Según Manetón, con el reinado de Unas terminó la V Dinastía, pues el siguiente
rey, Teti (Horus Seheteptawy, 2345-2323 a.C.), lo sitúa ya en la Dinastía VI de Egipto. No
poseemos información segura sobre la relación personal existente entre Teti y sus
predecesores; pero es probable que su esposa principal, Iput, fuera hija de Unas.
Kagemni, visir de Teti, comenzó su carrera durante los reinados de Djedkara Isesi y
Unas. El Canon de Turín también sitúa una división en este punto, seguida de una
suma del total de reyes habidos entre Menes (el primer soberano de la I Dinastía) y
Unas (la cantidad se ha perdido). Esto da mucho que pensar, porque el criterio para
este tipo de divisiones en el Canon de Turín es invariablemente el cambio de
emplazamiento de la capital y la residencia real.

Dinastía I de Egipto

La primera capital, el Muro Blanco, se fundó a comienzos de la I Dinastía y es
probable que hubiera ido perdiendo importancia en favor de los suburbios situados al
sur, mucho más poblados y localizados aproximadamente al este de la pirámide de
Teti. El nombre de esta parte de la ciudad, Djedisut, procedía del nombre del
complejo funerario y la ciudad de la pirámide de Teti. No obstante, es probable que
los palacios reales de Djedkara y Pepi I (posiblemente también el de Unas) ya
hubieran sido construidos más al sur, en puntos situados en el valle que hay al este de
la actual Saqqara Sur, separados de Djedisut por un lago, alejados así de la miseria,
los ruidos y la pestilencia de una ciudad abarrotada. Esto podría explicar la elección
de Saqqara Sur como emplazamiento de las pirámides de Djdkara y Pepi I.

Menfis

Al igual que sucediera en las cercanías de la pirámide de Teti, el asentamiento
cercano al complejo funerario egipcio y la ciudad de la pirámide de Pepi I recibió su nombre
del de éstos: Mennefer (en griego Menfis). A finales del Reino Antiguo, aquél pudo
haber quedado unido físicamente a los asentamientos localizados en torno al templo
del dios Ptah, situado más al este, pasando a ser conocida toda la ciudad como
Mennefer. Por lo tanto, es posible que el emplazamiento de la residencia real y de la
propia ciudad cambiaran a finales de la V o comienzos de la Dinastía VI de Egipto, lo que
explicaría la división visible en el Canon de Turín, reflejada posteriormente en la
narración de Manetón (Teti, el padre de Pepi I, se incluyó en el nuevo linaje de
soberanos). Pero aquí nos adentramos en el reino de las especulaciones y sólo futuras
excavaciones arqueológicas nos dirán qué parte de la misma está justificada.

Userakara

Es posible que a Teti le siguiera el rey Userakara (2323-2321 a.C.), si bien su
existencia se puede poner en duda. Parte de la confusión se debe a que Pepi I (Horus
Merytawy, 2321-2287 a.C.), hijo de Teti y la reina Iput, fue llamado Nefersahor
durante la primera parte de su reinado. Éste era su «prenomen», que recibía durante
su coronación e iba precedido del título real nesu-bit («el del junco y la abeja»), en el
interior de un cartucho ovalado. Posteriormente lo cambiaría por el de Meryra. El
«nomen» o «nombre de nacimiento» Pepi (el número que lo suele acompañar es algo
moderno, los antiguos egipcios no lo utilizaron nunca) es anterior a su ascenso al
trono; va precedido del título real sa Ra («hijo del dios Ra») y también estaba escrito en
un cartucho.

Situación de Egipto

La situación interna de Egipto comenzó a cambiar. Teóricamente, la posición del
rey permaneció intacta, pero resulta indudable que aparecieron dificultades. Esta
impresión sólo en parte puede achacarse al incremento en el volumen y calidad de la
información conservada, la cual nos permite conocer con mayor profundidad la
sociedad egipcia y llegar más allá de la fachada monolíticamente monumental y
terriblemente formal de los períodos anteriores. La persona del rey dejó de ser
intocable: la biografía de Weni, un alto funcionario de la corte, menciona una conjura
sin éxito contra Pepi I instigada a finales de su reinado por una de sus reinas. El
nombre de ésta no se menciona, pero se sabe que se celebraron matrimonios
políticos: en sus años de decadencia el rey se casó con dos hermanas, ambas llamadas
Ankhnes-meryra («El rey Meryra [Pepi I] vive para ella»).

Abidos

Su padre, Khui, era un
influyente funcionario de Abidos. Se trata de acontecimientos importantes, pero el
crecimiento del poder y la influencia de los administradores locales (sobre todo en el
Alto Egipto, alejado de la capital) y el correspondiente debilitamiento de la autoridad
regia pudieron haber tenido unas consecuencias menos dramáticas, pero
potencialmente mucho más serias.

