Ahmose

Ahmose, hijo de Ibana, describe una serie de combates en Avaris, pero, como no
sabemos cuánto duró la campaña desde el asedio hasta el ataque, su descripción
puede narrar acontecimientos repartidos a lo largo de varios años. El sencillo estilo
narrativo sugiere sin duda que los acontecimientos se describen en orden cronológico.
Si así lo consideramos, podemos reconstruir la campaña como sigue: Ahmose, hijo de
Ibana, es miembro de los soldados del barco Septentrional (quizá el navío del rey),
que encabeza la flota de combate. Llegan a Avaris y, tras una batalla, el rey comienza
el asedio. Mientras éste continúa, el ejército lucha para pacificar la región
circundante. Ahmose, hijo de Ibana, es trasladado a un nuevo barco, apropiadamente
llamado Amanecer en Menfis, y lucha en las aguas de Avaris matando a un enemigo.
Participó en otros dos combates, uno «de nuevo en este lugar» —presumiblemente
Avaris— y otro al sur de la ciudad. Sólo tras estas escaramuzas informa
lacónicamente: «Avaris fue saqueada y traje botín de allí: un hombre, tres mujeres
[…] su majestad me los dio como esclavos».
Como Josefo considera que los hyksos fueron los fundadores de Jerusalén, su
versión de Manetón incluye un detallado relato de los acontecimientos que siguieron
tras su expulsión de Egipto a manos de Ahmose. Del asedio de Avaris dice: «[Los
hyksos] rodearon [Avaris] con una alta y fuerte muralla para salvaguardar todas sus
posesiones y botines. El rey egipcio intentó obligarlo a rendirse mediante un asedio,
bloqueando la fortaleza con un ejército de 480.000 hombres. Finalmente,
abandonando desesperado el asedio, firmó un tratado mediante el cual todos ellos
debían salir de Egipto».
Las pruebas procedentes de la propia Avaris tienden a confirmar la imagen de que
tras la victoria de Ahmose se produjo un éxodo masivo más que una matanza. Entre
el último estrato hykso y el primero de la XVIII Dinastía se aprecia una clara
interrupción cultural en todo el yacimiento, sobre todo por la aparición de un nuevo
repertorio cerámico. El mismo fenómeno ocurre en Menfis (véase más arriba). Tras la
interrupción no existen pruebas de ninguna ocupación continuada por parte de gente
con una cultura mixta egipcia/Bronce Medio y en algunos puntos del yacimiento la
ocupación cesó por completo. Por otra parte, el culto a Seth, que guardaba las
características de un dios sirio de las tormentas, continuó e incluso aumentó durante
el Reino Nuevo. El último estrato hykso, como ya hemos visto, se corresponde con la
mayor expansión de la ciudad y la construcción de inmensas fortificaciones
defensivas. Esta pudo haber tenido lugar a comienzos del reinado de Khamudi, pero
no fue suficiente. Parte de la explicación de la derrota hyksa podemos encontrarla en
una prueba que sugiere que, en la época del asalto final tebano, el ideal de una élite
guerrera entre los hyksos ya no se correspondía con la realidad. Las hachas de batalla
y las dagas del estrato D/3 eran de cobre sin alear, mientras que las armas de los
estratos más antiguos eran de bronce, que produce un filo mucho más cortante. Se ha
sugerido que ha de descartarse la posibilidad de una interrupción en el suministro de
estaño y que la explicación reside más bien en el cambio de función de las armas, que
dejaron de ser objetos prácticos para convertirse en objetos de lucimiento y categoría
social. En cambio, durante este mismo período las armas del Alto Egipto estaban
hechas de bronce, lo que habría dado a los tebanos una clara ventaja en la lucha
cuerpo a cuerpo.
Es una creencia generalizada que los hyksos introdujeron el caballo y el carro en
Egipto, puesto que no existen pruebas firmes de la presencia de ninguno de ellos
durante el Reino Medio y, sin embargo, sí están presentes a comienzos de la XVIII
Dinastía. Hasta el momento, en Tell el Daba no hay restos de carros y las pruebas
respecto a la presencia de huesos de caballos no son concluyentes. No obstante, un
esqueleto completo encontrado en un contexto de finales del Segundo Período
Intermedio en Tell el Habua ha sido identificado positivamente como de caballo. Los
textos de Kamose mencionan los caballos del enemigo y los equipos de carros de
Avaris como parte del botín de Kamose y quizá ésta sea la explicación de su
introducción en el Alto Egipto. En los relieves de Ahmose en Abydos aparecen
caballos sueltos y caballos unidos a carros; además, los carros no son simples
prototipos, sino perfectamente comparables a los presentes en el templo mortuorio de
Tutmosis II.
