Respecto a la astronomía egipcia se podría decir que durante la época faraónica, ptolemaica y romana, las cronologías «absolutas»
tradicionales tienden a basarse en complejas redes de referencias textuales, donde se
combinan elementos como nombres, fechas e información genealógica en un marco
histórico general que es más fiable para unos períodos que para otros. Los llamados
Períodos Intermedios han demostrado ser unas fases especialmente delicadas, en
parte porque solía haber más de un soberano o dinastía reinando simultáneamente en
diferentes regiones del país.

Medicina en Egipto

Los registros conservados de observaciones del orto
helíaco de la estrella Sirio (el Can) sirven tanto de eje para la reconstrucción del
calendario egipcio como de vínculo esencial de éste con la cronología en general. La diosa Sopdet, conocida como Sothis en el Período Grecorromano (332
a.C.-395 d.C), era la personificación de la «estrella del Can», que los griegos
llamaban Seirios (Sirio). Suele ser representada como una mujer con una estrella
sobre la cabeza, si bien su representación más antigua —en una tablilla de marfil del
rey Djer de la I Dinastía (c. 3000 a.C.) encontrada en Abydos— la muestra como una
vaca sedente con una planta entre los cuernos.

Escritura en Egipto

Como en el sistema de escritura
faraónico se utiliza una planta como ideograma con el significado de «año», es
posible que los egipcios ya hubieran establecido la relación entre la aparición de la
estrella del Can y el comienzo del año solar incluso a comienzos del tercer milenio
a.C. Sopdet, junto a su esposo Sah (Osiris) y su hijo Soped, formaba parte de una
tríada que era un paralelo de la familia compuesta por Osiris, Isis y Horus. Por lo
tanto, aparece descrita en los Textos de las pirámides como unida a Osiris para dar a
luz a la estrella de la mañana.
Por lo que respecta al calendario egipcio, Sopdet era la más importante de las
estrellas o constelaciones conocidas como decanos, y la «aparición sothíaca»
coincidía con el comienzo del año solar una vez cada 1.460 años (más exactamente
cada 1.456 años).

Sopdet

Sabemos que una de estas raras coincidencias del orto helíaco de
Sopdet con el comienzo del año civil egipcio (o «año errante», como es descrito en
ocasiones, puesto que se va retrasando con respecto al año solar aproximadamente un
día cada cuatro años) tuvo lugar en 139 a.C., durante el reinado del emperador
romano Antonino Pío, gracias a que el acontecimiento fue conmemorado con la
acuñación de una moneda especial en Alejandría. Con anterioridad se produjeron
ortos helíacos en 1321-1317 a.C. y 2781-2777 a.C.; el período transcurrido entre cada
uno de ellos se conoce como ciclo sotíaco.
La base de la cronología convencional de Egipto, que a su vez influye en la de
toda la región mediterránea, la forman dos menciones en textos egipcios de
apariciones de Sothis (fechados en los reinados de Senusret III y Amenhotep I).

Documentos de la astronomía egipcia

Estos
dos documentos son: una carta procedente de Lahun, escrita el día 16, mes 4, de la
segunda estación del año 7 del reinado de Senusret III; y un papiro médico tebano de
la XVIII Dinastía (el Papiro Ebers), escrito el día 9, mes 3, de la tercera estación del
año 9 del reinado de Amenhotep I. Asignando fechas absolutas a cada uno de estos
documentos (1872 a.C. para el año 7 de Senusret III —Lahun— y 1541 a.C. para el
año 9 del reinado de Amenhotep I —Ebers—), los egiptólogos han conseguido
extrapolar un grupo de fechas absolutas para todo el Período Faraónico basándose en
los registros de la duración de los reinados de los demás reyes del Reino Medio y del
Reino Nuevo.

Fechas de la astronomía egipcia

Pese a todo, no es posible tener plena confianza en las fechas absolutas
mencionadas arriba, puesto que las fechas concretas dependen del lugar donde se
realizaran las observaciones astronómicas. Se suele asumir —sin ninguna prueba real
— que la observación tuvo lugar en Menfis o quizá en Tebas; pero tanto Detlef
Franke como Rolf Krauss han sostenido que todas se realizaron en Elefantina. Por su
parte, William Ward ha sugerido que es más probable que en todos los casos se trate
de observaciones locales, lo que habría supuesto un retraso temporal en términos de
las fiestas religiosas «nacionales» (es decir, que tanto las observaciones como las
propias fiestas pueden haber tenido lugar en momentos y lugares diferentes del país).

