Avaris

La cuestión que subyace de Avaris en el meollo del Segundo Período Intermedio es la
naturaleza de los hicsos. La mayor parte de las historias dependen de las fuentes
escritas y, con unas pocas excepciones (el Papiro Rhind es una), éstas proceden del
lado egipcio. No existe contrapartida hyksa a los textos de Kamose. En cambio, lo
que tenemos es la documentación proporcionada por la excavación sistemática de su
capital, Avaris (Tell el Daba). Sabemos qué aspecto tenían sus palacios, templos,
casas y tumbas y podemos observar cómo evolucionó su cultura con el tiempo; pero
los hyksos no fueron un fenómeno único o sencillo.

El término contemporáneo que se utilizaba para diferenciar a la gente de Avaris
de los egipcios era aamu. Se llevaba empleando desde mucho antes del Segundo
Período Intermedio y se siguió utilizando mucho tiempo después (por ejemplo,
Ramsés II lo usa para mencionar a sus oponentes en Qadesh) para referirse, en
sentido amplio, a los habitantes de Siria-Palestina. Los egiptólogos traducen de
manera convencional aamu por «asiáticos» (es decir, habitantes de Asia occidental).
Por otro lado, el término «hyksos» deriva, a través del griego, del epíteto egipcio
hekau khasut, «soberanos de países extranjeros (literalmente «montañosos»)», y se
aplicó sólo a los gobernantes de los asiáticos. En sí mismo carece de significado
peyorativo, excepto porque denota una categoría inferior a la del rey egipcio, siendo
utilizado tanto por los egipcios como por los propios reyes hyksos.
Cuando su etimología puede ser determinada, todos los nombres de los asiáticos
de este período, tanto de los reyes como de los de particulares, derivan de lenguas
semitas occidentales. La antigua propuesta de que algunos eran hurritas, o incluso
hititas, no se ha confirmado. Durante el Reino Medio, las referencias a los asiáticos
son numerosas: trabajaban en varias ocupaciones, en ocasiones adoptando nombres
egipcios al tiempo que mantenían la designación de «asiáticos» (aamu). Se pensaba
que se trataba de emigrantes económicos, pero una inscripción del soberano de la
Dinastía Amenemhat II menciona, con un lenguaje inconfundible, una campaña
por mar contra la costa libanesa que supuso un botín de 1.554 asiáticos. Este tipo de
campañas encajan con las pruebas arqueológicas de Tell el Habua, las cuales
demuestran que la frontera oriental de Egipto estaba tan fortificada como la
meridional. Tell el Habua es un amplio yacimiento situado al este de Tell el Daba y
fechado a partir del Reino Medio. Mohammed Maksoud, su excavador, ha encontrado
restos de un edificio importante, probablemente una fortaleza a juzgar por el grosor
de los muros, bajo estratos del Segundo Período Intermedio. Por analogía con los
fuertes nubios de la segunda catarata, es indudable que las patrullas recorrerían el
desierto de alrededor, recogiendo en despachos (que después eran enviados a la
capital) los movimientos de las gentes que «querían entrar en Egipto».

En Tell el Daba se han encontrado pruebas de que a comienzos de la XIII Dinastía
ya existía allí una comunidad de asiáticos, si bien muy egiptizados. Hasta el
momento, es la única prueba arqueológica convincente de la presencia durante el
Reino Medio de una población asiática en el interior de Egipto (si bien viviendo de
forma diferente a los egipcios). En los textos contemporáneos también hay
referencias a «campamentos de trabajadores asiáticos».
Es posible que el asentamiento más antiguo de Tell el Daba, que data del Primer
Período Intermedio, se construyera deliberadamente como una parte más del sistema
defensivo erigido para proteger la frontera oriental. Durante el final de la XII Dinastía
y el comienzo de la XIII Dinastía el lugar creció enormemente, llegando incluso a
contar con un asentamiento poblado por asiáticos. El carácter no egipcio de la
comunidad es evidente por la disposición de las casas (que sigue aparentemente un
modelo sirio) y por el hecho de que las tumbas estaban integradas en la zona de los
vivos más que en un cementerio fuera del asentamiento. No sólo existen diferencias
en la cultura material, definida por los tipos de cerámica y armas, sino porque la
naturaleza de los enterramientos indica una mezcla de rasgos egipcios y palestinos.