Dinastía V de Egipto

A finales de la V Dinastía se creó un nuevo cargo,
el de «supervisor del Alto Egipto».
Los reyes de la Dinastía VI de Egipto construyeron mucho, edificando santuarios para los
dioses egipcios locales en todo Egipto que, o bien se destruyeron posteriormente, o todavía no
se han excavado.

Templos egipcios

Los templos del Alto Egipto, como los de Khenti-amentiu en
Abidos, Min en Koptos, Hathor en Dendera, Horus en Hieracómpolis y Satet en
Elefantina, se vieron especialmente favorecidos: se multiplicaron las donaciones y
exenciones de impuestos y trabajos obligatorios.
Los templos de las pirámides de la V y la Dinastía VI de Egipto incluyen escenas que
parecen tan convincentes que uno se siente tentado a aceptarlas como reflejos de
acontecimientos reales; sin embargo, una escena que muestra la sumisión de los jefes
libios durante el reinado de Pepi II es una copia de una imagen idéntica que
encontramos en los templos de Sahura, Nyuserra y Pepi II (repetida mil quinientos
años después en el templo de Taharqo en Kawa, en Sudán).

Reyes egipcios

Estas escenas eran
expresiones estandarizadas de los logros del rey ideal y, como tales, tienen poco que
ver con la realidad. Su inclusión en el templo garantizaba su continuidad. La misma
explicación puede darse de las escenas de barcos regresando de una expedición a
Asia y de una incursión contra los nómadas en Palestina presentes en la calzada de
Unas. No obstante, otras fuentes nos muestran que en realidad sí tuvieron lugar
acontecimientos semejantes. El ya mencionado Weni describe repetidas acciones a
gran escala contra los aamu de la región de Siria-Palestina. A pesar del modo en que
aparecen presentadas en el texto, se trata más bien de acciones preventivas o
punitivas que de campañas defensivas.

Minerales de Egipto

La explotación de los recursos minerales de los desiertos fuera de Egipto
continuó. La turquesa y el cobre siguieron extrayéndose en Wadi Maghara, en el
Sinaí (Djedkara, Pepi I y Pepi II), el alabastro egipcio en Hatnub (Teti, Merenra, Pepi
I y Pepi II), grauvaca y limolita en Wadi Hammamat (Pepi I, Merenra), en el Desierto
Oriental, y gneis en las canteras situadas al noroeste de Abu Simbel (Djedkara). El
Punt recibió una expedición enviada por Djedkara y se mantuvieron relaciones
comerciales y contactos diplomáticos con Biblos (Djedkara, Unas,Teti, Pepi I,
Merenra y Pepi II) además de con Ebla (Pepi I).

Nubia

Durante el final de la Dinastía VI de Egipto Nubia se volvió particularmente importante y
en época de Merenra se hicieron intentos por mejorar la navegación en la región de la
primera catarata. La zona comenzó a recibir la llegada de nuevos colonos procedentes
del sur (el llamado Grupo C nubio), de un punto situado entre la tercera y la cuarta
cataratas y con centro en Kerma. Al intentar Egipto prevenir una potencial amenaza
contra su seguridad y sus intereses económicos, se produjeron ocasionales conflictos
con ellos.

Bienes de lujo

Gente en la Dinastía VI de Egipto como Harkhuf, Pepynakht Heqaib y Sabni, administradores del más
meridional de los nomos egipcios, el de Elefantina, organizaron caravanas que
cruzaron el territorio nubio (las tierras de Wawat, Irtjet, Satju e Iam). Entre los bienes
de lujo africanos que alcanzaron Egipto por este medio figuran incienso, madera dura
(ébano), pieles de animales y marfil, pero también enanos bailarines y animales
exóticos. Por estas fechas es cuando comenzaron a utilizarse grupos de nubios, sobre
todo en unidades de policía fronteriza y mercenarios en expediciones militares.

Desierto

En el Desierto Occidental desde la Dinastía VI de Egipto existe toda una serie de rutas de caravanas. Una de ellas
dejaba el Nilo en la zona de Abidos hacia el oasis de Kharga y luego seguía hacia el
sur, a lo largo del camino que hoy se conoce como Darb el Arbain (en árabe: «El
camino de los cuarenta días»), hasta el oasis de Selima. Otra salía hacia el oeste desde
Kharga hasta el oasis de Dakhla, donde prosperó un importante asentamiento en Ayn
Asil, cerca de la moderna Balat, sobre todo durante el reinado de Pepi II.