a nuestra derecha, hacia el norte, un santuario solar; ante nosotros, hacia el oeste, el √ļltimo santuario del templo. En el primer conjunto, una capilla reservada a Tutmosis I, el padre de Hatsepsut. Detr√°s de una puerta, una nueva y discreta representaci√≥n de Senen-Mut, arrodillado, con las manos levantadas en se√Īal de veneraci√≥n. Nos hallamos aqu√≠ en una verdadera morada de eternidad donde portadores de ofrendas aportan a las almas reales los alimentos necesarios.

Capilla de Hatshepsut

En la capilla abovedada de Hatshepsut se procede al sacrificio del buey y del antílope, animales cargados de una energía especial. Al
fondo, una estela, punto de paso entre el m√°s all√° y el aqu√≠. Las ¬ęc√°maras del norte¬Ľ o ¬ęsantuario del sol¬Ľ¬† forman un peque√Īo templo, con una capilla de Horakhty, ¬ęHorus que est√° en la regi√≥n de luz¬Ľ. Al fondo del vest√≠bulo hay una hornacina donde figura Hatshepsut.

En el centro del patio, un altar para celebrar el culto al sol al aire libre y de cara al este. El santuario del oeste, que en su origen fuera una gruta-capilla donde reina Hator, la diosa del cielo, es también el dominio secreto de Amón. A ambos lados de la entrada del sanctasanctórum, contaremos nueve hornacinas en el muro. Contenían nueve estatuas de Hatshepsut, de modo que formaban una
Enéada específica.

Amón

En los extremos de este muro hay dos peque√Īas capillas. La de la izquierda, hacia el sur, revela la existencia de una pareja divina, Am√≥n, el Oculto, y Amonet, la Oculta. En este santuario, Hatshepsut y Tutmosis III realizan la ofrenda del vino a Am√≥n y a sus predecesores, los dos primeros Tutmosis y la reina Ahmose.

La familia real está reunida entre las estrellas para venerar la presencia divina. En tiempos de Ptolomeo Evergetes II se excavó la pared del fondo y se consagró un nuevo santuario a dos personajes de excepcional envergadura: Imhotep, el constructor de la pirámide escalonada de Saqqara, y Amenhotep hijo de Hapu, el maestro de obras de Amenhotep III. Considerados santos, tenían poderes de curación. La tercera terraza fue, por otra parte, parcialmente transformada en sanatorio donde
los enfermos acudían a recuperar la salud.

Tumbas egipcias

En tiempos de los √ļltimos ram√©sidas, la regi√≥n tebana comenz√≥ a sufrir grandes trastornos. Los desvalijadores de tumbas, √°vidos de oro y de joyas, ya no vacilaban en atacar las tumbas reales. Los ritualistas tuvieron que decidirse a desplazar algunas momias para ponerlas al abrigo. Uno de los parajes considerados m√°s seguros fue Dair al-Bahari, donde se dispusieron dos escondrijos. El primero se encontraba bajo las losas del vest√≠bulo que da acceso a las capillas de Tutmosis I y de Hatsepsut. All√≠ se descubrieron sarc√≥fagos
de sacerdotes de Am√≥n que databan de la Baja √Čpoca.

El segundo escondrijo albergaba reliquias de inestimable valor. Junto al templo, en el flanco sur, se hab√≠a excavado un pozo de 12 m de profundidad y un corredor de 70 m de largo que desembocaba en una gran sala. √Čsta albergaba las momias de faraones de la XVIII y la XIX dinast√≠as, entre ellos Amenhotep I, Tutmosis II, Seti I y Rams√©s II.

No abandonemos Dair al-Bahari sin evocar por √ļltima vez al maestro de obras Senen-Mut. Una de sus dos tumbas est√° muy cerca del templo que construyera, en el √°ngulo noreste de la primera terraza. Hay que descender por un largo y estrecho pasillo, entrecortado por varios rellanos. La c√°mara m√°s interesante es aquella cuyo techo est√° consagrado a la representaci√≥n de las constelaciones, los planetas y decanatos, asegurando la inmortalidad estelar del alma del gran constructor.

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