En un agujero de ladrones en la capilla de una tumba se encontraron los fragmentos
de una estatua de caliza de tamaño mayor que el natural que representa a un hombre
sentado sujetando un bastón arrojadizo; el estilo artístico y las ropas no son egipcios,
pero el tamaño indica que se trata de una persona de la mayor importancia.
Irónicamente, el mejor paralelo para esta estatua es una diminuta figura de madera de
una tumba del Reino Medio en Beni Hassan que representa a una mujer asiática con
su hijo.

En el siguiente estrato (d/1), la cultura del Bronce Medio se vuelve más
pronunciada y las tumbas incluyen enterramientos de burros, en ocasiones por
parejas. Otros hallazgos incluyen la impresión de un cilindro-sello de estilo sirio
septentrional, fragmentos de cerámica minoica Kamares y un pectoral de oro con dos
perros de caza enfrentados, que también se piensa que es minoico. Estos objetos,
junto al testimonio de la «habitual» cerámica importada del Bronce Medio y las
imitaciones egipcias, confirman el carácter mixto del asentamiento. El origen de estos
asiáticos —en el caso de que sea un origen único— no es sencillo de determinar.
Ciertamente, la cultura asiática estaba muy adulterada por la egipcia, la mayoría de la
cerámica es egipcia (si bien en el estrato d/1 cae desde el 80 hasta el 60 por ciento del
total) y, a juzgar por los títulos de los funcionarios presentes en los escarabeos, la
administración se regía según el modelo egipcio. Se han encontrado paralelos para los
rasgos extranjeros en yacimientos palestinos meridionales como Tell el Ajjul, el
yacimiento sirio de Ebla y Biblos (en el actual Líbano). Como la riqueza de Tell el
Daba a finales del Reino Medio se centraba en el comercio marítimo a lo largo de la
costa levantina, la ruta caravanera que cruzaba el norte del Sinaí para alcanzar
Palestina (y quizá también utilizada por expediciones a las minas de turquesa), la
idiosincrásica cultura de sus habitantes no debería sorprendernos.
La cultura de los habitantes de Tell el Daba no era estática y no tardó en
desarrollar características nuevas y deshacerse de las antiguas. Esto hace que la
caracterización de cada estrato en términos de arquitectura, costumbres funerarias,
cerámica y objetos de metal y otros sea relativamente clara; pero deja sin respuesta la
cuestión de por qué y cómo tuvo lugar esta mezcla cultural y su rápido desarrollo.
Una hipótesis es que la población básica de egipcios recibió de tiempo en tiempo un
nuevo influjo de colonos, primero procedentes de la región del Líbano y Siria y
subsiguientemente de Palestina y Chipre. La élite de entre ellos se casó con mujeres
locales, una sugerencia apoyada por el estudio preliminar de los restos humanos, si
bien la conservación de los huesos es pobre.
Tell el Daba ha proporcionado cientos de objetos que se pueden adscribir como
pertenecientes al bien conocido Período del Bronce Medio II A-C de Siria-Palestina.
Este material se encuentra en nueve estratos (H-D/2), cuyos extremos inferior y
superior han sido relacionados por el arqueólogo austríaco Manfred Bietak con el
reinado de dos soberanos egipcios, respectivamente Amenemhat IV (1786-1777 a.C.)
y Ahmose (1550-1525 a.C.). El período resultante de 248-282 años lo divide entre
nueve, lo que supone aproximadamente treinta años por estrato, consiguiendo así un
marco de fechas absolutas para su secuencia relativa. No obstante, cuando estas
fechas se llevan a yacimientos de Siria-Palestina donde se han encontrado objetos
similares a los de Tell el Daba, en ocasiones se han producido conflictos con la
cronología existente. Cuando se resuelvan, los enconados debates generados
terminarán exigiendo una revisión radical no sólo de la datación de los estratos de
Tell el Daba, sino de los métodos utilizados para fechar el Bronce Medio en toda la
región del Mediterráneo oriental.