Diferencias en las cronologías

Esta constante falta de certeza significa que nuestros puntos de referencia
astronómicos son un tanto vagos, si bien hay que mencionar que la diferencia entre
las cronologías «alta» y «baja» (basadas en gran parte en el emplazamiento de los
distintos puntos de observación) no suele ser mayor que unas pocas décadas en el
peor de los casos.

Regencia

Una de las particularidades de la cronología egipcia, origen tanto de confusión
como de debate, es el concepto de «corregencia», una expresión moderna con la que
se hace referencia a períodos en los cuales había dos reyes gobernando de forma
simultánea, consistentes por lo general en un solapamiento de varios años entre el
final del reinado de un faraón y el comienzo del siguiente. Este sistema puede haber
sido utilizado, desde al menos el Reino Medio, para asegurar que la transmisión del
poder tuviera lugar con los menores trastornos e inestabilidad posibles.

XII Dinastía egipcía

También habría permitido que el sucesor elegido consiguiera experiencia de gobierno antes del
fallecimiento de su predecesor. No obstante, da la impresión de que el sistema de datación de las corregencias varió de un período a otro. Así, los corregentes de la XII Dinastía pueden haber
utilizado fechas de reinado individuales, de tal modo que se produjeron
solapamientos entre los reinados de los dos soberanos, produciendo lo que se conoce
como fechas dobles cuando ambos sistemas se utilizaron para fechar un mismo
monumento (véase el capítulo 7). Como en el Reino Nuevo no hay casos seguros de
dataciones dobles, parece haberse utilizado un sistema diferente.

Reinados

Por ejemplo, durante
los reinados de Tutmosis III (1479-1425 a.C.) y Hatshepsut (1473-1458 a.C.), las
fechas parecen haberse contado con respecto a la subida al trono de Hatshepsut, como
si ésta se hubiera convertido en soberana al mismo tiempo que Tutmosis III. Sigue
siendo elemento de discusión si cada rey utilizó fechas separadas durante las posibles
corregencias de Tutmosis III-Amenhotep II y Amenhotep III-Amenhotep IV. Los
argumentos a favor y en contra de la corregencia de estos dos últimos reyes han sido
revisados cuidadosamente por Donald Redford y después por William Murnane. Sin
embargo, sigue habiendo una considerable controversia respecto a qué corregencias
se produjeron realmente y cuánto tiempo duraron. El dilema de la astronomía egipcia .

Cronología

Al igual que sucede en otras culturas, existen períodos de la historia de Egipto
mejor o peor documentados que otros en cuanto a la astronomía egipcia . Esta irregularidad en la documentación
arqueológica y textual de las diferentes épocas es la principal causante de que se
considere que existen «períodos intermedios», durante los cuales la estabilidad
política y social del Período Faraónico parece haber estado temporalmente dañada.

Reino Antiguo

Así, se piensa que los períodos de continuidad política y cultural conocidos como los
Reinos Antiguo, Medio y Nuevo vinieron seguidos cada uno de «épocas oscuras»,
durante las cuales el país se disgregó y debilitó como resultado de diferentes
conflictos (ya fuera una guerra civil entre las distintas provincias o la invasión de
pueblos extranjeros). Esta imagen fue a la vez negada y reforzada por la historia de
Manetón. En primer lugar, Manetón presentó un equívoco aire de continuidad en la
sucesión de reyes y dinastías al asumir que sólo un rey podía ocupar el trono de
Egipto en un momento dado. En segundo lugar, sus descripciones de algunas de las
dinastías correspondientes a los períodos intermedios sugieren que la realeza
cambiaba de manos con una alarmante rapidez.

Historia de la Astronomía egipcia

El estudio del Tercer Período Intermedio se ha convertido en una de las zonas
más controvertidas de la historia de Egipto, sobre todo en la década de 1990, cuando
varios especialistas lo estudiaron de forma intensiva. Florecieron así tres áreas de
investigación. En primer lugar, varios aspectos de la cultura de la época (como la
cerámica y los ajuares funerarios) se analizaron en términos de cambio de elementos
como el estilo y los materiales.

