A 2,5 km aproximadamente del extremo meridional de la necrópolis de Saqqara, Dahshur es un vasto paraje donde se edificaron cinco pirámides. Las tres del Imperio Medio, las de Amenemhat II, Sesostris III y Amenemhat III se hallan en estado muy ruinoso y, desgraciadamente, es imposible penetrar en su interior pese a que su dispositivo subterráneo sea de los más apasionantes. Las otras dos pirámides son obras maestras del Imperio Antiguo creadas por el faraón Snefru.

Es preciso creer en los milagros, sobre todo en Egipto. Al cabo de demasiados años durante los cuales el paraje de Dahshur permaneció cerrado a causa de la proximidad de una base militar, hoy es accesible. Lamentablemente, sólo una de las dos pirámides de Snefru está abierta, pero esperamos que la otra lo esté lo antes posible. Este paraje no cuenta con una ciudad en sus alrededores. Las pirámides y el desierto son dueños y señores de todo.

Snefru

Hacia 2612-2589 a. J. C. sería el constructor de tres pirámides, las dos de Dahshur y la de Meidum, de la que hablaremos más adelante. Snefru aparece como el más formidable constructor de la historia egipcia, como «el rey benefactor en el país entero» cuya memoria fue venerada durante mucho tiempo. Tres pirámides para una sola momia… ¿hay prueba más evidente para afirmar
que las pirámides no son sólo tumbas? Puesto que la momia de Snofru no ha sido recuperada, es imposible decir dónde deseaba reposar.

Pero percibimos, gracias a este ejemplo, que una pirámide no puede ser considerada como un lugar de muerte. Muy
al contrario, es un monumento indispensable para transformar la energía celestial en armonía terrestre, un canal donde se filtra la creación original para que sea asimilable por todas las especies vivientes. Snefru, cuyo nombre significa «El que diviniza», «El que consuma, lleva a la perfección», lleva en su nombre la raíz Son, vinculada al concepto de dualidad.

Pirámide acodada

Y precisamente la dualidad creadora ilustra su obra arquitectónica, en Dahshur: dos pirámides, y una de ellas concebida por completo de acuerdo con el número 2. La tercera y cuarta pirámides más altas de Egipto —tras la de Keops y Kefrén—, los dos edificios de Snefru son con frecuencia llamados «pirámide roja» y «pirámide romboidal».

Pirámide roja

La «roja», al norte del paraje, es llamada así por el color de sus bloques, en su origen estaba revestida de una cubierta de calcáreo blanco que reflejaba la luz. Mide 140 m de altura y ocupa una superficie aproximada de 8.400 m2, con un ángulo de inclinación de 46° 34′, hecho que le confiere un aspecto más achaparrado que la pirámide de Kefrén, pero la anchura de su lado es 5 m más larga. Es la primera pirámide «lisa» que sigue en pie, pues Meidum ha sufrido demasiado para aspirar a esta distinción.

La pirámide, que se denominaba «La que aparece brillando», tiene su entrada en la cara norte, a unos treinta metros por encima del suelo. Primero, un largo corredor descendente de unos 80 m. Luego, un rellano horizontal de 8 m. Y dos salas abovedadas en voladizo, bastante parecidas ambas, la segunda en el eje de la pirámide. La dualidad se encarna, el muro sur parece señalar
el final de la andadura.

Ahora bien, la dualidad nace de una unidad. A unos 8 m de altura se abre un corredor que da acceso a una tercera sala, distinta de las dos primeras y cuyo descubrimiento quita la respiración. Se trata de una especie de atanor alquímico, de unos 15 m, que toma el alma para elevarla hasta el corazón de la piedra. Nada puede sustituir a un recorrido a pie de la respetable distancia que separa la
pirámide roja de la «romboidal», término bastante inexacto que es mejor sustituir por «de doble pendiente».

Pirámide negra

Esta pirámide, que ha conservado parte de su revestimiento de calcáreo, es impresionante. A mitad de su altura (97 m) aproximadamente, el ángulo de inclinación, que era de unos 54° 15′, se reduce a 43°. Los lechos de piedra fueron erigidos de tal manera que raya la perfección, al igual que las aristas del revestimiento. «La del sur que aparece brillando» da testimonio de una gran maestría arquitectónica.

Examinemos simplemente los hechos: esta singular pirámide tiene dos entradas (una al norte, la otra al oeste), dos corredores llevan a dos conjuntos de salas, y dos cámaras de resurrección. Podría comprobarse también la omnipresencia del número 2 en el enlosado, en las gradas y puertas. Así, para que el simbolismo del edificio quede de manifiesto, el arquitecto de Snefru edificó una pirámide con dos inclinaciones.

Que nosotros sepamos, Alexandre Varille fue el primero que comprendió la naturaleza del edificio. Y Jean-Louis de Cenival, por citar sólo a un especialista de la arquitectura egipcia, llega a la conclusión de que la pirámide fue concebida desde su origen tal y como se nos muestra ahora. Abrir la pirámide de doble inclinación, estudiarla en sus menores detalles, comprender las etapas del complejo recorrido interior que revela, es un tesoro que espera ser redescubierto.

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