Elefantina

Elefantina, una isla situada frente a la moderna ciudad de Asuán, es un interesante
punto desde el cual estudiar el Segundo Período Intermedio. Como ciudad provincial
que es, proporciona un contrapeso a las fuentes tebanas, además de contar con una
serie ininterrumpida de dedicatorias privadas y regias que van desde la XII hasta la
XVI Dinastía. Los estratificados yacimientos de la ciudad y los cementerios del
mismo período están siendo excavados por el Instituto Arqueológico Alemán.
La suerte de Elefantina está inextricablemente ligada a la de Nubia. Durante la
mayor parte del Reino Medio no fue la frontera meridional de Egipto, que quedó
fijada por Senusret III en Semna, unos cuatrocientos kilómetros más al sur. No
obstante, es posible que durante el punto más bajo del poder de los reyes tebanos
Elefantina fuera gobernada de forma independiente e incluso que los nubios hicieran
incursiones contra la ciudad de vez en cuando. La explicación preferida para el hecho
de que una tumba real de Kerma del Segundo Período Intermedio albergara estatuas
de un nomarca de Asyut y su esposa, que vivieron durante el reinado de Senusret I
(1956-1911 a.C.), es una incursión contra Elefantina o los fuertes de las cataratas.

El valor de la Baja Nubia se encuentra en sus canteras, abundantes en diorita,
granito y amatista, su acceso a las minas de oro y cobre y su estratégica localización
en términos de control del Nilo y las rutas del desierto. Heqaib, un funcionario local
de Elefantina de la VI Dinastía, fue deificado tras su muerte y en su santuario se
encontraron una serie de estelas y estatuas votivas. Las XIII-XVI Dinastías están
especialmente bien representadas y, al igual que en Menfis, la continuidad sólo se
rompe con la llegada de la XVIII Dinastía. Las genealogías recogidas en las
inscripciones muestran que las mismas familias estuvieron sirviendo a los reyes de
finales de la XIII Dinastía y a los de la XVI Dinastía. Evidentemente, la categoría del
alcalde de Elefantina pasó de ser de gran importancia local a tener importancia militar
en el séquito del rey de Tebas.

Uno de estos alcaldes fue Neferhotep, responsable de
toda la región de Tebas y Elefantina ante el rey. Tras su época (la XVI Dinastía, a
juzgar por la ortografía de su estela) cesaron las dedicatorias en el santuario de
Heqaib y no es coincidencia que riera en ese momento cuando mayor poder tuvo el
príncipe de Kush, pues incluso los fuertes de las cataratas cayeron bajo su control.
La suerte de uno de estos fuertes, Buhen, se puede reconstruir a partir de pruebas
todavía sin publicar al completo. Tras la XII Dinastía, los soldados se enterraron
junto a sus familias en el Cementerio K de Buhen; estos enterramientos se
caracterizan por su cerámica de la región menfita, lo que confirma que el fuerte
seguía recibiendo suministros procedentes de los talleres de la Residencia.

El Cementerio presenta una ocupación continuada hasta bien entrado el Segundo
Período Intermedio y existen al menos dos grupos de enterramientos múltiples
intactos que contienen jarritas de cerámica de Tell el Yahudiya, incluido un tipo que
no aparece en Tell el Daba hasta el estrato E/1 (probablemente comienzos de la XV
Dinastía). Uno de los cuerpos lleva una gran pepita de oro en torno al cuello, lo que
sugiere que los habitantes de Buhen lo ocupaban sobre todo por su cercanía a la
región de las minas de oro. En esta época ya existía la frontera entre el Alto y el Bajo
Egipto, de modo que los suministros procedentes del Bajo Egipto sólo pudieron haber
llegado mediante la ruta de los oasis, que sabemos que se utilizó durante el reinado de
Apepi. ¿Quién se ocupaba de organizar este comercio en el extremo septentrional?
Podemos especular con que en Itjtawy todavía había funcionarios que trabajaban a las
órdenes de los soberanos hyksos y sabemos que el cementerio de Lisht seguía en uso.

La propia Avaris era un centro de manufactura y distribución de jarritas Tell el
Yahudiya, cuyo muy preciado contenido no ha sido identificado todavía.
A pesar de sus lazos con el Bajo Egipto, los habitantes de los fuertes se debieron
de sentir cada vez más aislados y vulnerables, de modo que tuvieron que acomodarse
al poder militar de la zona, que no era ni hykso ni tebano, sino del rey de Kush. Cinco
generaciones de una misma familia dejaron inscripciones en Buhen y en ellas se
observa que las dos últimas sirvieron al rey de Kush e incluso dirigieron campañas
locales en su nombre. Este período está marcado arqueológicamente por la presencia
de cerámica importada desde el Alto Egipto, de la zona tebana, en vez de por la
cerámica del Bajo Egipto.

Entre Tebas y los fuertes el río estaba abierto, pero como
queda implícito en los textos de Kamose, sólo si se pagaban impuestos al señor del
Nilo meridional, el rey de Kush. Buhen terminó por ser saqueada (hay rastros de un
gran fuego), perr es más probable que los responsables fueran los ejércitos de
Kamose / no los del rey nubio. Los otros fuertes, Mirgissa y Askut, poseen una
historia similar de ocupación continuada por egipcios, pero acompañados por nubios
hasta finales del Segundo Período Intermedio. Finalmente, los soberanos tebanos
terminaron por considerar intolerable que la región de las cataratas estuviera
controlada por el rey de Kerma, lo cual convirtió la reconquista de los fuertes en algo
esencial antes de poder dedicarse con seguridad a los hyksos. Las primeras pruebas
de que la región estaba de nuevo controlada por los tebanos las encontramos en el
tercer año del reinado de Kamose. En Buhen se recoge la construcción de un muro,
probablemente como parte de la renovación de las fortificaciones tras la exitosa
campaña mencionada en la carta del soberano hykso Apepi al rey de Kush.