Abidos

A 560 km al sur de El Cairo en Egipto, descubrimos el paraje de Abidos, capital de la provincia de Ptah-ur, «la gran Tierra, la Tierra primordial». Esta ciudad, que no tuvo relevancia económica, poseyó siempre un carácter sagrado. Allí se edificaron las tumbas, reales o simbólicas, de los faraones de la I dinastía. Sólo quedan fosas carentes de superestructura, si bien recientes excavaciones han permitido sobre todo recuperar lo que parece ser los primeros rudimentos de la lengua jeroglífica.

El primer señor del lugar era Khenty-imentiu, «Aquél que está a la cabeza de los occidentales», con el que se identifica a Osiris, cuya tumba había sido confundida por los propios egipcios con la del rey Djer. Según el mito que enseñan los textos egipcios y que completó Plutarco, Osiris era el rey de la edad de oro que reveló a los egipcios todo cuanto era útil para vivir en armonía. Por celos, su hermano Seth decidió asesinarle y dispersar las partes de su cuerpo.

Isis

La esposa de Osiris, Isis, emprendió una larga búsqueda para reconstruir los miembros dispersos y devolverle la vida a su marido. De este amor más allá de la muerte nacerá un hijo, Horus, «El que se cuida de su padre». Subirá al trono de Egipto y será el protector de cada faraón. Para vencer a la muerte, todo ser debe convertirse en un Osiris y revivir las etapas de su «pasión». En el Imperio Medio se evoca una peregrinación a Abidos que era en realidad una navegación simbólica de las almas hasta el templo de Osiris.

Numerosas personalidades se hicieron representar para la eternidad mediante estelas levantadas cerca de «la escalera del gran dios» o mediante capillas. En Abydos se celebraban los «misterios de Osiris», una parte de los cuales era pública y otra secreta. Durante la primera se asistía a un combate entre los partidarios de Osiris y los de Seth. La segunda se consagraba a las fases de la resurrección del dios.