La expansión inicial de Tell el Daba se vio frenada temporalmente por una
epidemia. En diversos lugares del yacimiento, Bietak ha encontrado grandes fosas
comunes donde se enterraron muchos cuerpos sin ninguna ceremonia discernible. A
partir de entonces, desde el estrato F en adelante, el patrón tanto de los asentamientos
como de los cementerios sugiere una sociedad menos igualitaria que antes. Casas
grandes con casas pequeñas rodeándolas, los edificios más elaborados en el centro en
vez de en la periferia del asentamiento, sirvientes enterrados delante de las tumbas de
sus señores, todo ello sugiere el predominio social de un grupo de élite acaudalado.
En este momento de la historia de la ciudad, su identificación con la textualmente
documentada Avaris, capital de los hyksos, se hace evidente. Se han encontrado dos
jambas de caliza donde se menciona al «buen dios, señor de las Dos Tierras, hijo de
Ra de su cuerpo, Nehesy». Fragmentos inscritos procedentes de Tell el Habua, Tanis
y Tell el Muqdam proporcionan más títulos y epítetos de este personaje: «Amado de
Seth, señor de Avaris, hijo primogénito del rey». El último epíteto es un título que
implica un elevado rango militar, no que su poseedor fuera literalmente «hijo del
rey». La referencia al dios Seth demuestra que su culto ya estaba establecido y que
era el dios local de Avaris, del mismo modo que Amón era la deidad titular de Tebas.
El culto de Seth puede haber evolucionado a partir del sincretismo de un culto
preexistente en Heliópolis con el culto del dios del cielo Baal Zephon (del norte de
Siria), introducido por los asiáticos.
Nehesy aparece en el Canon de Turín en el grupo que generalmente se identifica
como la XIV Dinastía, cuya capital —según Manetón— era Xois, en el delta
occidental. Nehesy fue un alto funcionario que durante escaso tiempo (no se le
conocen años de reinado) asumió categoría de rey en Avaris. Es probable que Nehesy
fuera egipcio, o quizá nubio (que es lo que significa hteralmente Nehesy); nada en sus
inscripciones sugiere lo contrario. El rey al que servía originalmente quizá siguiera
reinando desde la ciudad de Itjtawy, cerca de Lisht, que no sería abandonada hasta
después de 1685 a.C.; si bien Sobekhotep IV (c. 1725 a.C.) fue el último soberano
realmente poderoso de la XIII Dinastía. Tras el reinado de Sobekhotep, es probable
que la unidad del país comenzara a romperse y un evidente candidato a convertirse en
un reino independiente era la rica y poderosa ciudad de Avaris.
¿Hasta dónde se extendió la autoridad del rey Nehesy? Si juzgamos por los
lugares donde aparece su nombre, su territorio parece haber incluido el delta oriental
desde Tell el Muqdam hasta Tell el Habua; pero la habitual práctica de la usurpación
y explotación de monumentos anteriores complica la cuestión. Dado que los únicos
documentos que nos consta que fueron hallados allí donde fueron situados
originalmente son los de Tell el Habua y Tell el Daba, es probable que su reino fuera
en realidad mucho más pequeño.
Uno de los enterramientos del Segundo Período Intermedio de Tell el Daba
parece confirmar que en Avaris todavía se conservaba la estructura de la burocracia
egipcia. Un escarabeo en el dedo del dueño de la tumba lo identifica como el
«tesorero ayudante, Aamu» («el asiático»). Su enterramiento es extremadamente rico,
pero se caracteriza por varios rasgos no egipcios: el cuerpo en posición fetal (no
extendido, como es normal en los enterramientos egipcios), armas y cerámicas de
tipo sirio-palestino y la presencia delante de la tumba de cinco o seis burros
enterrados. Un funcionario de este rango normalmente estaría enterrado cerca de su
rey, con la esperanza de pasar su vida cerca de la residencia real, la sede del gobierno,
que para él era Avaris.

