Al norte de Saqqara, a 2,5 km aproximadamente de la pirámide escalonada de Zoser, descubrimos un paraje dotado de arrobador encanto pese a las degradaciones sufridas: frecuentado antaño por especialistas, Abusir ha sido dispuesto recientemente para
acoger más visitantes y ésta es la razón por la que figura en esta breve guía. En Abusir, Egipto se habían edificado catorce pirámides. Las cuatro principales estaban destinadas a faraones de la V dinastía que tomaron el título de sa Ra, «Hijos de Ra», es decir, «Hijos del Sol».

Los tres primeros reyes de esta dinastía debieron su nacimiento a la intervención del propio Ra, que pidió a varias divinidades que apresuraran la liberación de la dama Red-jedet cuyo parto se anunciaba difícil. Gracias a esta protección de la luz divina, dio a luz a tres reyes para que ejercieran «la fulgurante y benéfica función de Faraón en el país entero».

Userkaf

El primer monarca de la dinastía, Userkaf, tenía una carne del color del oro, cabellos de lapislázuli, fuertes huesos y medía un codo (0,52 m) al nacer. El conjunto piramidal mejor conservado es el de Sahure cuya pirámide se denomina «el ba de Sahure aparece glorioso». Este ba es el alma-pájaro del rey, símbolo de su capacidad para emprender el vuelo hacia el cielo y manifestarse, alimentado de luz, como vencedor de la muerte.

Partamos del templo de acogida, en el linde de los cultivos, subamos por la calzada de la que todavía quedan algunas piedras y penetremos en el templo alto, al que se accede por un corredor bordeado de muros que tenían en su origen tres metros de altura. Desemboca en un patio enlosado de basalto negro donde se levantaban unas columnas de granito. Es uno de los lugares donde mejor se percibe la sinfonía de los colores de piedra, alabastro y caliza blancos, granito rojo y negro, basalto negro. Un alquimista no
podría evitar pensar en los colores de la obra animados por el fuego solar.

Este templo comprendía capillas y hornacinas para las estatuas, y todavía es posible distinguir el arranque de una escalera y un dispositivo de evacuación de aguas. Hay que imaginarse gran número de bajorrelieves admirables, una pequeña parte de los cuales ha sobrevivido, como la procesión que se conserva en el Museo de El Cairo, donde se ve a los Nilos con el cuerpo recorrido por olas fertilizantes.

Sahura

Existían, según se estima, unos 10.000 m2 de motivos esculpidos a los que los últimos destrozos provocados en el siglo XIX asestaron fatales golpes. Con estas representaciones y con los textos, el faraón Sahure aseguraba la victoria de la luz sobre las tinieblas, derribaba a sus enemigos, las fuerzas del desorden, era amamantado por una diosa que le ofrecía la energía celestial y navegaba hasta el maravilloso país de Punt, la tierra divina perfumada por el incienso.

Hoy por hoy, es imposible penetrar en esta pirámide cuyo recorrido interior es simple: entrada por el norte, breve descenso, puerta de granito, corredor ascendente que lleva hasta la cámara de resurrección dominada por tres grosores de colosales losas dispuestas en espiga. Varios bloques parecen a punto de derrumbarse y uno sueña con una futura restauración.

Ptah

Las demás pirámides del paraje están, por desgracia, muy deterioradas, pero puede visitarse la mayor mastaba conocida hasta la fecha: la del maestro de obras Ptah-chepses, visir, único amigo, jefe de los secretos y constructor de la pirámide de Sahure junto a la que vive su eternidad. Se trata de un verdadero laberinto de salas cuya decoración fue arrancada y desvalijada. En el vasto patio de veinte pilares se ha conservado, sin embargo, la imagen de este gran personaje, con su bastón de función.

Si tomamos el corredor descendente que lleva a la cámara de resurrección, actualmente al aire libre, podremos contemplar los hermosos sarcófagos de tierra destinados al maestro de obras y a su esposa. Destaquemos también la pirámide de una reina notable, Khenet-kaus, «La que preside sus poderes creadores». Esposa del faraón Neferirkaré, cuya pirámide se encuentra junto a la suya, gozó de una monumental morada de eternidad porque velaba sobre los kau reales, y tal vez porque ella misma fue faraón.

Abu Gurab

Siguiendo hacia el norte, a través del desierto, pasaremos cerca de las ruinas del templo solar de Userkaf, el fundador del paraje, y descubriremos en el lugar llamado Abu Gorab el de Neuserré, cuya pirámide se levantaba en Abusir. Allí es posible admirar un extraordinario altar de alabastro de 6 m de lado, milagrosamente preservado en un gran patio (75 x 100 m). En un solo bloque se han unido cuatro mesas de ofrenda (en forma de signo jeroglífico hotep, es decir un pan puesto sobre una estera), correspondiendo cada una de ellas a un punto cardinal.

Así, el universo entero se hace ofrenda. En ese lugar, «el deseo del corazón de Ra», se creó un conjunto arquitectónico: templo de acogida, calzada que ascendía a un pequeño templo alto incrustado en un recinto que protegía el gran patio en cuyo extremo se levantaba un obelisco erigido sobre un zócalo, símbolo de la colina primordial que apareció en el nacimiento del mundo. Frente a este rayo de luz petrificado se celebraba un culto al aire libre que tenía como centro el altar de alabastro.

Para llegar al zócalo hay que subir una escalera en espiral cuyas losas de cubierta se adornaban con estrellas. Una sala estaba decorada con espléndidos bajorrelieves que evocaban las actividades agrícolas y la vida de los animales durante las tres estaciones del año egipcio (algunas escenas se conservan en el Museo de Berlín). Nada profano hay en esta descripción, pues se trata de sacar a la luz la naturaleza sacralizada por la gracia de Ra y portadora de su enseñanza. La armonía terrestre, en resonancia con las leyes celestiales, se volvía real.