En el extremo izquierdo del pórtico de Punt, el dominio de Hathor se presenta como un templo reducido que incluye un vestíbulo, dos salas con pilares y un santuario excavado en la montaña.

Santuario

Aquí reina la Dama de Occidente que acoge en su seno al sol poniente y el alma de los justos. Se le hacía ofrenda de flores, frutos y copas cuyo centro está decorado con una rana, símbolo de resurrección. Los pilares de este santuario son llamados «hathóricos», pues sus capiteles son cabezas de mujer provistas de orejas de vaca. Los egipcios consideraban ésta la más perfecta expresión de la belleza así como del entendimiento. Algunos de estos rostros son realmente sublimes.

La segunda sala de pilares se adorna con escenas de fiesta en honor de Hathor, de regocijos en el Nilo con un ir y venir de barcos mientras en la orilla algunos soldados agitan ramos. Se ve también dos episodios rituales, la «carrera del pájaro» y la «carrera del remo», que Faraón llevaba a cabo durante el ritual de regeneración.

Una escena pone de relieve el vínculo sagrado que unía a la soberana con la diosa: sentada bajo un dosel, Hatsepsut tiende la mano hacia la vaca que le lame los dedos: «Con el ojo en el ojo —dice el texto— besar el brazo, lamer las carnes divinas, inundar al faraón de vida y de potencia.» En el santuario figura también el rito de «golpear la pelota» para Hator, que consiste en impedir que el «mal de ojo» perjudique. Entre distintas escenas de adoración y de ofrendas, Hatshepsut, de rodillas, bebe la leche de la vaca del cielo, el
elixir de juventud.

Capilla de Hathor

La capilla de Hathor, a la que se accedía por tres peldaños, presenta dos notables particularidades. La primera tiene lugar sobre una hornacina, en el muro donde se desarrolla la escena del amamantamiento, donde dos personajes hacen la ofrenda de la leche y el vino. Sus rostros son extrañamente semejantes: se trata de Tutmosis 111 y Hatshepsut, en perfecto acuerdo. Luego, el arquitecto Senen-Mut se hace representar, con gran discreción, tras los batientes de la puerta de las hornacinas. El constructor del templo había sido autorizado a participar, en silencio y secreto, en los rituales que se celebraban en aquellos lugares.

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