Si aceptamos la reconstrucción que hace el egiptólogo danés S. B. Ryholt del
Canon de Turín, en la columna dedicada al grupo de reyes entre los cuales está
Nehesy aparecen 32 nombres, 17 nombres más que se han perdido y dos lagunas, una
que cubre a los cinco predecesores de Nehesi y otra de longitud indefinida que, como
indica el escriba, ya existía en el manuscrito del cual está copiado el Canon de Turín.
Excepto para cinco de los reyes con nombre, la longitud de los reinados o bien
falta o es menor de un año. Además de Nehesy, sólo tres de ellos se encuentran en
otras partes.» los reyes Nebsenra y Sekheperenra en una jarra y un escarabeo
respectivamente, mientras que el rey Merdjedefra es conocido gracias a una estela
contemporánea, en la que aparece acompañado del «portador del sello del rey, el
tesorero, Renisoneb». El lugar del hallazgo se desconoce, pero se ha sugerido un
lugar en el delta oriental, más concretamente Saft el Hinna, a unos treinta kilómetros
al norte de Tell el Yahudiya. El rey aparece realizando una ofrenda a Soped, Señor del
Este, un dios cuya esfera de influencia eran las rutas del desierto hasta el mar Rojo y
las minas de turquesa del Sinaí. Su centro de culto durante la XXII Dinastía era Saft
el Hinna. La importancia de la estela de Merdjedefra va más allá de la mera
confirmación de la existencia de un rey menor, pues ratifica que los nombres de los
reyes de la XIV Dinastía no son ficticios, si bien es poco probable que se trate de un
único linaje de reyes que gobernaron uno tras otro desde el mismo lugar.
La descripción de Nehesy es la primera prueba contemporánea de la
fragmentación del reino egipcio. Según Bietak, Nehesy encaja en la cronología
relativa de Tell el Daba en el estrato F (o b/3), correspondiente a finales de la XIII
Dinastía. A partir de entonces ningún rey volvió a controlar todo Egipto hasta la
conquista de Avaris. Del período se conservan más de 105 nombres, la mayoría de
ellos en el Canon de Turín. Esto implica que en Menfis se llevaba un registro con los
nombres de todos estos reyes, sin importar lo breves y localizados que fueran sus
reinados. La meticulosa reconstrucción realizada por Ryholt del dañado papiro utiliza
tanto concordancia de fibras como análisis textual y, como resultado de ella,
poseemos un registro mucho más coherente. Ahora los nombres reales se dividen en
cuatro grupos, que se corresponden con las Dinastías XIV a XVII de Manetón. La
XIV y XV Dinastías tenían su base en el delta oriental y su capital era Avaris (si bien
la XV Dinastía controló también parte de Egipto al sur de Menfis, véase más abajo),
mientras que la XVI y la XVII Dinastías estuvieron centradas en Tebas, en el Alto
Egipto. La naturaleza fragmentaria del papiro permite más de una interpretación,
incluso si se acepta la reconstrucción física del mismo realizada por Ryholt. Una de
sus ideas más debatidas y de mayor alcance es la de asignar el grupo más antiguo de
reyes tebanos a la XVI Dinastía de Manetón. Africano, el más exacto de sus copistas,
describe la XVI Dinastía como «reyes pastores (hyksos)», mientras que Eusebio los
cataloga como tebanos. Aquí seguimos la interpretación de Ryholt.
