Amenhotep I

Al igual que su padre, Amenhotep I tal vez no fuera adulto en el momento de su
ascenso al trono, sobre todo porque sólo unos cinco años antes había sido designado
como sucesor un hermano mayor suyo. Es posible que hubiera una corta corregencia
con Ahmose para asegurar la continuidad y que se produjera una transición tranquila
en la recién creada dinastía; en cualquier caso, resulta indudable que su madre,
Ahmose-Nefertari, fue una figura destacada de su reinado. En general, el reinado de
Amenhotep I fue una continuación del de su padre: se construyeron edificios
concebidos quizá por Ahmose y se realizaron expediciones militares al sur para
completar campañas anteriores. A pesar de esta falta de imprimatur personal,
Amenhotep I fue un soberano de éxito por derecho propio. Quizá nada lo demuestra
mejor que el hecho de que, poco después de su muerte, tanto él como su madre
fueron deificados y adorados en Tebas, sobre todo en Deir el Medina, el poblado de
los trabajadores de la necrópolis real.

Deir el Medina, situada en la orilla occidental de Tebas, al sur de la colina de
Sheikh Abd el Qurna, se construyó a comienzos de la XVIII Dinastía para albergar a
los artesanos que iban a excavar y decorar las tumbas reales. Tutmosis I es el primer
nombre real atestiguado en los monumentos contemporáneos, pero Amenhotep I y su
madre, Ahmose-Nefertari, fueron los dioses patrones del poblado durante todo el
Reino Nuevo y, muy probablemente, desde el momento mismo de la creación del
asentamiento. En el poblado no sólo había centros para el culto de ambos, sino que la
mayor parte de las casas de Época Ramésida contenían en sus habitaciones anteriores
una escena honrando al rey y a la reina. La relación del Amenhotep I y su madre con
la región de la necrópolis, con los soberanos deificados y con el rejuvenecimiento en
general, se transmitió visualmente mediante representaciones de la pareja con la piel
negra o azul, colores ambos de la resurrección. El tercer mes de peret se le dedicó a
Amenhotep (recibió su nombre) y, durante esta época, dentro de Deir el Medina se
llevaron a cabo varios rituales que dramatizaban su muerte, enterramiento y retorno.
No obstante, Amenhotep I fue un dios importante de la región y como tal se
celebraban fiestas en su honor durante todo el año. Es probable que el rey y su madre
se convirtieran en importantes soberanos deificados debido a su relación con el
comienzo del Reino Nuevo y a su actividad como constructores en la orilla occidental
del río.

Los éxitos militares de Amenhotep I y las subsiguientes ganancias territoriales en
Nubia comenzaron a mejorar la economía general de Egipto, mientras que sus
monumentos de templos tuvieron un significativo impacto como símbolos del poder
real. La actividad militar contra los nubios al sur de la segunda catarata tuvo lugar en
torno al año 8, a juzgar por las inscripciones fechadas en los años 8 y 9. Si bien no esposible asegurarlo con certeza, puede que ésta sea la campaña descrita en las tumbas
de Ahmose, hijo de Ibana, y de Ahmose Pennekhbet en Elkab. No obstante, conviene
destacar que las biografías de estos dos hombres proceden de tumbas excavadas con
mucha posterioridad a los acontecimientos que describen en sus paredes, cerca de
sesenta o setenta años después.

Según Ahmose, hijo de Ibana, él mismo fue el encargado de llevar al rey hasta
Kush, donde «su majestad mató al arquero nubio en medio de su ejército» y luego
persiguió a la gente y al ganado (probablemente tierra adentro). Ahmose sería
recompensado después con oro al hacer regresar al rey en sólo dos días desde una
zona llamada Pozo Superior hasta el valle del Nilo. Una estela extremadamente
erosionada dejada en Aniba y con fecha del año 8 menciona que los arqueros (iuntyu)
y los moradores del Desierto Occidental (mentyu) entregaban oro y grandes
cantidades de productos al rey.

Es posible que la estela conmemore en realidad que a la exitosa expedición a Kush siguió una visita oficial de la familia real a una parte segura de la Baja Nubia.

A finales del reinado de Amenhotep I, las principales características de la XVIII
Dinastía ya existían: su clara devoción al culto de Amón en Karnak; sus exitosas
conquistas militares en Nubia, destinadas a extender Egipto hacia el sur en busca de
recompensas materiales; su cerrada familia real nuclear (la cual evitaba reclamar
derechos políticos o económicos sobre la realeza); y el desarrollo de una organización
administrativa formada presumiblemente a partir de familias poderosas y parientes
colaterales, que en este momento estaban asociados sobre todo a las regiones de
Elkab, Edfu y Tebas. No obstante, hasta el momento sólo se ha encontrado un
pequeño número de tumbas de altos funcionarios de los dos primeros reinados.

