Amenemhat III

El único hijo conocido de Senusret fue Nimaatra Amenemhat III (c. 1831-1786
a.C.). Podría decirse que fue durante este largo y pacífico reinado cuando el Reino
Medio alcanzó su cima cultural. La marca del gobierno de Amenemhat parece haber
sido la consolidación de lo que se había conseguido hasta entonces. Reforzó la
frontera de Semna y amplió alguno de los fuertes. Entre otros trabajos constructivos
figuran numerosos santuarios y templos y la inmensa estructura de Biahmu (en el
noroeste de Fayum), que contaba con dos colosales estatuas sedentes del rey en
cuarcita mirando hacia el lago y que posteriormente sería descrita por Heródoto (2,
149). También construyó un gran templo para Sobek en otro emplazamiento de
Fayum, Kiman Faras (Cocodrilópolis),y amplió el templo de Ptah en Menfis.

Las estatuas que se conservan de Amenemhat III son sorprendentes y se caracterizan
tanto por su originalidad como por su factura, como ocurre con una pequeña cabeza
del soberano que hoy día forma parte de la colección del Museo Fitzwilliam
(Cambridge), uno de los más sutiles y elegantes de sus muchos retratos. Las llamadas
esfinges hyksas y partes de sus santuarios se han encontrado reutilizados en los
templos del Tercer Período Intermedio en Tanis, igual que dos estatuas gemelas de
granito negro del rey con forma de dios del Nilo portando ofrendas de pescado, flores
de loto y gansos, un diseño que posteriormente imitarían soberanos del Reino Nuevo
como Amenhotep III (1390-1352 a.C.).

Muchas inscripciones recogen la actividad minera de Amenemhat III. Sólo en la
región del Sinaí, donde los funcionarios del rey trabajaron de forma casi continua en
las minas de turquesa y cobre, se han identificado cincuenta y nueve grafitos.
También se explotaron las canteras de Wadi Hammamat, Tura, Asuán y varios
lugares de Nubia.Todos estos edificios y la actividad industrial son un símbolo de la
prosperidad que disfrutó Egipto durante este reinado, pero también pudieron haber
agotado la economía; si a esto unimos una serie de malas crecidas del Nilo a finales
del reinado, el resultado fue el declive político y económico. Resulta irónico que la
gran cantidad de asiáticos traídos al país, al parecer para trabajar en las numerosas
construcciones del soberano, pudiera haber animado el asentamiento de los llamados
hyksos en el delta, que terminará por originar el colapso final del gobierno nativo
egipcio.

Antes de la construcción de las presas modernas en Asuán y de la creación del
lago Nasser, la inundación anual de Nilo era crítica para el suministro de alimentos de
Egipto. Los registros de Amenemhat de los niveles de la inundación en Kumma y
Semna, en Nubia, son numerosos, y revelan unas crecidas extremadamente altas
durante una parte de su reinado; la mayor tuvo lugar en el año 30, cuando alcanzó 5,1
metros. Sin embargo, esta tendencia se invirtió de forma extrema, de modo que en el
año 40 el nivel era de sólo 0,5 metros. Semejantes fluctuaciones tendrían un efecto
desestabilizador en la economía. Como Fayum es el único oasis de Egipto que
depende del río, su sistema de irrigación necesitaría de las aguas de la crecida, lo que
quizá explique el gran interés del rey en los niveles de la inundación.

También es probable que las crecidas del Nilo fueran escrutadas de cerca para evitar posibles
daños en el norte. Amenemhat III mantuvo el programa hidráulico de Fayum y
posteriormente llegaría a ser adorado allí como Lamares, el dios de la zona; pero
como sucede con Amenemhat II, no está claro qué parte de los trabajos hidráulicos se
realizaron durante su reinado. Su deificación pudo haber tenido lugar en una fecha
tan temprana como el comienzo del reinado de su sucesor, la reina Sobekneferu; pues
ésta tenía mucho que ganar con la deificación de un hombre que posiblemente fuera
su padre.

Amenemhat construyó su primera pirámide en Dashur, pero como sucediera con
la Pirámide Romboidal de Esnefru (IV Dinastía), parece que durante la construcción
aparecieron fracturas en el edificio. La pirámide terminada constaba de un núcleo de
ladrillos de adobe revestido por una capa de caliza (en la actualidad desaparecida); su
piramidión de piedra se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo. En la zona
suroccidental de la pirámide, dentro de dos corredores recientemente descubiertos, se
encontraron los restos de la reina Aat y de otro miembro femenino de la realeza. Sus
criptas contaban con entradas independientes por fuera de la pirámide, un detalle que
habría permitido acceder a ellas una vez que se hubiera sellado aquélla. El sarcófago
de la reina Aat es idéntico al del rey.

Cada una de las cámaras funerarias de las reinas en Dashur cuenta con su propia
«cámara ka», donde se colocaron los vasos canopos. Se trata de un tipo de habitación
funeraria que antaño fue privilegio de los reyes, por lo que probablemente se trate de
un aspecto bastante especializado de la llamada democratización de la otra vida
(véase la sección sobre religión más adelante); es posible que estas capillas
representen nuevas creencias respecto a la otra vida de las mujeres de la realeza. Sus
corredores estaban comunicados con el del rey y, de no haber sido por los fallos
estructurales aparecidos, hubieran compartido la tumba con él.

El lugar definitivo de reposo del rey se encuentra en Hawara, en el sureste de
Fayum. Su monumento más conocido es el templo mortuorio conectado a la
pirámide, que puede haberse parecido al patio de la fiesta Sed del complejo piramidal
de Djoser en Sakkara. Debido a sus numerosos pasillos y habitaciones, el templo de
Hawara llegó a conocerse como «el Laberinto». A pesar de que seis escritores
clásicos lo describen, incluidos Heródoto (2,148-149), Estrabón (17.1.3,37,42) y
Plinio (Historia natural, 36, 13), ningún detalle de su planta resulta coherente, ni
siquiera tras la prospección realizada por Petrie en 1888; por lo tanto, los esfuerzos
para reconstruir su apariencia original han resultado infructuosos.

La cámara funeraria de Amenemhat en Hawara fue pensada en un primer momento para ser
compartida con la princesa Neferuptah, quien probablemente fuera su hermana; pero
posteriormente ésta fue trasladada a una pequeña pirámide separada, situada a unos
cuantos kilómetros de distancia (en la actualidad casi por completo destruida por los
saqueadores de piedra y las aguas subterráneas). La importancia de Neferuptah, tanto
durante su reinado como tras su muerte, unida a los privilegios que le fueron
concedidos tanto a ella como a las dos reinas de Dashur, sugiere que durante la XIII
Dinastía las mujeres de la realeza gozaron de una mayor categoría.