Hay algunos reyes cuyos nombres encontramos en monumentos, mas no pueden
ser identificados en el Canon de Turín (quizá porque aparecían en una de las partes
desaparecidas). Uno de ellos es Sekerher, que posee una titulatura egipcia completa
(se han conservado tres de sus cinco nombres), pero se describe a sí mismo como
heka khasut («soberano de países extranjeros»); su inscripción se conserva en una
jamba encontrada reutilizada en un edificio de comienzos de la XVIII Dinastía en
Tell el Daba. Bietak lo identifica con Salitis, cuyo nombre se conserva en la versión
de Josefo de la historia de Manetón, donde aparece como el conquistador de Menfis.
No obstante, también existe un amplio grupo de quince nombres de reyes que
sólo aparecen en escarabeos. En unas ocasiones son nombres egipcios y en otras son
semíticos occidentales; vienen precedidos por epítetos como «el buen dios», «el hijo
de Ra» y «el soberano de países extranjeros». Los dos primeros epítetos los
ostentaron durante muchos siglos los reyes egipcios y se refieren a la categoría de rey
en los términos más generales. Sin embargo, para describir a estos reyes nunca se
utiliza el término nesu («rey»), que sí se emplea en las fuentes egipcias como el
Canon de Turín. Estilísticamente, los escarabeos son de dos tipos distintos, utilizados
tanto en Egipto como en Palestina. Sus contextos arqueológicos demuestran que
pertenecen al período que siguió a la XIII Dinastía y su estilo los relaciona con los
escarabeos que llevan los nombres de los reyes de la XIV y XV Dinastías. Es posible
que en realidad se trate de nuevos casos de altos funcionarios con autoridad
puramente local, pero que se conceden a sí mismos el derecho a los epítetos reales en
sus sellos en un momento y un lugar en los que los normalmente rígidos protocolos
ya no se podían hacer cumplir.
Sin otras fuentes que lo confirmen, no parece muy seguro utilizar la distribución
de los escarabeos como indicador del alcance de la autoridad de estos «reyes» o
utilizar los cambios en el diseño y la forma de los escarabeos para situarlos en una
secuencia cronológica. Hasta el momento, los hallazgos de Tell el Daba no nos
permiten situar ninguno de ellos, si no es de forma indirecta. Es probable, dado el
modelo de la Palestina del Bronce Medio IIB y una interpretación literal de los
nombres adoptados por Sekerher, que éste fuera un cacique al que los reyes menores
pagaban tributo. Si es así, se explicaría el uso del título «soberano de países
extranjeros», tanto en los escarabeos de hombres desconocidos por otras fuentes
como en las inscripciones de los soberanos de Avaris.
Bietak asocia el final de la fase hyksa en Tell el Daba (estratos b/1-a/2;E/2-
D/2;VI-V) a la XV Dinastía de Manetón y en un fragmento del Canon de Turín se
lee: «Seis soberanos de países extranjeros que gobiernan durante 108 años». Sólo se
puede leer el nombre del último, Khamudi. Sekerher, Apepi y Yanassi, hijo de Khyan,
aparecen en Tell el Daba y el primero y el último pueden identificarse con los Salitis
e Iannan de Manetón. Toda la documentación, escrita y arqueológica, sugiere que la
autoridad de estos soberanos era mucho mayor que la de sus predecesores. La
sucesión de padre a hijo de dos de ellos y el excepcionalmente largo reinado de Apepi
(al menos cuarenta años) nos indica que en Avaris estaba gobernando una verdadera
dinastía al estilo de, por ejemplo, la XII Dinastía egipcia.
En su momento de mayor extensión, la ciudad ocupaba un área de casi cuatro
kilómetros cuadrados, con lo que sería el doble de grande que durante la XIII
Dinastía y tres veces mayor que Hazor, la más grande de las ciudades palestinas del
Bronce Medio II A-C. En el último estrato hykso, D/2, se construyó en el límite
occidental de la ciudad, sobre terreno virgen una ciudadela que controlaba el río y,
aproximadamente 200 metros hacia el sureste, una torre de vigilancia que controlaba
los accesos por tierra. En torno a ellas se edificó un enorme muro de 6,2 metros de
anchura, ampliado después a 8,5 metros, con contrafuertes a intervalos. La
fortificación se construyó sobre unos extensos jardines que originalmente habían
formado parte del complejo palacial.