A pesar de la derrota de los hyksos, el alarde de Hatshepsut, que afirma: «He
desterrado la abominación de los dioses y la tierra ha borrado sus huellas» ha
quedado desmentida gracias al meticuloso trabajo de Bietak y su equipo en Tell el
Daba.

Reunificación de Egipto

El saqueo de Avaris fue sólo el primer paso de una serie de campañas necesarias
para asegurar la unificación de Egipto. La secuencia de acontecimientos no está
umversalmente aceptada, pero según el relato de Ahmose, hijo de Ibana, a la
campaña de Avaris le sucedió una campaña en el sur de Palestina, durante la cual se
conquistó Sharuhen. Desconocemos si el objetivo era destruir lo que quedaba de los
hyksos o explotar el vacío de poder dejado por éstos para penetrar en Palestina e
incluso tan al norte como el Líbano. Hay referencias posteriores a la importación de
cedro libanes y bueyes de «Fenekhu» (un término que se cree que hace referencia a
Fenicia). Ahmose, hijo de Ibana, continúa: «Ahora, cuando su majestad había
masacrado a los nómadas de Asia, navegó hacia el sur hasta Khent-hen-nefer (pasada
la segunda catarata) para destruir a los arqueros nubios». Tenemos confirmación de
que el rey Ahmose restauró (si es que ello era necesario) el control egipcio sobre
Buhen, porque una jamba le muestra realizando junto a su madre ofrendas a Min y
Horus (de Buhen) y menciona a un comandante de Buhen llamado Turo.
Después de regresar de Nubia, Ahmose tuvo que hacer frente a dos alzamientos.
El primero fue un motín menor, en el que un personaje no egipcio llamado Aata
(posiblemente un nubio) llevó al Alto Egipto desde el norte una pequeña fuerza. Es
posible que no se tratara más que de una incursión en busca de botín, puesto que Aata
no buscó enfrentarse al ejército del rey. Fue encontrado y derrotado, y tanto él como
sus hombres fueron capturados vivos, acción por la que Ahmose, hijo de Ibana,
recibió como recompensa dos guerreros jóvenes. Si asumimos que Aata era nubio y
dado que había nubios de Kerma sirviendo en el ejército en Avaris y
Menfis y que disponían de riqueza suficiente como para tener enterramientos
importantes, no resulta inverosímil que un grupo de ellos hubiera intentado
aprovechar la presencia del rey en Nubia para realizar una incursión de saqueo en el
Alto Egipto.
El segundo alzamiento tuvo un carácter diferente. Estuvo encabezado por un
egipcio, Teti-an, quien «reunió en torno a sí a los descontentos; su majestad lo mató;
sus tropas fueron exterminadas». La seriedad de esta rebelión queda demostrada por
la severidad del castigo. Que los descontentos fueran aquéllos que hasta entonces
habían servido al rival de Ahmose, el rey de Avaris, es sólo una posibilidad. Los
últimos cinco años del reinado de Ahmose estuvieron dedicados a un enorme
programa constructivo en los grandes centros de culto (Menfis, Karnak, Heliópolis y,
sobre todo, Abydos), además de en las fronteras septentrional y meridional de Egipto,
Avaris y Buhen.
El primer estrato de la XVIII Dinastía en Tell el Daba ha producido hallazgos
extraordinarios, incluso para este yacimiento único. En el período inmediatamente
posterior al saqueo, las fortificaciones y el palacio del rey hykso se destruyeron de
forma sistemática. Ahmose los reemplazó con fortificaciones y edificios palaciegos
similares y de vida igual de corta, que en la actualidad sólo se pueden reconstruir
estudiando sus cimientos y los fragmentos de las pinturas murales encontrados en los
vertederos creados cuando los edificios se nivelaron. Las pinturas murales son
minoicas en su estilo, técnica y motivos, pero los especialistas en el mundo egeo
todavía no se han puesto de acuerdo en si fueron artistas minoicos quienes las
realizaron o egipcios que los imitaban. Se han encontrado cientos de fragmentos, pero
en muy malas condiciones, por lo que serán necesarios años de restauración y estudio
antes de que puedan evaluarse por completo. No obstante, su presencia en un
contexto anterior en cien años a las primeras representaciones de cretenses en las
tumbas tebanas y más antiguo que los frescos conservados de Knossos, cuya temática
comparten, ha revolucionado las ideas preexistentes respecto a las relaciones entre
Egipto y Creta.