Monumentos de Amenhotep I

Se ha dicho que Amenhotep I disfrutó de al menos una docena de años de reinado
pacífico, durante los cuales pudo revivir las actividades tradicionales asociadas a la
construcción de monumentos. La apertura de las minas del Sinaí (y la subsiguiente
ampliación del templo del Reino Medio dedicado a Hathor en las minas de Serabit el
Khadim), la extracción de alabastro egipcio en Bosra (en nombre de Ahmose-
Nefertari) y en Hatnub, así como el comienzo de los trabajos de extracción en las
canteras de arenisca de Gebel el Silsila, proporcionaron la mayor parte de la piedra
necesaria para reconstruir el templo de Karnak.

Amenhotep I construyó en varios lugares donde su padre había estado activo: en
Abydos, por ejemplo, erigió una capilla que conmemoraba al propio Ahmose. Tras
sus éxitos en la Alta Nubia, Amenhotep dedicó monumentos en la isla de Sai,
incluida una estatua similar a la de su padre y quizá algún tipo de edificio, a juzgar
por los bloques que se conservan inscritos con su nombre y el de su madre, Ahmose-
Nefertari.

El interés de Amenhotep I en los asentamientos del delta y Menfis está por
confirmar, pero Karnak ocupó un lugar destacado en sus planes. Una amplia
portalada de caliza, en la actualidad reconstruida, estaba decorada con las típicas
escenas del jubileo. Según su inscripción, se trataba de una «gran puerta de 20 codos»
y una «doble fachada del templo». Es posible que en su momento fuera la principal
puerta de acceso meridional, reemplazada posteriormente por el Séptimo Pilono. Al
este, el rey construyó un recinto de piedra en torno al patio del Reino Medio, con
capillas en el interior del muro. Estas mostraban escenas que representaban al rey, la
«esposa del dios» Ahmose-Nefertari y otro personal del templo realizando el ritual
para Amón y dedicando ofrendas a los soberanos de la XI Dinastía. Unos cuarenta o
cincuenta años después, Tutmosis III desmanteló todas estas capillas y las
reconstruyó de arenisca; pero en varios puntos del interior de Karnak se han
encontrado bloques y dinteles con textos de ofrendas. Es probable que junto a la
avenida meridional hubiera una capilla períptera del jubileo de Amenhotep I, de un
tipo similar a la de Senusret I (1956-1911 a.C.), de la XII Dinastía. De hecho, el estilo
de los relieves de Amenhotep I en los monumentos de caliza de Karnak imita de
forma tan decidida al de los artesanos de Senusret I que ha sido difícil asignar un
dueño concreto a algunos bloques.

Resulta evidente que la función de Karnak como lugar para venerar la realeza fue
básica en los planes constructivos de Amenhotep I. Es difícil saber si esta imitación
implicó la celebración de un jubileo real antes de cumplir sus treinta años de reinado
(el tiempo ideal que un rey esperaba antes de su primera fiesta Sed) o si erigió los
monumentos anticipando tres décadas de gobierno. No obstante, son varios los
edificios de Amenhotep I en los que se menciona el jubileo, de modo que resulta
evidente que el rey pretendía reclamar ese honor, del mismo modo que lo hicieron los
grandes soberanos del Reino Medio.

Las jambas de caliza encontradas en los cimientos del Tercer Pilono de Karnak
nos proporcionan una lista de las fiestas religiosas y sus fechas de celebración. El
estudio realizado por Anthony Spalinger de esos bloques ha permitido saber que, por
lo que respecta a su calendario de fiestas, como en la mayor parte de las cosas de
Karnak, a Amenhotep I le influyeron los calendarios de la XII Dinastía. Este
soberano también construyó un santuario para la barca del dios Amón (muy
probablemente) en el patio frontal occidental del templo.

En el otro lado del río, frente a Karnak, Amenhotep I construyó monumentos
funerarios en la zona de Deir el Bahari y, hacia el norte y el este, a lo largo del Mmite
de los cultivos. Edificado con adobe, el monumento de Deir el Bahari se ha
reconstruido de forma teórica con una pirámide; pero in situ sólo se han encontrado
unos cuantos ladrillos con los nombres de Amenhotep I y Ahmose-Nefertari. Hasta el
momento no se ha identificado con certeza ninguna tumba para ninguno de ellos.
Los lugares donde Amenhotep I y su sucesor construyeron edificios pueden estar
relacionados con la cuestión de dónde y cómo se llevaban a cabo las observaciones
astronómicas con propósitos calendáricos (véase el capítulo 1). En algunas ocasiones
se ha alegado que Elefantina debió de contar con un observatorio para estudiar los
ortos helíacos de Sothis y, recientemente, un grafito procedente de Hieracómpolis ha
sugerido que algunas observaciones acaecían en lugares desérticos.

El renovado interés de la XVIII Dinastía por los lugares de culto situados entre Asuán y Tebas
indica un interés similar por los fenómenos naturales asociados a estos cultos, como
la aparición de la estrella-perro Sirio (Sopdet/Sothis), el comienzo de la crecida del
Nilo y los correspondientes ciclos lunares. La existencia de un calendario de fiestas,
recogido en papiro para el reinado de Amenhotep I (verso del Papiro Ebers), plantea
la posibilidad de que el rey deseara rehacer los calendarios más antiguos.