El cénit del Período Hykso fue el reinado de Aauserra Apepi (c. 1555 a.C.), a
pesar de que dos reyes tebanos lanzaron campañas contra él. Se aprecian signos de un
renacimiento consciente de las tradiciones egipcias relativas a los escribas,
indispensables para crear y controlar la compleja burocracia necesaria para gobernar
al modo egipcio. En la paleta de un escriba llamado Atu, Aauserra es descrito como
«un escriba de Ra, enseñado por el propio Thoth […] con numerosas escrituras [de
éxito] en el día en que lee fielmente todos los [pasajes] difíciles de las escrituras,
igual que fluye el Nilo». Fue en el trigésimo tercer año de su reinado cuando se copió
el Papiro matemático Rhind, una tarea que sólo pudo llevar a cabo un escriba que
conociera a fondo su arte y con acceso a un archivo especializado en textos
matemáticos, que difícilmente pudo haber existido fuera del templo de Ptah en
Menfis. Una estela posterior al Reino Nuevo encontrada en esta ciudad recoge la
genealogía de un linaje de sacerdotes que se remonta hasta la XI Dinastía. También
conserva los nombres de los reyes que gobernaban y menciona a Apepi y Sharek para
el período anterior a Ahmose. En Tell el Daba se encontraron los fragmentos de un
santuario que conmemoraba a Apepi y su hermana Tany, dedicado por dos asiáticos
cuyos escribas adaptaron sus nombres semítico-occidentales a la escritura jeroglífica
egipcia. En la tumba del soberano egipcio de la XVIII Dinastía Amenhotep I (1525-
1504 a.C.) se encontró también una placa inscrita con delicados jeroglíficos dedicada
a la hija de Apepi, Herit.

Como fenómeno cultural, los hyksos han sido descritos como «peculiarmente
egipcios». La mezcla de rasgos culturales faraónicos y sirio-palestinos —como dejan
ver los objetos de los estratos D/3 y D/2 (reinado de Apepi) en Tell el Daba— se
pueden reconocer en una amplia zona del delta, de oeste a este: Tell Fauziya y Tell
Geziret al oeste de la rama tanítica del Nilo, además de en Farasha, Tell el Yahudiya,
Tell el Maskhuta y Tell el Habua. Estos yacimientos son mucho más pequeños que
Tell el Daba y su período principal de ocupación coincide en todos los casos con los
últimos estratos hyksos, pero dos de ellos, Tell el Maskhuta y Tell el Yahudiya,
desaparecieron antes del período representado por el último estrato hyksos de Tell el
Daba (D/2).Tell el Maskhuta y sus poblados satélites están situados en Wadi Tumilat,
que conduce a una de las rutas principales que cruzan el norte del Sinaí y llegan hasta
Palestina. Se trataba de un asentamiento pequeño, quizá ocupado sólo de forma
estacional. La riqueza de Avaris procedía del comercio, no sólo con Palestina y el
Levante, sino, en su última fase, sobre todo con Chipre. La estela de Kamose
menciona todos los bienes importados por los hyksos («carros y caballos, barcos,
madera, oro, lapislázuli, plata, turquesa, bronce, innumerables hachas, aceite, grasa y
miel»); pero sigue habiendo pocas pruebas materiales referidas a los bienes que los
hyksos proporcionaban a cambio.
El soberano de Avaris afirmaba ser rey del Alto y el Bajo Egipto, si bien por la
estela de Kamose sabemos que Hermópoks señalaba su teórico límite meridional y
Cusae, algo más al sur, su frontera específica. Esta región incluye tanto a Menfis
como a Itjtawy, la capital de los reyes de la XII y XIII Dinastías. ¿Cómo era la
autoridad ejercida por el rey de Avaris en esta región? ¿Podemos reconocer en ella la
característica cultura del delta oriental?
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