Uno de los edificios de donde proceden es un palacio real y la única construcción
comparable de la época es el palacio norte de Deir el Bailas. Las escasas pinturas
murales conservadas en el mismo son por completo diferentes, están pintadas en un
estilo sencillo, similar al de las pinturas de las tumbas contemporáneas. Los frescos
de Tell el Daba parecen deberle poco a la tradición de las pinturas murales egipcias,
que se remonta al Reino Antiguo. Por analogía con los frescos de Knossos, puede que
se realizaran con un propósito ritual y están llenos de referencias simbólicas al culto
del soberano cretense. Saltadores de toros y acróbatas, asociados a motivos como
cabezas de toro y laberintos, pertenecen por completo al mundo egeo. Las diferentes
escalas de los frescos, su temática y el color del fondo indican que se trataba de un
esquema decorativo extremadamente complejo, que se extendía a lo largo de varios
edificios. En Tell Kabri, Palestina, han aparecido otros frescos, menos complejos y
más claramente imitaciones del estilo minoico. Uno de los rasgos más
desconcertantes de los de Tell el Daba es que aparecen en un vacío. Hay una pequeña
cantidad de cerámica Kamares cretense, pero aparece en estratos de comienzos de la
XIII Dinastía y no hay continuidad entre los edificios o los objetos que contienen y el
estrato de los frescos. Lo más extraño de todo es que no hay objetos cretenses
asociados a los propios frescos o al estrato del que proceden.
El descubrimiento de los frescos ha vuelto a sacar a la palestra las viejas ideas,
desechadas hasta ahora, de que Ahmose era aliado de los reyes de Creta y pudo haber
tomado como esposa a una princesa cretense. Las pruebas esgrimidas son un grifo de
estilo minoico presente en un hacha de Ahmose y el hecho de que Ahhotep, la madre
del rey, tuviera el título de «señora de Haunebut», que en principio se pensó que se
refería a las islas de Grecia, si bien hace poco se ha sugerido que se trata de una
interpretación inverosímil. No obstante, los frescos demuestran que los minoicos
estuvieron presentes en Tell el Daba, ya fuera como artistas o como supervisores de
los artistas egipcios.
La cuestiones planteadas por los frescos conducen de manera irremediable a otro
problema, la fecha de la erupción del volcán de Thera, puesto que los mejores frescos
encontrados hasta la fecha son los que proceden de esta isla de las Cicladas, donde se
conservaron sellados bajo las capas de lava. La erupción es un acontecimiento clave
para relacionar entre sí y con una cronología absoluta las secuencias cronológicas del
Egeo y del Mediterráneo oriental. Se ha invertido mucho esfuerzo en intentar
identificar este acontecimiento en las fuentes egipcias para datarlo en años de
reinado. Las referencias a tormentas que aparecen en el Papiro Rhind y una estela de
Ahmose donde se describe un destructivo acontecimiento se han incorporado a la
argumentación, pero la prueba más reveladora hasta ahora procede de Tell el Daba.
En estratos del asentamiento fechables en el período que va desde el reinado de
Amenhotep I hasta el comienzo del de Tutmosis III se ha encontrado piedra pómez
que los análisis identifican como originada por el volcán de Thera. No obstante, la
piedra pómez procede de un taller, donde era utilizada como materia prima y su
contexto sólo proporciona un terminus ante quem, pues la piedra pómez puede haber
sido recogida en un momento anterior en algún lugar como la orilla del mar, donde
puede que llevara mucho tiempo. No toda la piedra pómez procede de Thera: la
fuente de al menos una de las muestras ha sido identificada como una erupción en
Turquía que tuvo lugar hace más de cien mil años. Es interesante que hasta el
momento no se haya encontrado piedra pómez en los primeros estratos de Tell el
Daba y que no se haya encontrado ningún resto de ceniza (producida por la erupción).
Utilizando varias fuentes diferentes, incluyendo datos procedentes de núcleos de
hielo y anillos de árboles, donde en ocasiones condiciones atmosféricas
excepcionales pueden ponerse en relación con acontecimientos históricos, se ha
sugerido que la erupción de Thera tuvo lugar en 1628 a.C. Se puede considerar que
las pruebas procedentes de Tell el Daba apoyan la fecha tradicional de c. 1530 a.C.
(durante el reinado de Ahmose); pero se necesitan muchos más estudios para poder
clarificar los datos científicos y, por el momento, la cuestión ha de quedar en
suspenso.
El reinado de Ahmose terminó no mucho después de su reconquista de Egipto.
Muchos proyectos constructivos quedaron sin terminar, pero los beneficios de la
unificación eran evidentes. Los delicados objetos presentes en los enterramientos
reales y las listas de donaciones a los dioses de Tebas atestiguan una riqueza y
habilidad artística crecientes. Los pocos fragmentos de relieves procedentes de
Abydos, llegados hasta nosotros tras sobrevivir a la depredación de los canteros
ramésidas, demuestran que el estilo que fácilmente reconocemos como XVIII
Dinastía ya había aparecido a finales de su reinado.