Amosis I

Las inscripciones de la tumba de Amosis I, hijo de Ibana, en Elkab describen la
derrota de los hyksos a manos de su tocayo, el rey Amosis I, así como el asedio que
éste puso a la fortaleza de Sharuhen, en la Palestina meridional, y sus campañas en
Kush, cuya capital era la ciudad de Kerma, cercana a la tercera catarata. La
conclusión de esta campaña nubia se dejó en manos de Amenhotep I (1525-1504
a.C.) y una serie de monumentos en la isla de Sai conmemoran las victorias de ambos
soberanos; es posible que todos ellos fueran erigidos por Amenhotep I, pero es
innegable que Amosis I se mostró activo en la región.
En los estratos de comienzos de la XVIII Dinastía en Avaris (Tell el Daba)
encontramos el nombre de Amosis I y de varios reyes que lo sucedieron. Durante esta
época, en el yacimiento se utilizaron varios edificios monumentales decorados con
frescos minoicos (véase el capítulo 8). Ciertamente, esto sugiere la existencia de un
contacto creciente con el Egeo, aunque sólo sea mediante artistas itinerantes
encargados de realizar o supervisar los trabajos. Como las armas encontradas en el
pequeño ataúd de la reina Ahhotep I (madre de Amosis I), dentro de su tumba en la
orilla occidental de Tebas, lucen elementos y técnicas artesanales egeas o al menos
mediterráneas orientales aplicadas a objetos egipcios, los elementos exóticos
extranjeros apreciados en el delta parecen haberlo sido también en Tebas, cuando
menos adaptados. En Egipto es difícil encontrar objetos egeos contemporáneos a la
XVIII Dinastía, si bien en Creta y en menor grado en la Grecia continental se
encuentran en gran número pequeños objetos comerciales faraónicos. No obstante,
sigue sin estar claro (de hecho es incluso dudoso) si a comienzos de la XVIII Dinastía
hubo intercambios diplomáticos directos entre Egipto y Creta. Es posible que
Amosis I y sus sucesores se limitaran a continuar participando en el sistema de
intercambio del Mediterráneo oriental, exactamente igual que habían hecho los
hyksos. Comoquiera que sea, el impulso creativo que dio forma al estilo de influencia
«egea» visible en los objetos de la época de Amosis I, así como en las pinturas de
estilo minoico de Tell el Daba, no sobrevivió al comienzo de la XVIII Dinastía. Al
final, como sucede casi siempre durante los períodos de monarquía fuerte, terminó
imponiéndose la iconografía egipcia tradicional. Los pocos elementos que
persistieron (como el dibujo del «galope», por ejemplo) se adaptaron rápidamente a
contextos iconográficos más familiares.
Parece que el proyecto constructivo más inmediato de Amosis I tuvo lugar en la
capital de Avaris, que había arrebatado a los hyksos. Las excavaciones de Manfred
Bietak han identificado una plataforma de palacio de comienzos de la XVIII Dinastía
undante con la muralla hyksa. En estratos posteriores han aparecido sellos con los
nombres de los soberanos de la XVIII Dinastía, desde Amosis I hasta Amenhotep II;
aunque Bietak considera que el constructor del complejo palacial decorado con
frescos minoicos fue Amosis I. Es posible que este soberano tuviera otros proyectos
constructivos en la región del delta, pero ciertamente se quiso convertir Avaris en un
centro importante —con bastante probabilidad comercial— para uso del nuevo
gobierno. Gracias a las excavaciones de las décadas de 1980 y 1990 se sabe que
también Menfis fue reurbanizada a comienzos de la XVIII Dinastía: al desplazarse el
río hacia el este, se utilizó la tierra liberada para crear un nuevo asentamiento. Las
secuencias cerámicas y los escarabeos reales indican que, ya en el reinado de
Amosis I, Menfis estaba volviendo a recibir población tras un paréntesis que puede
corresponder a las guerras entre Tebas y Avaris, descritas en el capítulo 8.
Los templos de los últimos años del reinado de Amosis I constituyen los cimientos
de un programa constructivo faraónico tradicional, mediante el cual se honraba a los
dioses cuyos templos habían florecido durante el Reino Medio: Ptah, Amón, Montu y
Osiris. Amosis I veneró a las deidades tradicionales de los centros de culto egipcios.