Estudios antropológicos

En segundo lugar se llevaron a cabo estudios de la astronomía egipcia ,
antropológicos, iconográficos y lingüísticos respecto a la identidad étnica «libia» de
muchos de los soberanos de la XXI a la XXIV Dinastías. En tercer lugar, crucial
desde el punto de vista de la historia del Período Faraónico como un todo, un
pequeño grupo de especialistas afirmó que los cuatrocientos años ocupados por el
Tercer Período Intermedio (así como otras muchas «épocas oscuras»
aproximadamente contemporáneas de otros lugares de Oriente Próximo y el
Mediterráneo) pueden haber sido artificialmente incrementados por los historiadores.

Reino Nuevo

Sugieren que el Reino Nuevo puede haber terminado no en el siglo XI a.C., sino en el
siglo VIII a.C., lo que deja un lapso mucho más pequeño, de ciento cincuenta años,
entre el final de la XX Dinastía y el comienzo de la Baja Época. No obstante, este
punto de vista ha sido ampliamente descartado, no sólo porque los egiptólogos,
asiriólogos y expertos en el Egeo han sido capaces de refutar muchos de los
argumentos textuales y arqueológicos en los que se basaba este cambio en la
cronología, sino, lo cual es más importante, porque los sistemas de datación
científicos (es decir, el radiocarbono y la dendrocronología) casi siempre
proporcionan bases sólidas e independientes para la cronología convencional.

Fechas importantes

De hecho, la irrelevancia de estos pequeños ajustes del marco cronológico tradicional,
dada la abrumadora y cada vez mayor importancia de las fechas científicas, ha sido
memorablemente descrita por el arqueólogo clásico Anthony Snodgrass como
«parecida a un esquema para reorganizar la economía de Alemania Oriental que se
hubiera realizado en 1989 o comienzos de 1990».

Abidos

En un nivel más cultural que cronológico, el significado de las divisiones
históricas básicas (es decir, la diferencia entre los Períodos Predinástico, Faraónico,
Ptolemaico y Romano) también ha comenzado a discutirse.

Umm el Qaab

Por una parte, los resultados de las excavaciones realizadas durante las décadas de 1980 y 1990 en los cementerios de Umm el Qaab (en Abidos) sugieren que antes de la I Dinastía hubo
una Dinastía 0, que se remontaría hasta un momento sin precisar del cuarto milenio
a.C. Esto significa que, como mínimo, uno o dos siglos del Predinástico
probablemente fueran «dinásticos» en muchos aspectos políticos y sociales. Del
mismo modo, las cada vez más abundantes pruebas de que los tipos cerámicos de
Nagada II siguieron siendo ampliamente utilizados durante el Dinástico Temprano
demuestran que ciertos aspectos del Predinástico continuaron existiendo durante la
época faraónica.

Políticas

Si bien existen rupturas políticas definidas entre la época faraónica y la
ptolemaica, así como entre la época ptolemaica y la romana, los cada vez más
abundantes datos arqueológicos para estos dos últimos períodos han comenzado a
sentar las bases que permitirán ver el proceso del cambio cultural de una forma
menos repentina de lo que sugieren los documentos puramente políticos. Así, resulta
evidente que hay aspectos de la ideología y la cultura material del Período Ptolemaico
que permanecieron virtualmente intactos pese a las turbulencias políticas.

Alejandro Magno

En vez de considerar la llegada de Alejandro Magno y su general Ptolomeo como una gran línea
divisoria en la historia de Egipto, muy bien se puede afirmar que aunque ciertamente
hubo varios cambios políticos significativos entre la primera mitad del primer milenio
a.C. y la primera mitad del primer rnileno d.C., éstos tuvieron lugar en medio de
pausados procesos de cambio social y económico. Elementos significativos de la
cultura faraónica pueden haber sobrevivido relativamente intactos durante milenios,
sufriendo sólo una conjunta y completa transformación cultural y política a
comienzos del Período Islámico, en el año 641 d.C.