Donde mejor queda recogida la relación de Amosis I con el dios luna Iah
(representado en el elemento «Ah» de su nombre) es en las inscripciones de las joyas
de Ahhotep I y Kamose (1555-1550 a.C.), que describen a Amosis I como «hijo del
dios luna Iah». Se desconoce cuál era el principal centro de culto de este dios, a pesar
de la ubicua presencia del elemento «Ah» en los nombres de la familia real. Es
posible que Amosis I comenzara a hacer escribir su nombre, con el creciente lunar
«Iah» con las puntas hacia abajo, en el momento mismo en que realizó la
reunificación. Por lo tanto, todos los monumentos que presentan esta forma del
nombre de Amosis I son posteriores a los años 17 o 18 de su reinado. Al ser el primer
rey en más de cien años que era capaz de erigir monumentos para los dioses tanto del
Egipto septentrional como del meridional, Amosis I abrió canteras de caliza en
Maasara con la intención de construir tanto en Menfis, el antiguo y venerado centro
del norte, como en Tebas, la casa de Amón y Montu. Si bien sus construcciones de
Menfis no se han hallado todavía, aún siguen en pie algunas de Tebas y otros lugares.
Es indudable que Amosis I realizó contribuciones significativas al culto de Amón
en Karnak. De haber vivido más, quizá hubiera comenzado a reconstruir con piedra
más edificios del complejo; los monumeneos suyos que se conservan incluyen una
entrada y varias estelas, así como quizá un santuario para la barca, situado
probablemente cerca del camino de entrada al templo. De este modo, su deseo de ser
reconocido como un piadoso dedicado a Amón habría sido aparente, no sólo para
aquellos a quienes su cargo o pertenencia a la élite les permitía el acceso a la casa de
Amón, sino también para los habitantes menos importantes de Tebas, que sólo
durante las fiestas podían visitar el patio anterior.
Del reinado de Amosis I se conocen varias estelas de caliza que recogen episodios
importantes relacionados con el templo de Amón, todas datadas probablemente en los
últimos siete años de su reinado. En dos de las recuperadas de los cimientos del
Tercer Pilono de Karnak, el rey se representa a sí mismo como propiciador y
benefactor del templo. En la llamada Estela de la Tormenta, el rey afirma haber
reconstruido las tumbas y pirámides de la región tebana destruidas por una tormenta
infligida al Alto Egipto por el poder de Amón, cuya estatua parece haber quedado en
extrema necesidad. Amosis I describe que la tierra quedó cubierta de agua y que hizo
traer valiosos bienes para sufragar la restauración de la región. La otra estela del
Tercer Pilono (conocida como la Estela de la Donación) recoge la compra por parte
del rey Amosis I del cargo de «segundo sacerdote de Amón» para su mujer, la «esposa
del dios Amón» Amosis I​-Nefertari. El coste del cargo fue pagado al templo por el
rey, que de este modo se convirtió de nuevo en su benefactor, además de asegurar la
relación entre el dios y la familia real.
Una tercera estela de Ahmose, encontrada esta vez en el interior del Octavo
Pilono de Karnak, data del año 18 de su reinado. En ella se ensalza el poder universal
de la familia real y se detalla el equipo cultual que Amosis I mandó fabricar para
luego dedicar al templo de Karnak: vasos de libaciones de oro y plata, copas de oro y
plata para la estatua del dios, mesas de ofrendas de oro, collares y cintas para las
estatuas divinas, instrumentos musicales y una nueva barca de madera para las
procesiones de la estatua. Los objetos donados por el rey a Karnak son los más
esenciales del culto y su dedicación puede indicar que en este momento el templo
carecía de este tipo de objetos en metales preciosos. Resulta imposible saber si esta
circunstancia era resultado de la acción de la gran tormenta, como afirma el rey en la
Estela de la Tormenta; pero durante los difíciles años de la XVII Dinastía tanto los
objetos de culto del templo como los objetos de los ajuares funerarios pueden haber
sido importantes recursos financieros para los tebanos.
Es importante mencionar la gran escasez que hubo en el Alto Egipto de objetos
fabricados con metales preciosos durante el Segundo Período Intermedio. Sólo con la
momia de Kamose y el ajuar funerario de Ahhotep, madre de Amosis I, encontramos
de nuevo extravagantes objetos funerarios de oro, como los que se conocen del Reino
Medio. A pesar de que varios centenares de años después del Segundo Período
Intermedio los ladrones afirmaron que habían robado el cuerpo forrado de oro del rey
Sobekensaf II, de la XVII Dinastía, de la época anterior a Ahmose sólo se han
encontrado ataúdes y ajuares funerarios relativamente modestos. ¿Es posible que las
inscripciones del rey en Karnak sean una explicación oficial del empobrecimiento de
la región tebana y, lo que es más importante, del papel de Amosis I como restaurador
de las riquezas del templo de Karnak y su dios? No estamos sugiriendo que no se
produjera la tormenta y que no se comprara el «segundo sacerdocio» para Ahmose-
Nefertari, sino más bien que estos acontecimientos concretos pueden haber sido
narrados en las estela por motivos puramente histórico-religiosos.